CAMBIO ESTRUCTURAL, GLOBALIZACION Y DESARROLLO EN SOCIEDADES MULTIETNICAS[1].

 

Roberto Santana

 

Las reflexiones que siguen están destinadas a escrutar qué tipo de coherencia puede imaginarse entre los vastos temas propuestos en el título acordado a estos comentarios, haciendo alusión sea a la coyuntura de Chiapas, sea a la coyuntura guatemalteca y teniendo en mente, mas allá del cambio de escala geográfica, lo que hay de común y lo que hay de diferente en ambas realidades. Lo que hay de común puede ser objeto de un vasto panorama pero para nuestro propósito lo esencial está en el carácter multi-étnico de las dos realidades y la incapacidad del Estado para producir el desarrollo y la integración del campesinado indígena. Lo que hay de diferente: una situación de conflicto y de violencia regional (Chiapas) versus un clima nacional de pacificación y de reconciliación (Guatemala).

 

Hay tres dominios que me parecen indicados para hacer este ejercicio: el Estado, el modelo de desarrollo y las élites regionales en su relación al cambio social, la evolución de los campesinos indígenas bajo las políticas públicas tradicionales y las perspectivas de las sociedades indígenas en la globalización.

 

Chiapas, una región "cautiva" del modelo industrializante de sustitución de importaciones.

 

Lo que llama la atención  en las discusiones acerca del conflicto regional en Chiapas y las posibilidades de salida de crisis es que parece haberse olvidado la significación profunda que tuvo en términos territoriales el modo de desarrollo del capitalismo en México en el contexto del modelo industrializarte por sustitución de importaciones que duró casi medio siglo Así, la tendencia mas general de los observadores y estudiosos de Chiapas, en particular de la cuestión indígena, es a "diabolizar" al Estado mexicano (federal), acusado de haber sido incapaz de asegurar la integración social de las poblaciones indígenas campesinas, así como también de haber sido incapaz de promover el desarrollo económico de la región. Talvez tengan razón, pero es una razón a medias y sobre todo es una razón que nos impide ver las puertas de salida hacia una nueva dinámica regional y una nueva perspectiva para los campesinos indígenas.

 

Si volvemos al modelo de desarrollo que periclita en México en los años 80 y que en Chile fue abandonado en los años 70, podemos talvez entender mejor el porqué del subdesarrollo regional (con su secuela de desempleo y subempleo), así como también aquello de la "continuidad de los rasgos coloniales"[2] en las élites chiapanecas principalmente en Ocosingo, Comitán y San Cristóbal, o la "renovación sin renovación de las élites" de Chiapas de que habla Henri Favre[3]. Este tipo de de desarrollo "frustrado" o de no-desarrollo tiene apenas que ver con la buena o mala voluntad del Estado Federal y del gobierno chiapaneco: tiene que ver fundamentalmente con la escasa acumulación capitalista del modelo macro-económico, que limitaba sus capacidades redistributivas.

 

Yo me atrevería a decir que el Estado mexicano (considerado en sus dos escalones) "hizo lo que podía" entre los años 30 y y la década del 80, tanto en términos de desarrollo económico como de gestión política de la entidad. Lo que "pudo", pudo seguramente haberlo hecho mejor…

 

Es fácil imaginar que al interior del modelo de industrialización "pesada" y de la fabricación de manufacturas finales para el mercado interno, Chiapas no podía pretender sino a un "estatuto marginal" debido a su localización descentrada y periférica en relación a los grandes centros metropolitanos que iban a tener la prioridad en las inversiones cuyo monopolio estaba en manos del Estado, único “Gran Inversionista”. Desde el punto de vista redistributivo a nivel territorial, Chiapas no podía estar sino en la "periferia de las periferias" a despecho del discurso nacional-populista del Estado central acerca de su rol de garante del igualitarismo social y de su voluntad frecuentemente expresada de eliminar las desigualdades regionales.

 

Si en un primer período del régimen nacionalista, los recursos naturales del estado chiapaneco no representaron un interés inmediato -su explotación vendría mucho mas tarde-, no por eso el Estado federal se desentendió de Chiapas y muy por el contrario tuvo un máximo interés en asegurar su soberanía sobre ese territorio de adquisición históricamente tardía. Pero esta afirmación de soberanía la pudo ejercer a bajo costo pactando el ejercicio del poder con los herederos de las aristocracias coloniales según un esquema próximo del funcionamiento de los reinos medievales y sus señoríos locales, es decir mediante una suerte de mecanismo de tácita "cesión de potestad" o de "delegación informal" del poder en favor de las élites locales. Allí habría que buscar la explicación del escaso dinamismo de las transformaciones estructurales y del cambio social en la región chiapaneca..

 

Por arte de esta alianza implícita, Chiapas pasa a constituir una región "cautiva" al interior de la federación, sin posibilidades de recibir grandes inversiones provenientes de las arcas fiscales y cerrada a los intercambios internacionales, todos monopolizados por el Estado central. La élite regional se mostrará inapta a negociar los intereses chiapanecos de otra manera en interés de una construcción territorial mas activa. El Estado federal iba a circunscribirse entonces a la práctica de una "política menor" en términos del desarrollo, siguiendo las posibilidades dejadas por la lógica del modelo concentrador de industrialización nacional, invirtiendo en actividades de poca incidencia sobre el desarrollo de una indispensable nueva estructura productiva regional: explotación petrolera (localización puntual y escaso empleo local), energía eléctrica (no pago de derechos de explotación al estado federado, empleo local casi nulo), infraestructura vial (al servicio de los grandes trabajos públicos, empleo masivo pero transitorio). La emergencia de una actividad agrícola-ganadera moderna en algunas zonas parece ser menos del resorte oficial que de la iniciativa privada, como ocurre también con el mas reciente desarrollo de un cierto turismo y de los servicios ligados.

 

El otro dominio de aplicación de la política oficial tiene que ver con la población indígena de los Altos y aquélla de la Selva Lacandona. La gestión de la "política menor" se caracterizó en los Altos por una voluntad de parte del gobierno federal de conservar un poder clientelístico, asumiendo un rol simbólico de "padre protector de indios" (política de "indianización" en los Altos, desde los años 80). En la Selva Lacandona, su papel se limitó a practicar una especie de "goteo del reparto agrario" combinado con golpes de autoridad, entre los cuales destaca la creación de la llamada "Comunidad Lacandona" que desconocía los derechos de ocupación de una numerosa población inmigrante. Es en este rol de interlocutor directo que asume el Estado en relación a los indígenas donde mas claramente la acción federal parece haberse sustituido a la política local de las élites, lo que podría explicarse por la conflictividad interétnica latente o declarada que exigía la presencia de un mediador para salvaguardar el funcionamiento del sistema de "delegación informal" del poder. Pero al mismo tiempo, es también aquí donde la acción oficial mostrará mas claramente su debilidad, justificando las críticas hechas desde todos los ámbitos (ineficiencia, corrupción, falta de pluralismo, discriminación, verticalismo autoritario, violencia policial…). Es en este dominio en particular que la política oficial puede ser tachada de fracaso completo.

 

Las élites locales chiapanecas no han tenido y no tienen estrategia propia de desarrollo: se habían arreglado históricamente con los representantes del gobierno federal (en un doble movimiento de incrustación en el sistema de poder institucional y de captación social de sus personeros) y supieron o pudieron guardar el poder hasta la crisis de los 80 y 90. Chiapas había capitalizado muy poco, su estructura productiva y la urbanización eran poco desarrolladas, las fracciones modernizantes de las élites eran muy débiles como para imponerse a la inercia de las fracciones tradicionales y el proceso de descomposición y diferenciación del campesinado indígena aparecía notablemente neutralizado. Todo ello en un cuadro de fuerte expansión demográfica y de agotamiento del mecanismo del "reparto agrario" como válvula de escape para aliviar la tensión hombre/tierra en las áreas indígenas.

 

La crisis tenía que hacerse visible y estallar en la misma medida en que la capacidad redistributiva del Estado se había agotado en los años 80. Las élites locales pierden la capacidad de gobernar por otros medios que no sean la violencia política y de cierta manera ponen en peligro la soberanía del Estado mexicano sobre la región…El modelo de industrialización por sustitución de importaciones, había permitido en Chiapas "lo que era posible" en términos de desarrollo capitalista. Y tal vez el reproche principal que se pueda hacer al Estado central es el de no haber contribuído con los recursos que poseía a la constitución en la Selva Lacandona de una sociedad campesina firmemente asentada -en base a recursos naturales mas ricos que en los Altos-, dotada de los medios materiales para asegurar una explotación racional de sus recursos y una articulación fácil a los mercados, ayudada para desarrollar sus capacidades organizacionales y crear sus propias ventajas "competitivas". A falta de ello, la precariedad, la inseguridad y la angustia de los colonos por el futuro iban a canalizarse en la adhesión a la  búsqueda violenta de soluciones…

 

Es claro que el Estado central y las élites no pueden ser históricamente desculpabilizados de una responsabilidad relativa, pero ellos no eran mas que los actores subordinados de un orden económico internacional impuesto, que encontraba por lo demás  su anclaje y su justificación en prácticas y discursos que terminaron por conformar toda una cultura del estatismo, cuya influencia ha pesado y pesa todavía considerablemente sobre los espíritus, incluso sobre la producción en ciencias sociales.

 

A este estadio de la disertación, es difícil resistir a la tentación de hacerse un par de preguntas, aún a riesgo de escandalizar a nuestro amigos historiadores: ¿ Y si la historia de Chiapas hubiera sido otra? Si el movimiento "mapache" (de los finqueros y de sus aliados), del cual habla Pérez Mota[4], hubiera en su época combatido con una estrategia de autonomía regional y de formación de un Estado independiente, o en su defecto por un estatuto político especial al interior de la Federación, en el sur de México? Podría imaginarse, en este ejercicio paseísta de simulación, que Chiapas habría desarrollado su propio modelo de industrialización y de urbanización, habría desarrollado su propia área metropolitana, y modificado considerablemente la relación urbano-rural. La región habría gozado de su propia apertura hacia el exterior y por lo mismo habría podido beneficiarse directamente de la cooperación y de los capitales externos…

 

La cuestión planteada si bien no es pertinente para la representación de la historia "real", adquiere una significativa pertinencia en la época de la globalización: el nuevo desarrollo de la economía-mundo significa la relativización de las relaciones centro-periferia, las periferias se desplazan y los centros también, los bloques hegemónicos se mueven, lo territorial adquiere otras dimensiones[5]. Sobre un punto creo que todos estaremos de acuerdo: hoy no importa qué lugar o espacio en el mundo puede ser tocado por la "varita mágica" de la internacionalización de la economía, a condición que el juego sea de "fronteras abiertas" y que los territorios de los estados queden efectivamente expuestos a la internacionalización.

 

La globalización[6], con la internacionalización de la economía que la acompaña (el libre comercio, la libre circulación de los capitales, los nuevos rubros de actividad), podría significar que Chiapas deje de ser una región "cautiva" a condición que los actores regionales se armen de la capacidad para la coordinación de sus intereses y para imaginar estrategias consensuadas de transnacionalización. Hay dos aspectos que inciden en la escasa importancia acordada a la apertura regional a las nuevas perspectivas: de una parte, la existencia del conflicto o si quiere de la "guerra larvada" y, de otra, la insistencia en centrar todo el debate sobre la internacionalización de la economía en torno al TLC. Lo primero, significa que Chiapas está clasificado en el ranking mundial de "zonas de riesgo" para el capital en uno de los últimos lugares (región no fiable por falta de estabilidad política y baja seguridad); lo segundo, quiere decir que el horizonte en que se despliega la reflexión sobre la internacionalización de la economía es limitado, puesto que la economía-mundo es mucho mas vasta que los Estados Unidos y para Chiapas mas importante que el comercio es atraer capitales de inversión que contribuyan a transformar la economía regional. La extraversión de la economía chiapaneca es un proceso que no admite demoras y sus potenciales asociados económicos están por todo el mundo...

 

La posibilidad en el corto y mediano plazo de jugar a las aperturas hacia lo internacional son bien diferentes en Chiapas y en Guatemala.

 

En Guatemala, la pacificación del país se ha ido imponiendo progresivamente a partir de los acuerdos de paz, los actores políticos y sociales deciden así dar prioridad a la carta de la conciliación y de la búsqueda del consensus. El campo político nacional se ha modificado sensiblemente: emergencia de nuevos actores y de nuevas problemáticas: procesos de recomposición en la izquierda, emergencia de un movimiento indígena centrado en el reconocimiento de la identidad, movimiento por los derechos de las mujeres, movimiento por la defensa del medio ambiente, etc. El período está volcado, no sin oposiciones testarudas, mas bien a la reconstrucción de la economía y del tejido social, una dinámica de nuevas articulaciones y nuevas alianzas gana a los diferentes actores, donde muchos buscan reposicionarse en vista de proyectos constructivos. La apertura hacia el exterior está marcada por el retorno de la cooperación civil y económica internacional (Unión Europea, ONGS, USA, etc.) y por la búsqueda de mercados y socios en el contexto de la mundialización. Este movimiento es tímido y embrionario pero aún así el juego de lo regional/local en la globalización parece posible, a despecho de un contexto nacional donde las tendencias conservadoras tradicionales siguen siendo fuertes.

 

En Chiapas el momento histórico es diferente: la situación de violencia y las escaramuzas de una guerra "larvada" perduran, con efectos dramáticos sobre las poblaciones indígenas (ya conocidos en el conflicto de Guatemala, guardando evidentemente la distancia en relación a la extensión y a la intensidad de la violencia). Chiapas es el polo opuesto de Guatemala: la política del EZLN de enfrentamiento con el Estado mexicano y de denuncia del mercado y de la globalización aísla la región, así como aísla la población indígena, fragmenta y polariza el conjunto de la población, degrada su situación socio-económica, transforma las diferencias culturales en arma de combate y compromete por muchos años el desarrollo y las posibilidades de progreso de las sociedades indígenas (ponencia de Hilario y otros). El juego de lo regional/local en la globalización está comprometido gravemente, y con ello la suerte de las sociedades campesinas indígenas.

 

La crisis del campesinado y el perfil étnico de una nueva ruralidad.

 

Cuando hablamos de juego en la globalización suponemos que las sociedades indígenas no solamente se adaptan a sus impactos, sino que sobre todo se convierten en actores que racionalizan sus estrategias adaptativas para obtener el máximo de ventajas. Ahora bien, no se puede imaginar sacar el máximo de ventajas de los procesos actuales empleando las herramientas de análisis y los mecanismos de acción que fueron propios del modelo de funcionamiento anterior de la economía-mundo, es decir, sin adoptar los nuevos paradigmas de la globalización.

 

La cuestión que hoy está planteada a las sociedades indígenas consiste entonces en saber si inscriben o no sus visiones de futuro en el proceso de la globalización y de la mundialización de la economía. Si la respuesta a esta cuestión es positiva se puede esperar que el abandono de una propensión muy marcada a considerarse como sus víctimas - y a hacer causa común con todos los enemigos declarados de la globalización- liberaría las energías y la capacidad organizativa permitiendo que los conocimientos y experiencias existentes se orienten al servicio de proyectos viables, "captativos" de los elementos de la globalización, es decir tecnológicos, comunicacionales, financieros, formativos, etc. Si la respuesta es negativa, quiere decir que la preferencia es por la contestación, la resistencia o la guerra, con la perspectiva de una estagnación, de creación de frentes de lucha internos y, como consecuencia, de un deterioro acentuado y durable de la situación.

 

La respuesta positiva tiene  que ver con una manera de afrontar o sensibilizar la globalización, que como todo proceso histórico tiene su lado positivo y también su lado negativo. La respuesta positiva opta por ver la globalización como una oportunidad mas bien que como una amenaza y al hacerlo así estaría integrando de cierta manera el camino ya avanzado por los propios indígenas en el sentido de la apertura hacia el exterior de sus comunidades, en la lucha por el reconocimiento de derechos culturales y políticos, en la transnacionalización de sus demandas y propuestas… Pero sobretodo está inscribiéndose en la lógica misma del nuevo desarrollo, es decir toma en cuenta los nuevos paradigmas bajo los cuales este vasto movimiento se abre paso y permite la creación estratégica.

 

La "aceptación" de jugar racionalmente el juego de la globalización tiene varias implicaciones para las sociedades indígenas. La primera, es que tal proceso de carácter universal y uniformizante no puede imaginarse sin interpelar las realidades culturales existentes, o sin que éstas reaccionen a sus impactos, de donde se puede decir que la diversidad cultural aparece como un elemento de intermediación o de negociación entre los dos polos donde se juega la mundialización, es decir, lo global de una parte y lo territorial de otra. Los indígenas aparecen entonces en el centro del dilema uniformidad versus diversidad que es propio a la construcción de nuevas economías en el mundo globalizado y ello representa en principio, y desde ya, una ventaja comparativa importante en relación con otras poblaciones genéricas. Por lo mismo, conviene interrogarse acerca de si los actores indios y sus aliados han tomado suficientemente conciencia de que están en el centro del espacio en el cual es posible imaginar un encuentro fructífero entre la economía y la política neo-liberal[7]

 

Una de las primeras implicaciones de lo dicho es que para enfrentar las posibilidades futuras de progreso de las sociedades agrarias indígenas habría que alejarse de las representaciones "campesinistas" que fueron útiles o funcionales en el modelo de desarrollo anterior (los indígenas tratados como campesinos, los campesinos tratados sectorialmente por la tierra y por lo agrícola). Lo mismo en Chiapas que en Guatemala me parece que sigue en boga en los círculos institucionales y a veces en la propia percepción indígena, esa ideología ampliamente difundida a lo largo de todo el ciclo de la economía protegida por el Estado tendiendo a  considerar que "se podía" y que "había" que salvar a todos los campesinos. Todo ello a contra corriente de  lo que ha enseñado la historia de Occidente, la cual mostraba y sigue mostrando que con el desarrollo y la modernización social el campesinado desaparece inexorablemente -lo que puede también observarse, en un cierto grado, en el desarrollo chileno actual. Así, lo que nació como una explicación a una adaptación de las sociedades rurales a las limitadas posibilidades del desarrollo del capitalismo en América Latina se había transformado en un caso de doctrina.

 

A hacer abandono del paradigma campesinista nos incitan precisamente las realidades chiapanecas y guatemaltecas para las cuáles la pregunta mas acuciante es hoy ¿Cómo salir de la pobreza rural en un contexto de inextensibilidad de las tierras útiles, de crecimiento demográfico acelerado, y de mercados campesinos en crisis?. En los Altos de Chiapas, como en la mayor parte de las zonas campesinas del Altiplano centro-occidental y alto Verapaz en Guatemala (Ordóñez), la minfundización de las tierras indígenas y el desgaste o agotamiento de los recursos impide pensar en una reproducción de la familia campesina por la vía exclusiva del producto agrícola.

 

Los procesos de estratificación interna de las comunidades y la emigración definitiva ganan terreno, pero el proceso de diversificación de actividades para la reproducción de las unidades familiares también se desarrolla al mismo tiempo que las redes familiares y/o comunitarias son de mas en mas activas hacia el exterior ampliando las posibilidades de la reproducción local. Todos estos procesos testimonian de la emergencia de un fenómeno que va mas allá de las representaciones campesinistas del medio rural y puede ser definido como el advenimiento de una "nueva ruralidad" cuyo análisis y tratamiento no puede seguir siendo sectorial. El paradigma sectorial aplicado a las sociedades campesinas indígenas debería ser reemplazado entonces por otro, que tome en consideración la mutiplicidad de parámetros de la nueva realidad, es decir que sea capaz de asumirlo en su nueva complejidad.

 

¿Cómo sino abordar tanta diversidad campesina y rural como la descrita por Ordóñez[8] para el caso de Guatemala? A través de una tipología de zonas y regiones, él nos describe un vasto mozaico espacial y socio-económico dando cuenta de los componentes obligados de esta nueva ruralidad:

 

-       La extensión y progresión de la multiactividad (salarios temporales, migración nacional e internacional, talleres artesanales);

-       Reciclaje de algunas economías campesinas hacia los cultivos intensivos de mercado (montaje de redes comerciales);

-       Abandono de la agricultura marginal (migracion de la población jóven),

-       Pogresión del carácter residencial de muchos lugares;

-  Progresión de los ingresos no-agrícolas por sobre los agrícolas.

-    Experiencias micro-empresariales en medio rural…..

 

Pero en las zonas campesinas de Chiapas y de Guatemala esta nueva ruralidad está cruzada por el nuevo perfil de la variable étnica, según el cual la identidad indígena sale de la resistencia y simple adaptación para reivindicar espacios políticos. La emergencia de las reivindicaciones identitarias debe ser percibida antes que nada como una respuesta colectiva a una situación de crisis: la imposibilidad de la reproducción de la sociedad agraria marca a la vez el peligro de desaparición de la etnia, el sentimiento de extinción del ethos colectivo aguijonea los espíritus y la influencia o la presión externas ayudan al nacimiento de mecanismos de reacción. La búsqueda de nuevos caminos estaba ya en marcha en Chiapas antes de los 90 (orientación indianista de la Iglesia de San Cristóbal, la renovación de la alianza del PRI con los viejos liderazgos en los Altos).Por otra parte, cualesquiera que sea la interpretación que se quiera hacer de la "conversion" indianista del EZLN y de su tentativa de transformar el movimiento campesino de Las Cañadas en movimiento revolucionario indígena, lo cierto es que con él aparece por la primera vez en el nivel regional la expresión política de la diferencia étnica y la reivindicación de espacios de autonomía. Mas allá de la suerte del EZLN, los indígenas han entrado en el escenario de la política regional en tanto que actores con los cuales habrá que contar.

 

El impasse político de la tentativa de operar el "deslizamiento" de un movimiento campesino indígena desde una política de demandas por desarrollo a una política de revolución, aún si esto se hace bajo la bandera de la reivindicación étnica, parece evidente en Chiapas. El esquema seguido por el "movimiento campesino" de Las Cañadas se asemeja estrechamente al itinerario que en su tiempo siguieron los movimientos guatemaltecos, especialmente el inspirado por la doctrina de la Iglesia de la Liberación del cual surgió el Ejército Revolucionario de los Pobres: movimiento campesino por el desarrollo, radicalización ideológica de los activistas, guerra revolucionaria, fracaso político, dificultad para reconstruir la acción colectiva en función de una nueva estrategia de desarrollo.

 

La emergencia de la cuestión étnica es también una realidad en Guatemala -aunque pueda ser paralela a un movimiento de "guatemalización" señalado por varios participantes en el coloquio- y los actores indígenas buscan nuevos caminos, ahora en un contexto de pacificación y de reconstrucción. Lo que logren desarrollar puede ser de gran importancia también para Chiapas, para la superación de la crisis cuando esta región logre la tranquilidad política y el diálogo entre los actores regionales sea posible.

 

Ahora bien, todo parece indicar que el Estado guatemalteco post-insurrección se orienta a intervenir sobre esta nueva problemática rural de la manera mas clásica, es decir, según la lógica de la reestructuración capitalista de la agricultura, o sea selectivamente, para definir los campesinos considerados "viables" y los otros, los "no-viables, orientación bien conocida en todos los procesos de reestructuración en profundidad. Para los no-viables la política será asistencial y su aplicación se hará a través de acciones institucionales parcelizadas y dispersas. El tema de la reivindicación indígena es considerado como aparte, disociado de la problemática socio-económica y por lo mismo objeto de otro nivel de tratamiento, aquél de los derechos culturales. Problema difícil de tratar consensualmente y que por sí mismo no es garantía de respuestas eficaces a la necesidad del desarrollo.

 

Está relativamente clara  la política que quisiera seguir el Estado, pero ¿cuál es la política que quisieran seguir los actores indígenas? ¿Es que ellos han asumido realísticamente que el Estado de la economía liberal no tendrá grandes recursos de inversión para lo productivo, pero talvez un poco mas para lo social? Y que mucho de lo que hagan va a depender de sus propias fuerzas, de su capacidad de acción colectiva, de su aptitud a buscar y a negociar con otros interlocutores. A los actores indígenas reviene entonces la responsabilidad principal de crear y de proponer otra política. Pero, ¿cuál?

 

Las dos problemáticas en presencia, es decir, la necesidad de desarrollo económico de una parte, y de otra, la demanda de reconocimiento de derechos culturales y políticos por el Estado, necesitan ser cruzadas y trabajadas en su complejidad y ello no parece posible sino en una dimensión territorializada que permita a los actores teniendo ya ciertos niveles de articulación espacial imaginar los escenarios del futuro. Es precisamente en esta dimensión territorializada que la diversidad cultural indígena puede ser valorizada con el doble objetivo de afirmación/reconocimiento de la diferencia y también de desarrollo de las comunidades.

 

La diversidad cultural: un concepto operacional para el ethno-desarrollo.

 

La diversidad cultural es a mi juicio una noción que permite mejor que la identidad entender hasta qué punto los indígenas de Chiapas y de Guatemala, ya inmersos en el fenómeno de la globalización -aunque no lo quieran o no lo confiesen-  tienen interés en potencializar al máximo los espacios creados por este proceso contemporáneo, poniendo por delante la riqueza del "construído" histórico que es propio de cada sociedad, de su herencia patrimonial y de sus capacidades de creación. En tal sentido puede decirse que la diferencia cultural tiene un potencial mas operacional que la identidad a la hora de imaginar las perspectivas estratégicas.

 

Si asumimos un punto de vista pragmático y una lógica prospectiva al interior del vasto movimiento del mundo impulsado por la globalización, el concepto de identidad, independientemente de toda su pertinencia para la cuestión etnica, de su carácter de fuente obligada de las representaciones del ethos colectivo, se nos aparece como menos abierto y menos "maleable" para una reflexión a propósito del lazo entre globalización y pueblos indígenas, mucho menos interesante que las nociones de diferencia o de diversidad cultural. Creo por lo mismo que, tratándose de los pueblos indígenas y su marcha hacia la modernidad, la palabra operacional por excelencia es aquélla de diversidad: diversidad que puede ser inter-étnica, pero también intra-étnica e incluso intra-comunitaria…

 

El concepto de identidad, ampliamente utilizado en este coloquio, es una noción compleja, multifacética y por lo mismo a veces también controvertida y manipulable. Los indígenas de hoy, sobre un fondo de identidad cultural específico son portadores de otras identidades (identidades superpuestas) y no dejan de ser inquietantes las visiones reduccionistas de inspiración religiosa o fundadas en ideologías diversas que quisieran instalar los indígenas en una suerte de primordialismo identitario. La construcción de identidades políticas o religiosas apoyándose en la tradición étnica y generalmente buscando su ruptura, conduce a resultados muy diversos y contradictorios: en algunos casos se denuncia y se rehusa el desarrollo por corruptor, santificando la pobreza (versión "miserabilista" de la Iglesia Católica); otras experiencias hacen el cruce entre los intereses terrenales (materiales) y la fé (protestantismo); otras ideologías fundadoras de identidad dan prioridad al poder político nacional en detrimento de lo regional/local (neo-zapatismo, iglesia de la liberación). Unos "organizadores políticos" promueven la revolucón fundándose en la identidad, mientras otros mas bien la inserción sistémica, y los hay que son proclives al retorno milenarista y al repliegue comunitario.

 

Como todos sabemos, existe una gran diversidad de historias étnicas de expresión local y a veces regional, razón por la cual las etnias se insertan en la vida política moderna y en el proceso de modernización en general de manera muy diversa, según orientaciones y comportamientos muy específicos. Esto es muy visible tratándose de los temas candentes de la actualidad tales como el desarrollo, las autonomías, los estatutos comunitarios o el tema relativo al dominio de la asociatividad intercomunitaria. En relación con todos ellos, lo que se constata es que no hay receta universal, y no la hay porque tratándose de lo indígena la diversidad es la regla.

 

Lo anterior tiene que ver con el hecho que la especificidad cultural de cada etnia es un "construído histórico" sui generis, no reproductible, puesto que está marcado por la lógica de la reproducción de la diferencia en las sociedades indígenas. A este título, en el proceso de cambio lento que ha caracterizado a lo largo de los siglos la lógica adaptativa de cada etnia hay como un "núcleo duro" de valores y de instituciones que permanecen y no hay razón para pensar que en el cambio globalizado las cosas serán muy diferentes: las etnias van a tratar de conservar durante la transición los elementos fuertes de su diferencia, la cual constituye un poderoso resorte de sobrevivencia y puede concebirse como la plataforma de una renovación societal. En tal sentido, no hay razón para pensar que por la gracia de la descomposición y modernización lentos de la sociedad campesina, la problemática étnica va a desaparecer. La interrogante es: ¿hacia dónde se dirige? La idea de revolución o del cambio radical ha sido y sigue siendo una noción ajena al mundo indígena y por lo mismo hay que descartarla como perspectiva de cambio social constructivo: las nociones mismas de proyecto o de estrategia para programar el futuro son ajenas a las sociedades autóctonas, cuyas modalidades de reproducción y de adopción de innovaciones favorecen apenas el cambio gradual y selectivo.

 

 

La diversidad étnico-cultural tiene un anclaje territorial/local que permite su potenciación.

 

Ahora bien, la diversidad cultural de lo indígena tiene un anclaje territorial, o si se quiere local, entendida esta noción mas allá de los simples lugares sino en su acepción mas amplia de territorios sociales, es decir de espacios geográficos dotados de identidad socio-histórica. Esta dimensión territorial puede entenderse como constituyendo el teatro mismo de la acción creativa y adaptativa que pueden experimentar las comunidades indígenas. Asi, lo territorial en la perspectiva indígena no sería ni el espacio de resistencia ni el espacio de ejercicio de la simple dominación  de la economía liberal sino, y sobre todo, el escenario de la creación estratégica. Creo que podría resumirse el desafío de los pueblos indígenas así: trabajar desde una posición ecléctica frente al desarrollo poniendo en tensión de una parte la "vivacidad latente" de lo local y la "fuerza de condicionamiento" de lo global.

 

Una tal visión estratégica está llamada, por otra parte a dar respuesta a otro desafío para los indígenas: ¿cómo ligar reconocimiento de derechos culturales y desarrollo económico de los grupos indígenas?

 

Los problemas que enfrentan hoy las sociedades agrarias indígenas pueden descomponerse en dos niveles de análisis: el del "reconocimiento" que tiene que ver con el estatuto nacional de la identidad y de los derechos culturales de los pueblos indios y el otro, que tiene que ver con la manera cómo cada sociedad indígena asume la gestión de su propio desarrollo. Pensando rápidamente alguien podría decir que lo uno va con lo otro, pero las cosas parecen mas complejas que eso, puesto que en los escenarios conocidos lo primero aparece con una.visibilidad aplastante mientras que lo segundo es evocado con poca frecuencia y en general bajo la forma de exigencias al Estado.

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Como se sabe, algunas Constituciones de países latinoamericanos reconocen la pluriculturalidad del Estado y acuerdan ciertos derechos culturales, pero no es menos cierto que tales legislaciones por sí solas no dan respuesta al inquietante problema del desarrollo de las sociedades étnicas (un buen ejemplo es el de los Mapuches en su relación con el Estado chileno) y esto, por dos razones principales: primero, porque los Estados no disponen de muchos recursos para el financiamiento de proyectos productivos estratégicos, y segundo, porque existe escasa capacidad de los liderazgos indígenas para asumir la gestión del desarrollo, empresa cada vez mas compleja en términos de sus exigencias de negociación y consensus, de organización y de definición estratégica, de manejo de las implicaciones técnicas, etc.

 

Esta suerte de disociación de los dos niveles en que se expresan las inquietudes y demandas indígenas actuales es una constatación crucial, porque expresa una dificultad, sino una incapacidad, para restablecer la relación indispensable entre el universo de lo instrumental y de lo pragmático y la reivindicación de la identidad situada en el universo simbólico. Los riesgos que implica la no resolución de esta brecha es que la legislación de reconocimiento de derechos culturales sea insuficiente para impedir el estagnamiento ecónomico y el empobrecimiento de las comunidades ("con la ley no se come", frase mapuche), con posibilidad en algunos casos de retorno incluso al aislamiento comunitario.

 

La potenciación de la diversidad cultural es talvez el único resorte que permite pensar en una política susceptible de otorgar coherencia a los múltiples y contradictorios procesos que viven las sociedades indígenas. Su potenciación es posible en el mundo internacionalizado a condición de concebir un marco apropiado para el encuentro fructífero de lo global y lo territorial/local gracias a la movilización de la diferencia identitaria. Ni el concepto de estrategia, ni el de planificación territorial manejados tradicionalmente parecen ser suficientemente amplios y a la vez suficientemente flexibles como para enmarcar esta perspectiva del desarrollo local-étnico, de donde resulta evidente la necesidad de un esfuerzo intelectual de la parte de los liderazgos, y de sus amigos, destinado a definir lo que podríamos llamar un "modelo de modernización de la sociedad local", cuya viabilidad no puede ser visualizada sino al interior de la vasta onda de marea de "occidentalización del mundo" que está en curso, y que algunos llaman mundialización y otros globalización.

 

La necesidad de darse un modelo de desarrollo como condición de la construcción del futuro es un desafío que no es exlusivo de los indígenas pues se plantea también a todas las sociedades nacionales, y también a los grupos culturalmente diferenciados en los países desarrollados. Puede imaginarse que a cada escalón territorial los grupos humanos deben arreglárselas para inventar formas, modalidades y ritmos de adaptación, para apropiarse de aquéllos elementos que les parezcan mas convenientes, mas satisfactorios y eficaces. En fin, el gran desafío es entonces cómo darle a sus proyectos de futuro un "sello propio" o identificatorio a su inserción en el movimiento general de la economía y de la sociedad, en suma, al encuentro positivo entre lo global y lo territorial/local. Creo que es en esta invención de un sello propio del desarrollo que puede fundarse una cierta legitimidad de la idea de "modelo", etimológicamente obra "única" en su género, y por lo mismo digna de ser imitada. Sin mas!.. El modelo, apunta a una imagen prospectiva de la diversidad cultural mas que a las estrategias de mediano plazo, se plantea sobre todo en términos de orientaciones que aseguren la posibilidad de la reproducción de la diferencia ad infinitum.

           

El "modelo local-étnico", resultado del arte empleado en la integración de la diversidad local a los movimientos de fondo promovidos por el cambio global, sería la concretización de un cierto  modelo "alternativo", que como se puede fácilmente imaginar no es alternativo sino en contraposición a la tendencia a la "uniformización" de todas las sociedades, pero no podría pretender escapar en el plano de las exigencias económicas al movimiento general guiado por el capitalismo contemporáneo. El neo-liberalismo, forma ideológica que reviste la tendencia actual de la acumulación mundial, puede ser neutralizado en sus excesos pero ello no debe significar que un "modelo" cultural pueda ser viable fuera de la economía de mercado. Bien por el contrario, es sólo allí donde seguramente podrá salvarse.

 

El modelo territorial-étnico  y sus cuatro ejes direccionales.

 

Podríamos imaginar que en el centro del proyecto estratégico territorial-étnico se encuentran los recursos identitarios (patrimonios, sistemas valóricos, etc.) los cuales representan una suerte de plataforma de lanzamiento para la movilización de otros recursos disponibles, para la creación de nuevos recursos, para la búsqueda de alianzas intra y extra-comunitarias, para las indispensables  negociaciones con los múltiples actores regionales, nacionales e internacionales.

 

La adopción de una estrategia de desarrollo territorial/local por los pueblos indígenas significa en primer lugar el abandono del paradigma campesinista, es decir, ellos dejan de concebir el destino de sus sociedades como exclusivamente agrarias y entran a interiorizar que ellas van a caminar, si no caminan ya, por una senda que conduce a la constitución de sociedades económicamente diversificadas y de complejidad estructural creciente. Quiere decir, no solamente que la agricultura deja de ser el único rubro productivo de la economía local que merece atención, ya que el destino étnico va mas allá de la tierra (independientemente de su significado simbólico), sino que también las estructuras formales que han acompañado hasta aquí la evolución agraria entran a ser evaluadas para determinar su pertinencia frente a las  exigencias de un nuevo proyecto societal. Por ejemplo, debería responderse a la cuestión de si el Ejido en la realidad local es mas que una falsa unidad de propiedad colectiva, si mas bien frena que facilita, o al contrario, y si el interés colectivo y la solidaridad en su interior son otra cosa que una ficción…si las llamadas comunidades tienen o no tienen capacidad jurídica real para enfrentar las nuevas exigencias, si la individualización de las relaciones sociales y la competencia por el acceso a los recursos están requiriendo de nuevas normas de funcionamiento, si los grupos familiares son un nivel operacional para estimular procesos internos, etc.

 

Poner por delante una visión compleja del desarrollo local étnico, significa que se hace de los recursos patrimoniales el núcleo central y orientador del conjunto de la programación estratégica. Se puede pensar en la movilización del conjunto de los patrimonios culturales, desde los materiales hasta los simbólicos, desde los productivos hasta los de agrado, desde lo religioso hasta lo profano, es decir todo aquéllo que constituye la identidad primordial e histórica del grupo. El patrimonio cultural en esta perspectiva deja de ser un elemento simplemente identitario, de significación y prestigio simbólico, para ser entendido como el elemento clave de un salto de la sociedad agraria hacia una sociedad económica y estructuralmente diversificada. No hay que equivocarse sobre el sentido de esta opción: significa que es indispensable aceptar una suerte de travestimento de lo cultural en un recurso de capital, sobre el cual puede construirse una parte sustantiva de la nueva economía local.

 

Lo dicho supone también una revisión de la óptica indígena según la cual los elementos materiales o intangibles de la cultura pueden quedar al margen de la modernización, los cuales podrían ser resguardados de la contaminación del mercado. El ejemplo mexicano de los vestigios arqueológicos ilustra bien cómo para la sociedad nacional, como también para la internacional, la valorización del patrimonio en el mercado cultural y turístico es considera como algo no solamente legítimo sino importante para el desarrollo. Los indígenas entran poco a poco a  pensar en el interés de un desplazamiento de óptica a propósito de los patrimonios culturales, pero tienen por delante todo el asunto de imaginar y organizar la gestión en tal dominio. En Chiapas, como en el resto del país es el Estado federal quien ha asumido la conservación y la administración de los patrimonios arqueológicos, justificando su apropiación en nombre de su valor para la construcción de la identidad nacional mexicana y de un supuesto interés para el desarrollo regional. Un proyecto local étnico podría pretender la recuperación de ese derecho de disponer del patrimonio social para una gestión propia o compartida (bajo una forma contractual grupo étnico/Estado, abriendo con ello además la posibilidad de superar las fallas que se le atribuyen a la intervención oficial [9].

 

En este desplazamiento de óptica es evidente que la identidad de grupo adquiere un carácter instrumental, utilitario, pero no es menos cierto que ello contribuye a una revalorización del ethos indígena y a una recreación, en la continuidad histórica, de la cultura local.

 

De la misma manera, podría concebirse que sobre el fondo existente de actividades "pluriactivas" -en muchas comunidades indígenas de Chiapas y de Guatemala este fenómeno es muy desarrollado- se pueden fundar estrategias mirando ciertos desarrollos durables, comenzando a modificar para ello el sentido asistencial de muchas de las iniciativas públicas de un Estado que no por haber abandonado en gran medida las subvenciones a la pequeña agricultura familiar, deja de estar presente en las áreas rurales y a veces de manera densa, como en el caso del programa de "Distensión del Gobierno del estado de Chiapas". Poco interesan las motivaciones que tienen para ello los grupos en el poder, lo que interesa es la posibilidad de la "captación" de esos recursos para la estrategia étnica local. En el caso guatemalteco, es muy probable que la nueva política orientada a la descentralización y al reforzamiento del rol de los municipios (en el marco del "Pacto de gobernabilidad") vaya acompañada de un conjunto de subvenciones (sectorializadas e individualizadas) que deberían poder ser administradas de una manera transversal en una perspectiva estratégica.

 

La cuestión de las estrategias para los "pluriactivos" pasa entonces a constituir la plataforma de arranque de posibles nuevas actividades comunitarias o locales, productivas o de servicio, poniendo en tensión recursos diversos: los captados por los migrantes, las ayudas del Estado, el apoyo internacional, etc…La pluriactividad deja de esta suerte de constituir un movimiento espontáneo y precario, de iniciativa puramente personal o familiar, para dar paso a una actividad organizada socialmente, que hace de simples actividades de sobrevivencia los núcleos embrionarios de micro-empresas asociativas, que pone la experiencia de las redes logísticas de la migración al servicio de la asociatividad local…

 

Por fin, el modelo étnico territorial necesita definir una concepción flexible del espacio de construcción estratégica. La cuestión de los recursos a movilizar, así como los recursos que pueden ser creados (creación de ventajas competitivas), hace que el horizonte local o el "escenario estratégico" vaya mas allá de lo habitualmente considerado como lo local (el lugar, la comunidad, el municipio, etc.) para embestir espacios donde hay traza o elementos potencialmente articulantes de continuidad espacial de procesos locales, con lo cual imaginar la "construcción" de un territorio social de desarrollo estratégico. En tal sentido, ni el Ejido, ni el municipio pueden seguir siendo mundos cerrados y excluyentes a la manera de las antiguas haciendas, sin articulación creadora con el exterior y, por lo tanto, sus límites físicos no deben ser considerados como los límites del "espacio estratégico"del despliegue étnico. En tal sentido, la búsqueda alianzas interculturales mas allá del horizonte cuotidiano (llámese inter-comunalidad, asociatividad territorial, etc.), interesando a la vez lo público, lo colectivo y lo privado, resulta de un interés determinante. Esto significa que los gupos comunitarios, por lo general hasta aquí sólo objetos de la política pública, tienen ahora la posibilidad de proponerle al Estado, a los gobierno locales y regionales, de involucrarse en tal o cual proyecto estratégico, creando una relación de asociados o de partenaires. De la misma manera que, abandonando la secular desconfianza frante a los sectores empresariales, van a proponerle a la empresa privada algún tipo de sociedad o alguna forma de partenariado.

 

 

La formación de los actores ("constructores") de lo territorial-étnico: una necesidad urgente.

 

Para que el anclaje territorial/local de la diversidad étnica pueda ser potenciado hacia la modernidad hay que contar con la capacidad de los actores para la acción colectiva, no en el sentido de "movimientos sociales" a la manera de Touraine, sino mas bien de grupos humanos organizados con voluntad de realizar sus intereses objetivos específicos. Se trata de saber cómo facilitar la emergencia en el nivel local de lo que algunos han llamado los "grupos estratégicos" y otros los "actores de la innovación social". Tanto en los casos de Chiapas como de Guatemala, la constitución de sistemas de actores locales susceptibles de plantearse la construcción de un modelo estratégico de acción, con las características que hemos señalado, no es nada evidente, puesto que los handicaps son de importancia y su superación es una tarea de tiempo.

 

El primer handicap tiene que ver sin duda con la fuerza de una "cultura de la intolerancia" reinante tanto en Guatemala como en Chiapas, cuyas raíces son históricamente lejanas y en cuya formación encontramos un sello inconfundiblemente religioso. La intolerancia ha marcado, en efecto, la acción de la iglesia Católica empeñada en combatir la religión sincrética de las comunidades heredada de la Colonia ("la costumbre"), pero también ha marcado, aunque en menor grado, la acción de las iglesias Protestantes. Así, el dominio de lo religioso y lo político en el espacio comunitario se ha caracterizado por una gran riqueza de escenarios de conflicto y de violencia. Católicos y protestantes han actuado a veces en alianza y a veces se han combatido. Pero sobretodo se han aliado para disminuir o eliminar el prestigio de las autoridades al interior de la jerarquía tradicional y de las cofradías, para combatir sobre todo a los zahorines (curanderos)[10] e instalar en posiciones de poder en el seno de las comunidades a sus diáconos, sus thuneles y sus pastores..

 

La intolerancia religiosa al interior de las comunidades es un aspecto paradojal de la cuestión étnica, pues al mismo tiempo que los indígenas reivindican su diferencia en relación a otros grupos étnicos o nacionales, entre ellos mismos son conducidos a no aceptar la diferencia de creencias, cada quien pretende monopolizar el culto, y con ello se crea la fuente principal de la violencia al interior de las comunidades (expulsiones) y entre comunidades (venganzas). La lucha contra la intolerancia religiosa no es fácil, es necesario que un cierto laicismo impregne los espíritus, que una cierta cultura del consensus y de la estrategia venga a reemplazar la cultura de la intolerancia, talvez la creación de un proyecto estratégico local involucrando a los diferentes interlocutores religiosos y laicos sirva como un medio para morigerar la desconfianza mutua y la intolerancia.

 

Mas allá de este handicap mayor, los liderazgos indígenas se ven limitados por otros condicionantes. Los líderes indígenas hasta aquí han mostrado dos características que no favorecen su aplicación, ni su eficacia, para la puesta en práctica de estrategias de desarrollo territorial en la economía globalizada. Por una parte, han sido mas políticos que interesados en la economía o en la tecnología, por lo mismo han privilegiado las luchas políticas en los niveles de mayor visibilidad, han sido mas contestatarios que constructores de lo nuevo, y a menudo son reticentes, o carecen de aptitudes para convertirse en los  "actores del cambio" o en los "productores de lo local". Por otra parte, los líderes y muchos otros en las comunidades en Guatemala han vivido y se han formado en la confrontación política radical, han sufrido o practicado la violencia armada, se han educado en una cultura de "militantismo excluyente", han participado en la lucha por la conquista del poder (el poder central por cierto) y por todo ello, su conversión a una práctica de búsqueda de acuerdos con los enemigos de ayer o simplemente con actores que poseen intereses contrapuestos no es fácil y no se hace con rapidez, aún si en el nivel nacional esta realidad parece evolucionar rápidamente en el marco de los Acuerdos para la Paz .

 

Aún en el caso de existir la voluntad de trabajar juntos los unos y los otros, la comunicación, el intercambio de ideas y de información no es una práctica fácil para actores que llevan la marca de las prácticas clandestinas y compartimentadas de la época de la guerra, como es el caso en Guatemala. Muchos están todavía por esta razón en el polo opuesto de las exigencias del desarrollo globalizado, que requieren y promueven la articulación de una diversidad de actores, la asociatividad como marco de alianzas estratégicas, la circulación de la información y la voluntad de consensus como condición de estrategias viables . 

 

Lo que hemos dicho para el caso de Guatemala, no se aleja mucho de la experiencia de los indígenas de Chiapas y puede preveerse que a la salida del actual conflicto, los cuadros indígenas van a poder establecer un balance igualmente decepcionante, van a estar confrontados a las mismas falencias y a las mismas exigencias de reconversión y de formación si quieren avanzar hacia una cultura de consensus y de proyección estratégica. De todas maneras, hay ejemplos que permiten ver el futuro con un poco de optimismo. Un caso en Chiapas da cuenta de una evolución positiva en el camino de la reconciliación  y de la gestión consensual al escalón local: el acuerdo político del PRI-PT-PRD, plebiscitado por la población en el municipio de Chalchihuitán, permitiendo una representación proporcional para la gestión de la entidad municipal. Otro caso en Guatemala, San Lucas Tolimán, muestra la evolución positiva de una organización indígena-campesina (CORDIC) de la época de la guerra, hacia las tareas del desarrollo, transformándose en ONG para la "Economía y el desarrollo social auto-durable (ASEDSA)[11]. Ella promueve la articulación de actores endógenos y exógenos y concibe un espacio estratégico de desarrollo no limitado al municipio. Seguramente tales experiencias no son las únicas.        

 

 

 

 

CONCLUSION

 

Las sociedades étnicas de Chiapas como de Guatemala no son sociedades agrarias genéricas y por lo mismo no pueden ser tratadas en términos del desarrollo y modernización pura y simplemente como sociedades campesinas, todas mas o menos idénticas. Han resistido culturalmente hasta aquí en sus territorios, adaptándose lentamente a los cambios culturales según los diversos momentos históricos y no hay ninguna razón para pensar que no puedan avanzar hacia un estadio de sociedades étnicas económica y socialmente diferenciadas. Quiero decir con esto que el futuro estratégico en la continuidad cultural, pero también en la diversificación económica y de estructuras, está condicionando un pasaje obligado de lo sectorial agrícola, o de lo campesino indígena, a un desarrollo étnico territorializado que pone énfasis en las relaciones y procesos intersectoriales..

 

Este nuevo desarrollo puede transformar las sociedades indígenas de manera mas profunda y vasta de lo que ha sido hasta aquí la adaptación lenta, pero este cambio puede hacerse salvando los signos identitarios de los diversos grupos. A condición que se decidan a jugar su carta cultural, que le pongan un sello propio al modelo de desarrollo local, favoreciéndose con las simpatías  que despierta en todas partes su "deseo de reconocimiento" y con los nuevos medios materiales y virtuales puestos en juego por la globalización. Se trata de construir nuevas economías y también nuevas estructuras. Para ello, se necesita integrar los nuevos paradigmas de base que han venido a reemplazar los viejos cánones del orden económico propio del modelo estatista.

 

El modelo estatista centralizado no podrá seguir funcionando en Chiapas como funcionó hasta el 90 (como tampoco en Guatemala). Si esto puede afirmarse con seguridad, es difícil por el contrario, predecir si los actores regionales van a poder constituirse fácilmente en un sistema de actores políticamente autónomos, con voluntad de asumir el rol de "constructores" de una entidad regional de nuevo tipo, de una región que ponga por delante una imagen moderna y dinámica donde lo multi-cultural sea considerado como la fuente principal de inspiración de la programación del desarrollo. Un tal sistema de actores no puede constituirse sino en el voluntariado y en la prioridad acordada a los consensus sobre los disensus. Por ahora, son un obstáculo el peso de las élites tradicionalistas (que prefieren la inercia al cambio) y el radicalismo político del EZLN (que subestima el nivel regional, pues considera que "Chiapas le queda chico" y que su verdadero destino se encuentra en el nivel nacional.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



[1] Coloquio CHIAPAS-GUATEMALA, mayo 2000,  Universidad Toulouse-Le Mirail. Toulouse- Francia

 

[2] Carmen Legorreta, Construcción histórica regional y conflicto en los valles y Cañadas de la Selva Lacandona, ponencia al coloquio.

[3] Henri Favre, "Les Hautes terres de Chiapas revisitées: du colonialisme interne à la postcolonialité", ponencia al coloquio.

[4] Luis Enrique Pérez Mota, "La situación actual de la estructura agraria en Chiapas", ponencia al coloquio.

[5] Véase en particular el artículo de Wallerstein, Immanuel "Le système-monde et son devenir: thèses sur sa structure et sa trajectoire actuelle, in GEMDEV, Cahier n°20 mai 1993, Parisla publicación

[6] Siguiendo a Giddes (1990),  entendemos aquí la globalización como un movimiento mas amplio que la mundialización de la economía, como un movimiento que  contribuye a desarrollar relaciones de mas en mas estrechas entre las diferentes regiones del mundo. Estos procesos se manifiestan por una intensificación de las migraciones de los países periféricos hacia los países desarrollados, por la creación nuevos circuitos y de nuevas modalidades de producción, por la difusión generalizada de tecnologías de mas en mas perfomantes en el dominio de las comunicaciones.

[7] Francis Fukuyama en su libro La fin de la histoire et le dernier homme (Flammarion 1992) sugiere algo que es de una actualidad crucial para el problema que nos interesa cuando sostiene que "el deseo de reconocimiento -o thymos- puede  proporcionar el eslabón que falta entre la economía y la política liberal"…

 

[8] César Ordóñez, "Reproducción campesina y estructura agraria en Guatemala", ponencia al coloquio.

[9] En lo que concierne a las debilidades de la gestión oficial de los vestigios arqueológicos en Chiapas, es interesante leer el artículo de Lucero Morales Cano "El discurso de la teoría del desarrollo en la protección del patrimonio cultural y natural: el caso del sitio arqueológico de Chinkultik en Chiapas" ,en la revista Mesoamérica 37 (junio de 1999), pp. 51-71.

[10] Ver a este propósito el artículo de Edith Kauffer, "Religieux et politique au Guatemala: De la convergence des intérêts à la réciprocité des influences", in Histoire et sociétés de l'Amérique Latine, dossier "Chrétiens d'Amérique Latine: l'enjeu du politique, n° 9, 1999/1,139-175.

[11] Carlos Cubillos, , "La nature du changement social. Action collective, acteurs et ressources: la construcción du local à San Lucas Tolimán (Guatemala, Mémoire du DEA-ESSOR, Université de Toulouse Le Mirail, Ecole National de Formation Agronomique, ENSAT, juin 1999.

 

 

DVERSIDAD ETNICA Y MODELOS DE DESARROLLO EN LA EXPERIENCIA INDIGENA ECUATORIAN [1] 

Roberto Santana

Las reflexiones que siguen tienen que ver con las perspectivas de la diversidad étnica al interior de los procesos de desarrollo y mas ampliamente de modernización en la globalización. Creo que cualquier intento de hacer la prospectiva pasa necesariamente por hacer el balance, aunque sea "a vuelo de pájaro" de lo que ha sido la evolución de la problemática étnica en los en los 15 o 20 últimos anos. De entrada quiero decir que las cuentas que se pueden sacar para los indígenas ecuatorianos permiten ser optimista. Un balance positivo de 15 anos de historia. La movilización compleja y multiforme de las sociedades étnicas ecuatorianas comenzada hace un cuarto de siglo -no quiero con esto desconocer el interés de algunos procesos anteriores- ha culminado en los anos 90 con la construcción de un andamiaje organizacional que es uno de los mas densos y de los mas vivaces que existen en el continente.

Casi 3.000 organizaciones de base (entre comunas, cooperativas y asociaciones), 126 organizaciones de segundo grado (uniones, federaciones, asociaciones), 17 federaciones de tercer grado y una organización nacional, ampliamente representativa.(1) Conviene anotar que la creación de este potente dispositivo organizacional ha tenido lugar principalmente en los anos 80, es decir, en un per¡odo que en general no ha sido favorable para la progresión de los sectores populares, por razón de un contexto nacional e internacional marcado por las politicas neo-liberales. Esto puede sorprender, sobretodo a aquellos que a fines de los 70 no creían para nada que la potenciación de la variable étnica en el seno de los diversos campesinados indígenas podría un día aportarles beneficios tanto sobre el plano político que económico y social.

La progresión india ha venido a desmentir el pesimismo generalizado de aquella época. Es cierto, los indios no han hecho la revolución esperada por algunos, pero es ya un éxito que en medio de una de las crisis mas profundas y mas durables de la economía ecuatoriana, ellos hayan sabido organizarse, mejorar sensiblemente sus condiciones de vida y sobretodo aumentar sus perspectivas.(2) Las vías sobre el camino de la modernizacion están abiertas hoy en día a todos los grupos étnicos gracias a lo que yo llamaría una estrategia de "andar con los dos pies", es decir, por la dinamización de la sociedad indígena local y por la búsqueda al mismo tiempo de una presencia nacional. Seria difícil contestar la idea que la modernizacion de la sociedad autóctona ha sido puesta por todas partes al orden del día, asi como la idea que el proceso modernista contiene los peligros de una integración indígena en la uniformización.

Como consecuencia de una considerable acumulación de experiencias, de contactos con el exterior, de formación de lideres y de preparación de los miembros de grupo de base, puede decirse que a fines de los anos 80 las comunidades tanto serranas como amazónicas muestran que un verdadero "salto histórico" ha tenido lugar tanto desde el punto de vista de los ritmos como de las modalidades del desarrollo. Un escenario inédito aparece, donde la novedad es la apertura haciael exterior, la disposición a la innovación organizacional y tecnológica y a la adopción de nuevos sistemas productivos. Yo creo no exagerar diciendo que quien visita hoy las comunidades queda sorprendido por el accionar de hombres y mujeres que buscan soluciones, se plantean cuestionamientos, discuten, van a ver lo que ocurre en otros lados, se consagran a las tareas de la organización...

En cuanto al desarrollo económico, creo que no existen muchas dificultades para detectar los puntos o los lugares en donde las organizaciones en sus diferentes escalones deberían intervenir en el futuro. Asi, si tomamos el nivel de las organizaciones de base, comunas en particular, creo que los progresos realizados hasta aquí no podrían ir mas lejos si necesariamente no se hacen progresos por la via del desarrollo "empresarial". Se observa en ciertos casos algunos éxitos bajo la forma de micro-empresas creadas por los colectivos, pero lo mas frecuente es observar las dificultades que se oponen a una tal via de desarrollo. Esas dificultades corresponden a tres planos diferentes: de organización, de asistencia técnica y de manejo del mercado. La superación de tales escollos es un gran desafió, el principal estando sin duda en esclarecer la parte que corresponde al liderazgo político y la parte que tiene que ver con la gestión de la economía ligada a las pequeñas empresas, es decir, la responsabilidad por las iniciativas productivas que emergen en el seno de los grupos comunitarios.La emergencia o el reforzamiento de proyectos económicos estratégicos ha sido con frecuencia frenada por una talvez comprensible pero no menos nefasta identificación de estos dos dominios de intervención

Por cierto, el esfuerzo interno de las comunidades no iría muy lejos por el camino de creación de sectores "modernos" de la economía sin la creación de estructuras adaptadas, "por debajo" del marco legal de la comuna, legalizadas o reglamentadas, susceptibles de asegurar la confianza y con ella el interés del grupo y la eficacia. Al mismo tiempo, lo mismo para la asistencia técnica que para la entrada "rentable" de un producto en el mercado, tales iniciativas tendrán necesidad, "por encima" de las comunidades esta vez, de un apoyo seguro y oportuno viniendo de estructuras mas amplias que hagan la articulación de la empresa y de sus productos con el medio económico mas próximo, pero también mas distante. Aquí tocamos otro de los puntos claves para la perspectiva del desarrollo: las organizaciones de segundo grado (OSD). Ellas son a la vez la prueba y el resultado de la apertura reciente del mundo indígena hacia el exterior. Me atrevería a decir que este movimiento representa la "ganancia" mas significativa lograda por el campesinado indígena en el ultimo cuarto de siglo. Su presencia marca el fin del aislamiento y de los bloqueos comunitarios, entre obligadas por las circunstancias o a veces voluntariamente, y la entrada en la modernizacion en su expresión amplia. Las OSD han venido a constituir un "núcleo" de poder local cuya fuerza está representada por comunidades en vías de modernizacion. Un desplazamiento social y geográfico del poder ha tenido lugar con su emergencia en las distintas provincias del país. Con un buen anclaje en el contexto local, las OSD aparecen hoy atravesadas por la necesidad de afirmación definitiva como instancias legitimas e indispensables a los intereses de las bases comunitarias y emplean esfuerzos para superar sus carencias, sus errores, su falta de experiencia. ¿Cuáles son actualmente los rasgos sobresalientes de las OSD, a los cuales pocas organizaciones escapan? Y, a propósito de que se interrogan o se inquietan?

Primero, conviene preguntarse por la capacidad de dichas organizaciones a responder a la realidad de la diversidad local, pues los miembros de base son ellos mismos portadores de diversidad. Aquí tocamos seguramente el meollo de lo que podrá devenir cada etnia en particular al interior de conjuntos mas vastos, regionales o nacional. 

Segundo, cuando se analiza el conjunto de actividades se descubre que las organizaciones de segundo grado acuerdan poco interés o casi nada al desarrollo de la producción. Esto no quiere decir que las actividades de formación (capacitación) que captan la parte mas importante de sus presupuestos, no puedan tener en contados casos una incidencia considerable sobre el plan de la producción.

Tercero, las OSD por lo general carecen de verdadera estrategia de desarrollo que movilice de manera coherente los recursos y las potencialidades de un conjunto de comunidades, en lo que podría ser imaginado como un proyecto étnico local, lo que repercute sobre su propia auto-subsistencia. Aquí parece operar el mismo factor neutralizante que hemos visto operando al nivel de las comunas, es decir, la confusión entre liderazgo político y gestión económica o de empresa. Esta confusión, perniciosa en la mayoría de los casos donde hay emergencia de pequeñas empresas (excepción notable siendo el caso de Salinas), puede ser entendida como propia al estadio actual en la larga marcha hacia la modernización pero es evidente que no puede durar y que merece una reflexión seria.

Cuarto, hay que insistir en la carencia de una estrategia de construcción de economías regionales, a despecho de la experiencia significativa de la FUNORSAL en Salinas.(3) Sobre este punto las OSD no han avanzado, sin duda por las dificultades ya señaladas pero sobretodo porque el dominio es complejo y exige una capacidad técnica y de negociación con interlocutores múltiples que la mayor parte de las organizaciones no posee o no pueden permitírselo por falta de medios. Y sin embargo se trata aquí del meollo de posibles estrategias de etnodesarrollo. Si es clara la retroarticulación comunidades/OSD así como bastante evidente el aporte que realizan a la representación indígena nacional de la CONAIE, es mucho menos evidente el rol de lo que podríamos llamar organizaciones de tercer grado, es decir, las llamadas "estructuras regionales" de la CONAIE. Hay razones para sospechar que su rol, altamente burocratizado, no se justifica y que representan mas bien, salvo excepciones como la CONFENIAE o la OPIP en la Amazonia, un "peso muerto" en la dinámica general. En todo caso no es excluido que la CONAIE tenga a los ajos de las OSD mucho mas carisma y prestigio que ciertas organizaciones de tercer grado establecidas al nivel provincial. Que destino para la diversidad étnica?

Hecho este examen rápido del "estado de los lugares" desde el punto de vista de la economía, creo que podemos retomar el segundo aspecto que se enuncio al comienzo, es decir, aquel del peligro de una integración indiscriminada en la dinámica de la modernizacion iniciada. La uniformidad versus la diversidad, tal es la cuestión. Creo que a riesgo de decir una banalidad hay que insistir en que en el destino de la población indígena se juega una parte importante del destino de la entidad nacional que busca su camino para afirmar de manera coherente un proceso de desarrollo y de modernización. La modernidad hoy significa búsqueda de la diversidad, y en la ecuación acertada de lo diverso y de lo étnico muchas regiones y sociedades encuentran hoy el fundamento de una identidad territorial original. La integración adecuada de ingredientes dispares debería ser entonces una de las responsabilidades primeras de la política publica.

Ahora, hay que decir que a propósito de la valorización moderna de la diversidad se hacen muchos discursos. "La diversidad es una riqueza" nos dicen los teóricos y propagandistas del desarrollo en la globalización. Efectivamente, puede decirse que la diversidad cultural es uno de los "patrimonios" mas apreciados en la actualidad en los países desarrollados y se ha transformado en una carta importante a jugar en un mundo dominado por las crisis sucesivas y donde la tendencia dominante es sin duda e inexorablemente hacia una uniformización de la cual las sociedades buscan escapar. Asi, la promoción del patrimonio cultural en todas sus formas se muestra como uno de los factores mas dinamizantes de la economía regional en numerosos espacios periféricos y metropolitanos de los países desarrollados.

La diversidad en Ecuador tiene sello étnico y de cierta manera es subestimada por la política publica. La interrogación que conviene hacerse es si en el nuevo estadio de la economía mundo y en este ciclo de la historia dominado por el neo-liberalismo hay lugar para ser optimista en cuanto al destino de las sociedades étnicas. Denunciado en Chiapas como "enemigo de la humanidad", con tanta mayor razón el neo-liberalismo seria el enemigo mortal de los indios. Como responder a esta interrogación? Creo que no hay respuesta sino ateniéndose a los hechos que conocemos de la historia, desgraciadamente no mucho la mayor parte de las veces. Talvez la razón de los hechos puede llevarnos a una visión mas optimista del futuro, talvez ellos den razón a F. Fukuyama(4) cuando sugiere que "el deseo de reconocimiento-o thymos- puede proporcionar el eslabón que falta entre la economía y la política liberal". Esta proposición me parece pertinente a nuestra problemática étnica por cuanto si interiorizamos la importancia del reconocimiento del Otro como motor de la historia, tal como por su parte Hegel lo sugiere, podemos también concebir que en ese espacio intermediario puede emerger un poderoso instrumento de política.

Si pensamos bien el camino realizado por los movimientos étnicos en Ecuador, algunos hechos vienen a señalar un cierto paralelismo entre la adopción de las politicas neo-liberales a escala internacional y la emergencia de una vigorosa modernizacion étnica. Conviene reflexionar a propósito de ciertos puntos, aun a riesgo de ir a contra-corriente de la diabolización de las nuevas estrategias internacionales del capital. Por ejemplo, el instrumento privilegiado por el neo-liberalismo para intervenir en el dominio de lo social/marginal o de lo social/ étnico no han sido acaso las ONGs?, es decir, esos mismos organismos que, con mas o menos eficacia, son sin lugar a dudas los que mas han contribuido a dinamizar las sociedades autóctonas. Podría decirse que ellas son el primer producto institucional exportable desde los centros para atender las periferias. Producto por excelencia de la transnacionalización. Otra interrogación: ¿Cómo se explica que en la historia indígena ecuatoriana pueda claramente reconocerse un tercer periodo de intensa actividad organizativa precisamente cuando la política oficial reinante es aquella del proyecto neo-liberal?

Los dos periodos organizativos anteriores fueron: aquél que viene inmediatamente después de la ley de comunas y el que corresponde al periodo mas activo de la reforma agraria, entre 1965 y 1973. Un ultimo ejemplo: con la reactivación de la actividad petrolera privada, llevada a cabo por las firmas multinacionales, campeonas por lo mismo del neo-liberalismo, los grupos indígenas mas dispersos y periféricos de la Amazonia, acosados y obligados por las circunstancias a la defensa de sus territorios y de la sobrevivencia, han obligado sin embargo a las firmas a negociar un modus vivendis, dotándose de organizaciones "modernas". Habría que preguntarse si las mismas concesiones habrían podido ser acordadas por el "Estado petrolero" en el contexto de la protección de fronteras.

La conclusión de todo esto puede enunciarse como otra interrogación, preguntándose si las chances para los indígenas en el mundo internacionalizado de hoy son mayores que las que tuvieron en los periodos pasados de la historia. Y aquí se abre otro capítulo de la problemática de la perspectiva: ¿En la modernizacion generalizada que se observa, cuáles son las chances de salvarse que tiene la diversidad étnico-cultural? Creo que no hay respuesta posible a esta interrogante sin abordar el tema de "los modelos de desarrollo".

Diversidad étnica y modelos de desarrollo

La noción de "modelos de desarrollo" está rodeada de una abundante dosis de confusión, donde se hace difícil distinguir entre ciclos, modelos, fases, ritmos y modalidades de adaptación. Por lo mismo, se generaliza fácilmente, poniendo muchas veces en un mismo plano situaciones o resultados contradictorios, que no obedecen a las mismas lógicas. Lo que yo propongo aquí es un esfuerzo destinado a establecer la utilidad del concepto de "modelos de desarrollo", para la inserción útil de la diversidad étnica en el movimiento modernizante general. Creo que podemos estar de acuerdo en que se trata de una reflexión en torno a "modelos de modernización de la sociedad", que están inscritos en la actual vasta "onda de marea" de occidentalización del mundo. La idea de modelo de desarrollo lleva implícita una cuestión de escala, mundial, nacional, local. Puede imaginarse que a cada escalón los grupos humanos se dan maña para adaptarse, para apropiarse de aquéllo que les conviene o les satisface mejor, para en fin torcerle la nariz al movimiento general. En todo caso, cualquiera que sea el escalón considerado "un modelo" debe por fuerza tomar en cuenta una doble polarización: aquélla constituida por la lógica propia de reproducción del capitalismo mundial y, la otra por la lógica de reproducción de cada formación social nacional.

Ni la economía mundial ni la economía nacional constituyen una "totalidad" en el sentido que ninguna posee la coherencia de la auto reproducción, cada una estando sometida a dos lógicas de reproducción: aquélla de los capitalismos nacionales/mundiales y aquélla de las sociedades especificas de los diferentes países. Es aquí donde entra el escalón que nos interesa, es decir, lo local/ étnico, expresión concreta de la diversidad cultural y es aquí también donde se produce el espacio "desierto" o abierto, que puede ser visto como espacio de maniobra entre la economía y el neo-liberalismo. Es en esta idea que se funda la interpretación actual en el sentido que el capitalismo en los países centrales tiene apellido y desde mucho tiempo, que hoy día se habla de los "capitalismos en Europa",(5) que hay una familia anglo-saxona de capitalismo, que el capitalismo japonés es sui generis, que hay un capitalismo renano y otro danés, que hay la forma especifica de capitalismo francés...

Hoy, pasados los anos de enceguecimiento ideológico, se aprecia con mas claridad que las sociedades europeas han seguido esquemas variados y han definido maneras de conducir sus capitalismos respectivos y de cierta manera delineado un tipo de sociedad. En algunos casos, las opciones asumidas datan de mucho tiempo y se han enraizado profundamente en una verdadera "cultura" con la cual tienen que jugar los actores contemporáneos. Es cierto, hoy esos "modelos" de capitalismo son sometidos al asalto de las presiones de la globalización pero no es menos cierto que por movimientos diversos (rol de diversificación de las regiones, demandas de politicas especificas de integración, etc.) las especificidades identitarias son "activadas" por aquí y por allá por las propias sociedades territorializadas.

Volviendo al Ecuador, el Estado nacional siendo la organización mas importante que se da la sociedad para asegurar su reproducción, en teoría debería ser capaz de desarrollar su propio modelo de autorregulación al interior del movimiento general del capitalismo. Este movimiento, es decir, la generalización de la economía de mercado, debería entonces ser concebido como un dato durable para el país, a la vez como contexto pero también como algo que es indispensable regular, equilibrar social y terrorialmente, a la búsqueda de una autorregulación nacional eficaz. Definida asi, la noción de modelo puede concebirse como funcional y operatoria al entendimiento de las dinámicas generadas por el ciclo actual de la "economía-mundo", para decirlo en el sentido de Braudel. También lo seria en dar respuesta a nuestra interrogación respecto del destino de las sociedades étnicas. Si partimos de las modernizaciones étnicas que tienen lugar en Ecuador, de la observación de algunas estrategias colectivas puestas en practica en los últimos decenios, hay que reconocer que los datos identitarios esenciales permanecen fuertes. Esto significa que un modelo de desarrollo local o regional puede concebirse fundado en una fuerte especificidad cultural. El desarrollo y mas ampliamente la modernizacion puede asi darse una "marca" de origen.

Si hacemos un rápido sobrevuelo comparativo, sin entrar en un análisis en profundidad de las estructuras y los modos de funcionamiento, nos damos cuenta efectivamente que el "modelo" Shuar de modernización no es igual que el Otavaleño, o que el Saraguro o que el Huaorani. Creo que una investigación comparativa destinada a revelar en donde reside efectivamente lo esencial de la diferencia en la gestión del desarrollo que hace cada etnia, cosa que hoy mas bien sospechamos, puede resultar de gran importancia científica y práctica. La salvaguarda de lo que constituye el espíritu o la esencia de la diferencia de un pueblo es la responsabilidad primera de los "organizadores políticos", en este caso de las organizaciones étnicas, sobre esto no hay duda, pero como preparan ellas el futuro?

En este sentido, se puede imaginar un conjunto de interrogaciones a las cuales una estrategia étnica puede dar respuestas. Estas pueden no siempre ser las mejores históricamente hablando. Por ejemplo, ¿Qué grado de "apertura" tiene o va a tener un determinado modelo?. Es decir, si él se concibe como parte de conjuntos socio-territoriales mayores y como contribuyendo con su cuota parte a la construcción de un perfil identitario o personalidad colectiva, propios de entidades mas vastas. Como se articula con la organización territorial del Estado, o de otra manera, ¿Qué partitura toca en la descentralización del país? Otro ejemplo, ¿Qué se propone en términos de articulación de los colectivos sociales, grupos, individuos o empresas, con el sector privado que es en este periodo histórico el motor principal del desarrollo? Ultimo ejemplo, que no agota las interrogaciones ¿ Cómo se concibe la inserción del modelo "especifico" en una política nacional de defensa "genérica" de los indígenas?

Es respondiendo a interrogantes como éstas que puede llegar a concretizarse el modelo "alternativo”, el que, como puede apreciarse no es alternativo sino en relación a la tendencia a la uniformización de todas las sociedades pero que no podría pretender escapar al movimiento general guiado por el capitalismo, querámoslo o no. El neo-liberalismo, forma ideológica que reviste la tendencia actual de la acumulación mundial, puede ser neutralizado en sus excesos, pero ello no puede significar que el "modelo" étnico pueda imaginarse sin pasar por la economía del mercado, ni por la ola de mundialización.

NOTAS

1.Ver de León Zamosc su trabajo "Estadísticas de las reas de predominio étnico de la sierra ecuatoriana. Universidad de California, San Diego, 1994 (manuscrito).

2. El libro que toda persona interesada en los indígenas y en el Ecuador debería necesariamente leer es el de Galo Ramón y sus colaboradores: "Actores de una década ganada", ediciones COMUNIDEC, Quito, 1993.

3. Roberto Santana,"Paysans de Salinas: au délà du Chimborazo", revista l'Ordinaire du Mexique et de l'Amerique Centrale, IPEALT, n° 146, juillet_aöut 1993, Toulouse.

4. Francis Fukuyama, "La fin de l'histoire et le dernier homme", Flammarion, 1992. Paris.

5. Colin Crouch et W.Streeck "Les capitalismes en Europe", La Découverte, 1996. Paris.

 



[1] Seminario « Indígenas y Minorías étnicas » Quito, Nov. 1994.


 

CONSTRUCCION TERRITORIAL REGIONAL, UNIVERSIDAD Y CIENCIAS SOCIALES[1].

1999

Lo que voy a decir está fundado, mucho mas que en la teoría de las ciencias sociales, en los resultados de investigaciones realizadas en diversos lugares y momentos en América Latina, así como en las enseñanzas sacadas de la crisis de las ciencias sociales que se ocupaban del desarrollo en las décadas de los 70 y 80. El estado de desarrollo de las ciencias sociales en Chile, escapa a esta ponencia, no porque el tema no es importante sino porque equivaldría a otra ponencia.

 

El modelo actual de crecimiento económico hace que los temas relativos al desarrollo regional se deban discutir desde ángulos no tradicionales. Ello es obligado porque el ordenamiento territorial propio del modelo nacional/proteccionista de planificación centralizada no funciona mas y porque en el nuevo modelo de desarrollo los actores locales y regionales están llamados a asumir la responsabilidad principal por el destino de los espacios donde habitan. El trabajar por la emergencia de actores regionales y locales conscientes de esta nueva realidad y, por lo mismo, susceptibles de articularse entre ellos, de imaginar sus empresas o sus iniciativas como formando parte de la construcción de un territorio social -lo que equivale mas o menos a aquello que se ha dado en llamar los  sistemas de actores regionales-,  dotados de capacidad de creación estratégica y artífices de un desarrollo que corresponda a las expectativas de la sociedad, debería ser uno de los proyectos claves de toda Universidad con vocación regional. Se insistirá aquí en la importancia decisiva de la investigación social en tal perspectiva. 

 

Las investigaciones que se han realizado y que se llevan todavía a cabo en el marco de nuestra colaboración (Universidad de Los Lagos/Universidad de Toulouse le Mirail, de la cual surgió el CEDER ) están demostrando hasta qué punto es importante para la Región de Los Lagos, como para la Universidad, concebir la problemática de la formación permanente como tratándose de algo así como la creación en el seno de la población regional de una suerte de « cultura de la estrategia » destinada a habilitarla para enfrentar los nuevos desafíos. Parece estar fuera de duda que la posibilidad del desarrollo diversificado y durable  va a depender en gran medida de la propia capacidad creativa de la sociedad regional al interior del marco de la descentralización, de los procesos inducidos por ésta y, por cierto, de los financiamientos externos a la región.

Desafíos para los actores regionales.

Los actores regionales y locales  están llamados a jugar como nunca antes el rol decisivo en el desarrollo y en el ordenamiento del territorio, proceso que nosotros preferimos denominar de « construcción territorial » por la sociedad. Las opiniones parecen coincidir en que la Xa Región -como las otras regiones chilenas- no se ha dotado hasta aquí de una verdadera estrategia de crecimiento y desarrollo durable, proponiendo un perfil de sociedad territorializada que corresponda a una valorización compleja de sus riquezas, de su historia cultural y de sus potenciales humanos. Así, por ejemplo, se ha señalado la debilidad o ausencia de mecanismos suficientemente dinámicos y de medios indispensables a incitar a los productores a desarrollar comportamientos innovantes, articuladores y de cooperación; se ha hecho notar igualmente la pobreza de conocimientos y de información que manejan para orientar decididamente sus esfuerzos sobre producciones innovantes con mayor valor agregado. En la misma perspectiva se ha señalado la ausencia de estrategia para motivar y/o inducir a los múltiples actores locales a concebir una integración enriquecedora de los espacios culturalmente diferenciados que conforman la Xa Región de los Lagos (L’Ordinaire Latinoaméricain, 1997).

 

En suma, el montaje estratégico de la Xa Región es por ahora mas bien banal y no se diferencia grandemente con aquél de las otras regiones del país: aparece desprovisto de perfil identitario, y de opciones técnicas y políticas de largo alcance tocando a la diversificación económica, a la conformación de capacidades de innovación local, a la valorización de la diversidad cultural, y a la producción de valor agregado regional. Por esto mismo, como lo hemos dicho en alguna parte, la Xa región no parece estar en condiciones  de abrir en el corto o mediano plazo una serie de « brechas estratégicas », o de « grandes trabajos ».

Ahora bien, es precisamente en esta carencia donde toma cuerpo y adquiere sentido la noción de una « cultura de la estrategia » impregnando la sociedad regional, y fundando los comportamientos sociales. El tema fue enunciado en el I er Simposio que tuvo lugar en Noviembre de 1996 en esta misma Universidad bajo el título de Globalización en la Xma Región y su contenido  debería ser objeto de importante debate en las regiones, puesto que es pertinente a la superación de una serie de escollos o “ nudos » de frenaje” a la iniciativa de los actores territoriales ... Cuando se habla de una « cultura de la estrategia » se hace alusión a la capacidad de los individuos y de los grupos sociales a pensar y a accionar en una dimensión prospectiva, resultante ella misma de una consciente inmersión simultánea de los sujetos en tiempos múltiples (presente/pasado/futuro). Toda sociedad local o regional está hoy obligada a  posicionarse en tiempos largos, incluso en tiempos que corresponden a los intereses de la generación que va a suceder a la presente. Ella lo hará con mas o menos inteligencia si se afirma sobre su pasado en la interpretación de su presente. Conceptos como la prospectiva, el diagnóstico de las evoluciones, el análisis estratégico, el proyecto, lo organizacional, el ordenamiento del espacio, el planning o calendario de actividades etc. pasan en tal perspectiva a ser interiorizados, a transformarse en condicionantes de los comportamientos y en su asimilación por los individuos terminan por ser parte de la cotidianidad.

Hay muchas interrogaciones, en efecto, que tienen su piedra de toque en esta noción de « cultura de la estrategia », en realidad una nueva cultura, llamada inexorablemente a desarrollarse en el proceso de modernización de la sociedad.

¿Cómo sino hacer posible una mejor articulación entre los procesos globales y el desarrollo local ?. Por ahora estamos en un contexto nacional de investigación dominado por una considerable distancia entre la reflexión global y el approach de lo local. A propósito del primer nivel, la reflexión chilena consiste hoy, con mucho, en seguir a través de las grandes tendencias la evolución de las regiones político-administrativas para designar aquéllas que ganan y aquéllas que pierden, para detenerse largamente sobre el apasionante tema de la redinamización de la metrópolis. Es lo que podríamos llamar el nivel « globalista » de comprehension de la realidad, approach que se nutre ampliamente de una importante literatura internacional.

Los que se interesan en los problemas de la construcción regional ella misma tienen menos suerte pues los temas relativos a lo local circulan menos, y aquéllos relativos a la articulación de los dos niveles son mas bien raros. Así, no es extraño que muy a menudo la mayor parte de los investigadores u observadores de la vida local caigan fácilmente en la esfera del pensamiento oficial, sin crítica de método, de doctrina ni de vocabulario, y que otros caigan en la trampa de posiciones puramente defensivas, sin proposiciones constructivas. Se podría decir que el razonamiento complejo de la prospectiva demora en hacerse presente porque la sociedad regional misma « no está ahí » todavía. La cuestión de cómo soldar la fractura entre lo global y lo local y de pasar a una visión « articulada » del desarrollo queda así planteada como un desafío para las ciencias sociales.

Otra dicotomía que debe ser enfrentada por los actores territorializados es aquélla que traza lindes mas o menos rígidos entre lo público y lo privado, para ubicar en lo público lo que es desarrollo social y en lo privado lo que es desarrollo económico. Los dominios de interacción son, sin embargo, abundantes pero hay que definirlos y delimitarlos. Aumentar las fuentes de ingreso de la población no tiene porqué tener una « carga » semántica no productiva, así como la formación de la mano de obra no tiene porqué ser exclusiva responsabilidad del sector público...

¿Cómo crear las condiciones para una reconciliación indispensable entre la economía y la política ?, sobrepasando así una ruptura que si bien puede explicarse en el pasado como fruto de la primacía de las emociones y pasiones en la gestión de la sociedad, hoy responde mas que a una racionalidad instalada a las debilidades del sistema de partidos y a las formas que adopta el funcionamiento democrático. El sistema político regional, antigua víctima del centralismo santiaguino, hace prueba de tal rigidez y conservatismo que juega sino un rol de freno, al menos un papel muy ambiguo, en cuanto al papel que debería jugar la región en promover y estimular las iniciativas locales. En particular, se muestra reacio a entender, y por lo mismo, a procesar la importancia de la diversidad cultural en la construcción regional. La recreación del lazo perdido (o que nunca existió) entre la política y la economía en el nivel territorial será crucial en las proyecciones estratégicas.

 

¿Qué hacer con la diversidad cultural ? Con esta interrogante, que no es la última de importancia para la región, cerraremos la referencia a los dominios donde la generalización de una « cultura de la estrategia » debe mostrarse como el instrumento eficaz para el fomento de la creatividad social. La riqueza de la diversidad cultural en la región y la necesidad de su procesamiento como factor de desarrollo es un tema « virgen » por así decirlo en la reflexión y en la práctica investigativa.  Por ahora, en los medios institucionales esta diversidad es mas bien sensibilizada como « problema », cuando debería por el contrario ser considerada como una ventaja comparativa de carácter excepcional. ....

 

Las ciencias sociales y la « cultura de la estrategia ».

Como ya he dicho, cuando hablamos de una « cultura de la estrategia » estamos aludiendo a la capacidad de los individuos y de los grupos sociales a pensar y a accionar en una dimensión prospectiva. Conceptos como la previsión, el análisis estratégico, el proyecto, lo organizacional, etc. adquieren obligatoriamente una vigencia cotidiana, marcando el comportamiento individual y de grupo. Este ejercicio de previsión, que en las sociedades tradicionales correspondía a un cierto automatismo social y en las sociedades rurales sobretodo a los ritmos marcados por la naturaleza, se desarrolló y complejizó considerablemente con la modernización de la sociedad en este siglo. Sin embargo, por una suerte de división del trabajo convencional, la responsabilidad de la previsión durante el ciclo de la economía protegida fue acordada a la tecnocracia del Estado, la cual « liberaba » por así decirlo (o excluía) a la sociedad civil del esfuerzo prospectivo. Hoy, en medio del ciclo neo-liberal de la economía, la previsión estratégica adquiere las características de una  verdadera « construcción social », de un trabajo prospectivo de creación colectiva, puesto que son todos los actores, toda la sociedad la que queda sometida a la tensión estratégica. La fórmula « proyectarse o morir » podría resumir la trascendencia de la cuestión.

El razonar estratégico no se hace en el vacío, la estrategia es una respuesta a contextos, a condicionamientos y a determinaciones que están dados para todos los individuos en un momento histórico determinado. El conocimiento de la evolución socio-histórica de los territorios, de la diversidad y complejidad de los elementos determinantes de los contextos al interior de los cuales los individuos y los grupos están posicionados estratégicamente, es la fase primera y, sin duda, la fundamental en la creación prospectiva.

El número y el rol de los actores del desarrollo se ha complejizado en la nueva etapa de la acumulación capitalista como derivación de los principios que la dinamizan : oportunidad, flexibilidad, complejidad, diversidad cultural. Todo ello representa para el trabajo científico rupturas radicales, que Boisier ha bien sintetizado en referencia  al nivel regional, diciendo lo siguiente : «  No es nada aventurado sostener que una política nacional de desarrollo regional, para cualquier país que verdaderamente quiera aparecer como sujeto en el escenario real del Siglo XXI y no sólo mirar el calendario, presupone un cambio epistemológico, es decir, un cambio en los fundamentos científicos de la « cuestión regional ». Cambio epistemológico inserto en un abanico de cambios paradigmáticos: reemplazo del paradigma positivista por el nuevo paradigma constructivista, reemplazo del paradigma analítico por un nuevo paradigma complejo, reemplazo del verticalista paradigma regional (del centro hacia abajo) por un paradigma  sincrético (capaz de combinar dos doctrinas) que mezcla inteligentemente las fuerzas  exógenas del crecimiento regional con las fuerzas endógenas del desarrollo regional » (Boisier, 1996).

Lo anterior significa un verdadero desafío para las ciencias sociales. Significa que, en general, en su labor investigativa no se trata solamente de la aplicación del corpus conceptual  tradicionalmente « constituido » de alguna de las ciencias sociales a la realidad regional, sino que de un esfuerzo científico y de reflexión articulador destinado a adaptar los instrumentos científicos a un enfoque original de la práctica científica y del desarrollo, posibilitando así el enunciado de nuevos conceptos y el ensayo de nuevos métodos. Quiere decir esto, que las ciencias sociales no han terminado de construirse y que el abordaje de los nuevos desafíos del desarrollo representa  para ellas un terreno de ensayo susceptible de facilitar su progreso.

El desarrollo regional, con sus nuevas implicaciones en términos de competitividad (ligada a la flexibilidad y a la oportunidad), de reconversión económica (ligada a la innovación permanente), de mejoramiento de la equidad (entre los grupos sociales y entre los territorios),  plantea entonces problemas que van mas allá de la simple « ingeniería tecnocrática » característica de la planificación territorial en el modelo de sustitución de importaciones. Si la nueva construcción territorial va a ser efectivamente una empresa resultado de la conjunción de intereses, de ideas, aspiraciones y proyectos  del conjunto de los actores es que la  producción y difusión del conocimiento regional y local pasa a constituir el primer factor de una política de desarrollo exitoso, es decir, durable. Pasa también a constituir el centro neurálgico de la problemática Universidad/región. En dos niveles será decisivo el desarrollo de los esfuerzos cognitivos que la Universidad puede y debe estimular a propósito de la realidad regional.

Uno, en provecho de lo que podríamos llamar una « formación difusa » orientada al conjunto de la sociedad, con conocimientos e información acerca  los grandes desafíos regionales, de las perspectivas locales, de la oportunidad de intervención de los actores, de los problemas de coordinación intersectorial, de la organización de la acción colectiva. El bagaje de información, la habilidad y las competencias técnicas de los habitantes de la región es lo que va a condicionar la constitución de los indispensables « sistemas de actores » territoriales con capacidad de proposición, con espíritu de innovación, aptos a la comunicación y a la articulación a distancia o en proximidad. Su constitución significa que la región está creando nuevas ventajas no ya simplemente comparativas, sino competitivas, las cuales aumentan por cierto las potencialidades del desarrollo.

Dos, en el de la transformación de la información en conocimiento para la acción regional . El tema es descrito por Boisier en el mismo trabajo antes citado, en los términos siguientes : “ hay una producción creciente de información pero no es nada de seguro que la producción de conocimiento se haga a un ritmo comparable. Para los gobiernos territoriales, enfrentados a los complejos desafíos descritos...la transformación de la creciente masa de información (principalmente bajo la forma de dato estadístico) en conocimiento para la acción es crucial ». La cuestión planteada puede ser entendida con mas largueza todavía: se puede sostener que es no solamente la transformación de información bruta en utilizable por los que toman decisiones, sino que también la adaptación de los productos de la investigación científica académica a las necesidades de la práctica (la cuestión del « puente » indispensable entre lo formal académico y lo utilizable pragmático).

El esfuerzo por la producción y difusión regional de conocimientos  es la condición misma de la emergencia de esa « cultura de la estrategia » que es un poco el centro de preocupación de esta ponencia.

 

Las ciencias sociales del desarrollo se reposicionan.

 

En su relación al tema del desarrollo las ciencias sociales han pasado por una profunda crisis de la cual tratan de salir, no sin grandes dificultades. Veamos esquemáticamente algunas enseñanzas de estas experiencias en algunas de las ciencias sociales, puesto que ellas pueden ilustrar mejor, u orientar, lo que conviene a la realidad universitaria regional. Muchas de las referencias que siguen se nutren por cierto de la experiencia francesa (Guichaoua et Goussault, 1993, en particular).

La conclusión mayor, sin duda, es la constatación que no existe mas un paradigma teórico-analítico único, sino una diversidad de aproches que se conjugan y que se interpelan. Si este postulado tiene valor universal en las condiciones de la globalización, en lo que se refiere a la región en particular, la búsqueda de un nuevo paradigma como objeto de las ciencias sociales parece haber quedado fuera de juego : la cuestión de las sociedades y su territorialidad estando cruzada por la inserción creciente de variables que son de menos en menos cuantificables porque apelan de mas en mas a elementos de la subjetividad individual y colectiva, de la historicidad y de la cultura. La lección parece ser que cada región debería crear « su » propio modelo de desarrollo.

El investigador en ciencias sociales interesado en el desarrollo parece haber descubierto su lugar después de un período de confusión ligado a la crisis de esa suerte de división del trabajo que  caracterizó al período histórico reciente: la distinción entre teóricos sin práctica y técnicos o profesionales sin teoría, creando una especie de « espacio vacío » o una « zona de sombra » impidiendo la comprensión a-ideologizada de la realidad. Ese espacio debería necesariamente ser llenado, y el investigador social parece ser el mejor habilitado para tal empresa ; puede asumirlo como su dominio principal y cubrir así el eslabón faltante al dispositivo de la producción de conocimientos.

El posicionamiento disciplinario tiende a cambiar. La repartición de tareas entre las disciplinas se hace ahora en función de nuevas cuestiones y se producen, contradictoriamente, aperturas hacia nuevos dominios científicos pero también repliegues o movimientos de autocentraje, de la misma manera que se recrean las alianzas inter-disciplinarias. Estos múltiples movimientos parecen marcar la búsqueda de un mas nítido perfil identitario, de afirmación de legitimidad, al mismo tiempo que una delimitación de espacios y de terrenos de entente.

De la conocida alianza de la sociología con la economía, de la cual el producto mas importante fue la teoría de la dependencia, se ha pasado, por ejemplo, a la alianza de los economistas institucionales, de los politólogos y de los economistas neo-clásicos en torno a una nueva teoría de « gestión del desarrollo » : la governance o « uso de la autoridad política, la práctica de control sobre una sociedad y la gestión de sus recursos para el desarrollo social y económico », en la definición del Banco Mundial .

El  redescubrimiento del espacio por los economistas, bajo el prisma de los territorios y de la territorialidad, encontrándose en su camino con ciertas preocupaciones de la geografía económica y humana. Una suerte de geografía de la « proximidad » está así naciendo en base a la valorización de las condiciones locales, las relaciones personales de los agentes económicos, el aprendizaje, el anclaje territorial de los recursos y de las instituciones (Pécqueur, 1996). Contrapeso de los impactos de los procesos globales.

Mientras tanto, la geografía económica tiene fuertes dificultades para integrar las aportaciones que surgen de otras disciplinas como la sociología, la antropología o la etnografía, no tanto como, dice Herniaux debido a la incompatibilidad « genética » entre sus paradigmas esenciales y los de dichas disciplinas, sino mas bien por efectos de repliegue o de bloqueos que obedecen principalmente  a razones institucionales y/o a hábitos instalados (Herniaux, 1995).

La sociología, por su lado, ha hecho casi abandono del tema privilegiado de las contradicciones y de los conflictos para pasar a una sociología « constructivista » de la cual es buen testimonio su preocupación por el tema de la « construcción social » de territorios. Este desplazamiento de dominio científico es a la vez una búsqueda conceptual que se conjuga con un renovado interés por el espacio y el desarrollo, en una visión mas pluridisciplinaria que de estricta economía, donde disciplinas  como la sociología, la historia, la filosofía, la antropología y la etnología adquieren un lugar importante que es reconocido como legítimo por los economistas y por los geógrafos.

El tema cultural ha adquirido un lugar especial en las nuevas preocupaciones acerca del desarrollo y a ello son sensibles las ciencias sociales. En el nivel de las regiones, como dice Herniaux en su artículo ya citado, ellas  « pueden ...contener grupos sociales y económicos que se manejan a velocidades diferentes  y en respuesta a sus cosmovisiones  explícitas o intuitivas, que incluyen una visión del tiempo y otra del espacio, ambas organizadas en un paradigma central de cada grupo social. La región es entonces una articulación  «coherente de articulaciones sistémicas entre diversos grupos y cosmovisiones espacio-temporales » . En suma, la economía, con sus frías estadísticas y matrices no puede sino ganar con la perspectiva cultural y así los economistas buscan en el nivel regional « el reconocimiento de procesos de larga duración y las fracturas, la importancia del medio ambiente cultural, político, histórico, tecnológico, que a menudo son considerados como exteriores, como dados en el análisis » (Pecqueur, 1996).

En resumen, las ciencias sociales interesadas en el desarrollo están en plena ebullición, buscando responder a una demanda nueva que consiste en la producción de conocimientos, orientadas por nuevas exigencias : análisis transversales, pluridisciplinarios, diversificados, de jerarquía diferente, etc.., a la vez orientados a la praxeología, a la toma de decisiones, pero y sobretodo, destinados a la comprehension intrínseca de la historia, de la identidad, de las mentalidades, de los saberes de los habitantes y de los patrimonios sociales. La problemática de la construcción social de los territorios, les ofrece un terreno favorable al desarrollo de los intercambios y  de creación de nuevos conceptos y metodologías.

Las ciencias sociales en la Universidad regional.

En las Universidades de la X Región las ciencias sociales, por razones históricas ligadas al centralismo, tienen en la actualidad un desarrollo apenas embrionario y, por lo mismo, la producción de conocimientos acerca de la región es escasa. La formación superior y la investigación en general han sido el monopolio de las grandes universidades tradicionales, en Santiago, Concepción y Valparaíso.

La Universidad Austral, la mas antigua en la región, nació con vocación tecnológica y en su desarrollo los estudios superiores (post grados y doctorado) continúan teniendo esa orientación predominante (magisters en ciencias, agrarias, forestales, etc.). Son estudios evidentemente adaptados a la realidad de los sectores económicos que caracterizan la región y responden a  la demanda del mercado. Un diploma ligado al análisis regional muestra el interés por los temas de la economía y sugiere la apertura hacia otras ciencias sociales, principalmente la sociología.

La Universidad de los Lagos, guarda aunque en menor medida la orientación tecnológica de la UACH, pero desarrolla con interés las ciencias de gestión y comercio y acuerda un lugar importante a las formaciones pedagógicas. Es en estos dominios que emerge una cierta capacidad de investigación ligada a la problemáticas  de las ciencias sociales, pero ella está dispersa en diferentes estructuras universitarias, que colaboran poco, y en la práctica las investigaciones se efectúan a título personal, a la demanda de entidades privadas o públicas (Boissard, 1997) y sus productos quedan como « informes de consultoría » sin sobrepasar, por razones comprensibles, el estado de la confidencialidad. Las publicaciones en revistas de alguna difusión son raras.

Las condiciones estructurales para la promoción de investigadores jóvenes, con niveles de post-grado o doctorado, condición de base para crear una « masa crítica » de investigación social en la región son desfavorable, por ahora, dada la relación enormemente disimétrica entre investigación y enseñanza medida en términos de personal/tiempo de dedicación. Por esto mismo, la creación del Instituto de Estudios Avanzados propuesto en 1996 en la  Estrategia de la Universidad, uno de cuyos centros de interés es precisamente la problemática de la región, no puede sino ser saludada como una idea alentadora, puesto que es un instrumento que mira a una formación de alto nivel promoviendo una modificación significativa del orden de cosas actualmente existente. En todo caso, esta  iniciativa no dará sus frutos sino en el mediano y largo plazo. La evolución de los niveles de excelencia académica es un proceso que tiene un ritmo mas bien moderado, requiere de cambios estructurales ligados a la relación enseñanza/investigación medida en términos de tiempo, de financiamiento, de nivel científico de los personales. Mientras tanto, cómo la Universidad puede avanzar mas rápido, llenar el vacío en términos de conocimientos para la acción estratégica, y cumplir así su rol de difusora de conocimientos al nivel de la sociedad regional ?

La globalización, con sus exigencias de saberes de complejidad aumentada, de circulación rápida de información útil, de ayuda científica sistemática a la decisión, ha sorprendido a las regiones periféricas, como la Xa Región, sin capacidad instalada de investigación en ciencias sociales. ¿Cómo ganar tiempo ?  Se puede imaginar, por ejemplo, que a partir de un reducido « núcleo científico activante » se crea toda una actividad programada de producción y difusión de conocimientos.  Su éxito depende de  palabras claves como articulación, animación, apertura disciplinaria. Traducido a la escala osornina esto puede traducirse en puntos como los siguientes :

-tiempo completo a la tarea de investigación propia y de organización y desarrollo de la investigación científica universitaria ;

-articulación intra : destinada a crear nuevas sinergias por la asociación de personas o equipos de estructuras diferentes existentes en la Universidad, en torno a proyectos concretos ;

-articulación externa : que mira a la asociación para acciones de investigación o intercambio con personas o equipos de otras Universidades, pero también con personas u organismos públicos o privados ;

-la animación sistemática de seminarios de estudio, de jornadas « puertas abiertas » con participación múltiple : los interesados en la práctica regional (educadores, prácticos del desarrollo, ONG), los responsables de Región, los universitarios. Esta actividad implica acciones pre (contactos, publicidad, organización) y post (seguimiento, publicaciones) ;     

-en el plano de las aperturas disciplinarias : el « núcleo activante » debería trabajar en el sentido de promover el abandono del terreno confortable de la disciplina los (geógrafos con los geógrafos, los economistas con los economistas...) para así enriquecer los intercambios conceptuales y los métodos de investigación, para aumentar la capacidad individual de investigación en base a asociaciones o alianzas interdisciplinarias.

Para terminar : la Universidad y la Xa Región podrían, interesando tal vez a otros « partenaires », propiciar la actividad de un « núcleo científico activante » de carácter permanente que responda al perfil de las tareas enunciadas mas arriba. Ello se inscribiría en la misma línea de preocupaciones del Instituto de Estudios Avanzados y en la aserción de Boissard que señala cómo « la Universidad (de Los Lagos), todavía muy joven, ha dado muestras de un espíritu de innovación en vías no tradicionales y de un cierto dinamismo para adaptarse a los nuevos desafíos y encontrar soluciones ».

Invertir en ciencias sociales puede parecer a algunos una operación poco rentable, pero esta posición no toma en cuenta que en los países desarrollados  esa inversión es « recuperada » socialmente, en forma de « masa disponible » de conocimientos de la cual se nutre la política pública y de la cual emerge también, por una buena parte, esa « cultura de la  estrategia » que impregna a la sociedad y que permite a los actores sociales hacen vivir la política y construir sus territorios.

BIBLIOGRAFIA.

-Boisier, Sergio, La geografía de la globalización : un único espacio y múltiples territorios, ponencia al Ier Congreso Interamericano del CLAD, « Reforma del Estado y de la Administración Pública », Rio de Janeiro, 7 y 9 de npoviembre de 1996.

-Boissard, Stéphane, « Evolution de l’enseignement supérieur au Chili : l’Université des Lacs d’Osorno dans le contexte de libéralisation de l’Education et sa projection dans le développement régional, revista LIDER, n°4, 1997 (en prensa).

-Guichaoua, André et Goussault, Yves, Sciences sociales et développement, Armand Colin,   Paris, 1993.

-Herniaux Nicolas, Daniel, « La región insoslayable » , Revista EURE, vol XXI, n°63,    pps.33-40, Santiago, junio 1995.

Pecqueur, Bernard (editor), Dynamiques territoriales et mutations économiques, ediciones l’Harmattan, Paris, 1997.

-Santana, Roberto (editor), Dossier « Chili : globalisation et construction territoriale. La    Région des Lacs », revista l’Ordinaire Latinoaméricain, n°168, abril-junio 1997, Université de Toulouse Le Mirail, Toulouse, Francia.

 

 

 



[1] Conferencia, Universidad de Los lagos, Osorno, Chile abril 1999.

 

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MODERNISMO ORGANIZACIONAL Y LUCHAS CAMPESINAS

Roberto SANTANA

Chargé de recherche au CNRS, membre du GRAL/Toulouse

ATP Retimo du CNRS (1984)

Dada la importancia que se atribuye al trabajo teórico de Eric Wolf en la interpretación de la dinámica política de les campesinos latino-americanos, hemos creído útil tomar su obra como punto de partida, no para insistir sobre el campesinado en insurrección revolucionaria, sino mas bien para abrir una ventana desde la cual mirar ese universo campesino mas vasto que ha caminado en las ultimas décadas sobre todo por los senderos de la integración al sistema.

Los casos presentados por Wolf corresponden a insurrecciones campesinas "triunfantes", por así decirlo, al interior de proyectos políticos y sociales más globales, con lo cual no hace más que dar fuerza a su afirmación en el sentido que "le facteur décisif qui rend possible l'insurrection paysanne est la relation entre la paysannerie et le champ de pouvoir qui l'entoure (Maspero, 1974, p. 299).

Si por campo de poder entendemos no solamente el Estado, sino también las fuerzas políticas de oposición (revolucionarias o no) y otros agentes mediadores entre la llamada "sociedad global" (en los hechos urbana) y los campesinos, el postulado de Wolf nos permite también interrogarnos acerca de porqué tanto campesinado latinoamericano en este siglo no se ha insurrecionado ni ha participado de revolución victoriosa habiéndose, sin embargo, implicado muchos de ellos en amplias y a veces radicales movilizaciones.

El punto de partida para una tal orientación reflexiva parece estar en un rasgo que es común a los casos de México y de Cuba pero que no aparece suficientemente puesta de relieve por el autor de las Guerras campesinas del siglo XX, es decir la cuestión del estado organizacional de los grupos de campesinos a la hora en que se sienten atraídos por o hacia la insurrección.

Wolf trata, a nuestro juicio, campesinados que seguramente ofrecen más diferencias de las que habitualmente se sugieren (precaristas-caficultores de la Sierra Maestra, peones, sub-proletarios y campesinos pobres fuertemente mestizados del Norte “villista” y los campesinos de las comunidades indígenas del Morelos “zapatista”) pero que poseen un rasgo fundamental en común : en los tres casos el estado organizacional de los campesinos es “tradicional” ( si se puede hablar de “estado organizacional”) o, para decirlo con la formula de Mercier-Vega, mas bien parece que estamos en presencia de organizaciones campesinas "naturales" (1978, p.124).

_En lo que concierne al zapatismo, las cosas no pueden ser más claras : la base social se estructura conforme a las prácticas tradicionales indígenas y Zapata mismo recibe su primera investidura como líder de manos de una asamblea de todos los miembros de la comunidad de San Miguel Anecuilco presidida por el Consejo de Ancianos de la Comunidad (p. 43). A la cabeza de ese comité de defensa de las tierras comunitarias el futuro líder mexicano hará sus primeras armas y fundará su prestigio entre las masas indígenas que luego lo acompañarán en la revolución.

Las cosas son menos claras tratándose de los sectores sociales que estuvieron en la base del ejército villista en el Norte. Wolf destaca la diversidad de grupos sociales en el Chihuahua de la época y la movilidad de su población rural pero sobretodo el rol de los peones de hacienda o vaqueros dedicados al cuidado de los rebaños de vacas, hombres de a caballo, a los cuales "il y avait aussi liés (...) des groupes illégaux de contrebandiers, de bandits, et de voleurs de bétail qui profitaient à la fois de la proximité des Etats-Unís et de l'asile que leur offraient montagnes et déserts" (p. 49). El núcleo organizacional de base del villismo no es otro que la "banda" armada (Pancho Villa siendo uno de los principales jefes de banda) y los .principios directores la adhesión al jefe y la organización semi-militar o si se quiere ya, la guerrilla.

En el caso de las bases campesinas de lo que iba a ser el Ejército Rebelde de Fidel Castro, que no fueron ni muy amplias en extensión geográfica (en realidad la cuenca superior del río Yara y la cuenca superior del río Contramaestre) ni muy importantes demográficamente, no hay trazas ni de organización comunitaria tradicional ni tampoco de organización moderna antes de la llegada de los hombres del Gramma. Precaristas aislados sobre tierras en extremo accidentadas, el carácter más bien reciente del poblamiento y el acoso de los hacendados y de los guardias batistianos habían impedido la emergencia de cualquier organización y más aún, de estructuras comunitarias. El movimiento 26 de Julio no tenía en esas zonas más que "contactos", aquellos próximos de los hombres claves con que va a contar la guerrilla, Crescencio Pérez ( negociante en ganado y gran conocedor de la Sierra occidental) y Guillermo García (campesino y también negociante en ganado), ambos destinados a devenir comandantes de la Revolución (Lacoste, tomo III, p. 49 y Wolf, p. 277). Aquí, la organización tradicional se ve que es inexistente.

El hecho de que muchas movilizaciones campesinas de carácter radical, observadas en numerosos países en los últimos decenios, no hayan desembocado en insurrecciones revolucionarias tales como en los casos anteriores, seguramente no tiene tanto que ver con la aptitud mas o menos general de los campesinos a transformar la dominación en violencia e insurrección sino más bien con la aparición de espacios políticos al interior de los cuales las demandas campesinas pueden ser procesadas políticamente,  El fenómeno del surgimiento y desarrollo de organizaciones de tipo moderno entre el campesinado latinoamericano aparece íntimamente vinculado a esta evolución, al menos en lo que se refiere a los países con fuertes contingentes rurales.

Las organizaciones modernas vendrían, por un lado, a jugar un rol d'encadrement, necesario para domeñar el "anarquismo y la visión apocalíptica del mundo" que constituyen según Wolf "le moteur idéologique de la paysannerie rebelle" (pp. 303-304) y por otro, se trataría, y en esto seguimos a Huizer, del intento de orientar las frustraciones campesinas, sus resistencias y violencia contenida, en la perspectiva del desarrollo, en la busca de cambios a veces radicales en la estructura tradicional del poder rural. Lo anterior no quiere decir, que por la vía del escalamiento en las demandas y/o por la rígida y a veces agresiva actitud de los latifundistas u otros patrones, los métodos de tales organizaciones campesinas no lleguen a adoptar muchas veces las formas de la desobediencia civil y a veces hasta de la violencia (Huizer, 1974, p. 252).

 

El carácter determinante de una acción política venida desde afuera que impacta en un grupo campesino y altera su problemática, si bien ha sido puesto de manifiesto en algunos casos de ruptura de los equilibrios existentes a nivel de la sociedad global (México, Cuba pero también Bolivia), no lo ha sido tanto para los casos en donde la acción externa se orienta más bien por una integración al proceso político nacional, en vista de la conquista del poder por la vía del sistema ( Mercier-Vega, op.cit.).

Las formas organizacionales modernas, que las encontramos ya muy generalizadas en América Latina en los años 50 solo en rarísimas y excepcionales condiciones han surgido del seno mismo del campesinado, en un ámbito local: ellas muestran frecuentemente, por el contrario, la intervención de agentes venidos de afuera, aunque no siempre completamente extraños a los grupos campesinos. Aunque se trate de antiguos migrantes (ex obreros, ex mineros, estudiantes, etc. ) vueltos a sus lugares de origen, su rol en relación a la organización del campesinado parece ser sensiblemente el mismo, es decir, actuar como agentes del modernismo organizacional y, casi por norma, hacerlo en función de algunos vínculos con organismos políticos o institucionales externos (Hobsbawn, 1977).

La acción de los agentes externos se inscribe evidentemente en el contexto general de modernización de la sociedad, del Estado y de las clases dominantes y en ese mismo proceso el campesinado igualmente es impactado. Los agentes externos juegan más o menos por todas partes a la lógica de la integración/modernización y de allí va resultar que grandes sectores del campesinado van a ingresar al juego político al interior del sistema, sea bajo las estrategias del desarrollo de la comunidad, sea bajo las políticas de reforma agraria, sea en el  marco del

 

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desarrollo rural integrado, o aún más recientemente, siguiendo la estrategia de la autosuficiencia alimentaria. De cierta manera el campesinado "ha dejado de ser insurreccional" justamente por las nuevas relaciones que el mismo ha contribuido a desarrollar en los últimos decenios con el "campo de poder que lo rodea".

 

Lo que ha ocurrido puede ser descrito como un gran esfuerzo realizado por los agentes externos para evitar los puntos de ruptura del juego social, ellos mismos empeñados al nivel nacional en evitar esa "disjonction majeure" de que habla Wolf. De ese esfuerzo ha resultado que, salvo excepciones, la demanda o la protesta campesina ha sabido orientarse más bien hacia la obtención de reformas y cuando los campesinos han querido ir más lejos, radicalizándolas y radicalizando también sus métodos de lucha, ello no ha sido posible sino "desbordando" los marcos organizacionales formalizados.

 

La problemática de las organizaciones campesinas modernas y sus relaciones con la política en general y con las estrategias de desarrollo en particular, así como su rol de mediación entre los campesinos y la sociedad urbana-industrial, focalizado todo ello a partir de su propia existencia y actividad es un tema que cuesta seguir en la literatura francesa sobre América latina, en primer lugar por la escasa relevancia que los investigadores acuerdan a su problemática y, en segundo lugar, porque es al interior de otros temas más generales, sea sobre un país sea sobre el continente, adonde hay que ir a "descubrir" el sujeto. Más serio todavía, no siempre los estudios del tipo "movimientos sociales" hacen hincapié sobre las interioridades de la cuestión.

 

La primera recopilación hecha por Le Bot (Mouvement paysan : bibliographie) concerniente a los movimientos sociales campesinos y que consistía en 112 títulos todos pertinentes para el tratamiento de esa problemática, no arroja más de 25 títulos en los cuales el problema de las organizaciones campesinas aparece explícitamente enunciado, con un grado de alusión no despreciable, mientras que solo en una docena de ellos, es decir poco más del 10 ó apenas, el problema es tratado con una grado de elaboración crítica que permite ciertos avances en el conocimiento y sobre todo en la interpretación de los procesos sociales y políticos que involucran al campesinado organizado.

 

Hay una gran disparidad geográfica en la localización de las investigaciones hasta aquí realizadas, de manera que si hay algunos países "privilegiados" (Perú, Bolivia, Guatemala) hay otros donde el tema aparece casi inexplorado (Venezuela, Brasil, Colombia, entre los principales). Entre los países que siguen a los primeros de la lista estarían Chile, Ecuador, México.

 

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A pesar de lo anterior hemos creído que vale la pena tentar un balance en la óptica que hemos venido exponiendo, es decir, a partir del rol de los agentes externos en las organizaciones campesinas. Tal balance podría contener por ahora los puntos siguientes

1 - Los orígenes de las organizaciones;

2 - La diversidad;

3 - Las supeditaciones ideológicas y las dependencias políticas;

 4 - Las estructuras y los métodos;

5 - Las movilizaciones, las crisis y las tendencias recientes.

 

I

 - EN LOS ORIGENES: PARTIDOS, GOBIERNOS, IGLESIAS

 

Las primeras organizaciones campesinas modernas aparecen vinculadas a la actividad política de obediencia marxista o próximas del marxismo, en particular en los países en donde surge tempranamente un proletariado industrial o minero (Chile, costa del Perú, Bolivia, entre otros). Se puede decir que representan la tradición "heroica" de los llamados movimientos campesinos latinoamericanos. Nada de extraño, puesto que los marxistas han mirado siempre al campesinado como una fuerza revolucionaria potencial pero que para realizarse o para ser orientada estratégicamente necesita de una dirección exterior. Destinado a servir de soporte rural de la revolución proletaria, lo más 1ógico también es que este esfuerzo organizacional se haya orientado hacia los sectores sociales del campo considerados como los "más revolucionarios" y que por ello mismo haya privilegiado los trabajadores asalariados, es decir aquellos trabajadores agrícolas asimilables a la condición proletaria. Si en muchas ocasiones el estatuto mismo de asalariado no era tan simple, como en la mayor parte de las haciendas tradicionales, en particular en las regiones indígenas de las altas tierras, la orientación del trabajo organizativo no cambiaba: el instrumento privilegiado era siempre el sindicato agrícola, organización probada en diferentes latitudes, en la lucha anticapitalista. Las otras capas de campesinos, los minifundistas, los comuneros indígenas, los sub-proletarios del campo (trabajadores temporales diversos) serán vistas, en esta óptica, solamente bajo una posición supeditada a las expectativas del proletariado “puro”.

 

Los intereses de las capas no-proletarias van a ser recogidos al interior de este sindicalismo solo como puntos secundarios de su plataforma reivindicativa y de su accionar,  llegando a veces a configurar extraños cuerpos sociales al interior de los sindicatos locales o de las federaciones de sindicatos. Aunque algunas veces los marxistas tas latinoamericanos se plantearon el interés del cooperativismo más allá de 'su connotación capitalista (caso de Mariategui en el Perú) nunca sin embargo, visualizaron sindicalismo y cooperativismo como movimientos contemporáneos complementarios o convergentes. En su dialéctica al uno debía seguir, después del triunfo de la revolución, el otro.

 

En los orígenes de las organizaciones campesinas modernas vamos a encontrar igualmente la actividad de los anarquistas y también de un populismo, nutrido en parte, de ideas venidas del marxismo amasandose con otras venidas de la tradición cultural, como en el caso del aprismo peruano. Curiosamente el modelo de sindicato seguido por estas corrientes es muy semejante de aquel salido de las tendencias ortodoxas del marxismo, independientemente del carácter más radical y clasista del anarquismo y menos clasista y mas populista del aprismo en cuanto a las orientaciones de las luchas. A tal punto es la similitud de las prácticas entre los marxistas peruanos y los apristas que por ejemplo, preconizando el APRA la cooperativización utópica de toda la sociedad peruana (Bourricaud 1967, Santana 1977), toda su actividad práctica consistió en desarrollar el sindicalismo agrario.

 

El estudio de los orígenes del sindicalismo campesino, de las pugnas entre unas y otras corrientes que se disputan las mismas clientelas campesinas, la sustitución en una misma región o localidad de unas tendencias por otras en el control del campesinado, los desfasajes entre las estrategias y la actividad práctica de los animadores políticos entre los discursos y la realidad compleja de los campesinos, es sin lugar a dudas un tema difícil de abordar pues la documentación es escasa, frecuentemente unilateral (la voz dominante de las organizaciones) y los testimonios orales no son fáciles de obtener.

 

Un ejemplo de estudio como aquel editado por el Instituto de Estudios Peruanos sobre el valle de Chancay (J. Mejía y Rosa Diaz, IEP, 1975) es a este propósito excepcional. Para el caso boliviano los trabajos de Parrenin y de Lavaud (cERSIPAL, 1980) abordando el problema de los origenes del sindicalismo en el contexto de las tendencias indigenistas de los años 30 y 40 muestran toda la complejidad del abordaje de esta temática. Del sindicalismo aprista en la costa peruana los testimonios sin duda más importantes nos vienen de Bourricaud (1967) quien hace amplio uso de los archivos de periódicos. Del sindicalismo marxista en el campo de Chile central algunos elementos se encuentran en Santana (1980). Del anarquismo, existen algunas trazas ?

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Grosso modo clasista el sindicalismo descrito va a dominar con mucho la escena de los campos latinoamericanos en las decadas del 40 y del 50. En los años 60, al calor de las reformas agrarias o de su posibilidad, otras organizaciones aparecen compitiendo por las clientelas campesinas e impulsando también el sindicalismo, al mismo tiempo que otras capas campesinas ganan en interés para la movilización política y electoral, haciendo que también la cooperativa empiece a tener un lugar importante en la organización y movilización rural.

 

Por los años 50 había aparecido en los campos de algunos países otro tipo de sindicalismo o de actividad política externa destinado justamente a contrarrestar la influencia del llamado sindicalismo "comunista", es decir todo ese amplio movimiento descrito como la tendencia clasista. Se trataba de iniciativas de la Iglesia Católica, a veces incluso bien conservadora, pero también provenientes de sectores demócrata cristianos que iniciaban la larga marcha hacia el poder apoyándose en vastos segmentos de las clases medias. Latifundistas modernizantes prestarían también su apoyo a tales iniciativas.

 

Profundamente anti-clasista y anti-comunista y repudiando por lo mismo la acción exclusivamente política, la actividad de este sindicalismo campesino se orientará sobre todo en el sentido del mejoramiento de la vida campesina y de las condiciones de la producción agricola, dando importancia por primera vez a la capacitación productiva y a los servicios diversos prestados a los campesinos. En esto la diferencia es notoria en relación al camino exclusivamente político y reivindicativo del sindicalismo de clase. Su impacto será reducido, es cierto, entre las masas campesinas y solo estará presente en algunos paises, pero las referencias casi inexistentes en la literatura francesa que se ocupa de los problemas rurales y del campesinado latinoamericano no parecen justificarse completamente tanto menos que la suerte de ese sindicalismo ha sido muy diversa : en algunos casos sirvió de base al sindicalismo demócrata-cristiano en el poder (Chile) en otros fué golpeado por la represión junto al sindicalismo clasista (Brasil de los años 60), en otros en fin se hizo "marxisante", es decir se reoriento hacia el marxismo (Chile, Ecuador). Por otra parte, su orientación hacia el mejoramiento de las condiciones de producción del campesino, así como de la vida cotidiana de la familia rural ha sido recogida por diversas corrientes actuales, activas en los medios campesinos.

 

El Estado aparece como el gran agente organizador de los campesinos a partir de los anos 60, aún cuando pueden señalarse ejemplos importantes de intervención en los años 50, como el caso boliviano o el guatemalteco del

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periodo de Arbenz . En todos los casos el Estado aparece como el agente modernizador por excelencia, sobre todo en. lo que respecta a la modificación de las estructuras agrarias tradicionales, y es por ello que el máximo de actividad organizacional oficial se observa en el marco de las políticas de reforma agraria, donde se requiere de la movilización campesina para batir en retirada los intereses de las antiguas fracciones latifundiarias.

 

Aún cuando tal vez convenga hacer la distinción entre las actividades de organización campesina promovidas por gobiernos democráticos (como el Chile de Freí, como Venezuela de Acción Democrática) y aquellas promovidas por gobiernos populistas/revolucionarios (Bolivia del MNR o Perú de los militares) los rasgos comunes a estas operaciones oficiales de gran envergadura son muchos, como se verá mas adelante. Por ahora lo que interesa es destacar la importancia de un proceso de organización a escala nacional, el doble carácter de su orientación (a la vez desarrollo del sindicalismo pero también del cooperativismo) y el empleo de importantes recursos financieros, personal calificando y otros medios ; en fin, su condici6n de instrumentos electorales del partido o de los grupos en el gobierno.

 

El destino de organizaciones así promovidas será muy diverso y a veces la evolución será compleja. As¡ el sindicalismo boliviano creado en los años 50 para combatir la oligarquía terrateniente (Vellard, 1963) pasa en los años 50 a insertarse completamente en el esquema de la política oficial de los militares a través del pacto movimiento campesino militares (Lavaud 1981) para entrar en la década del 70 en una profunda crisis y búsqueda de nuevas orientaciones (Lebot, 1982), que apuntan sobre todo hacia luchas étnicas y antiestáticos. En Chile, el amplio movimiento de organización campesina impulsado por la Democracia Cristiana basculara/ ya hacia fines del gobierno de Freí y en particular durante los anos de la Unidad Popular hacia posiciones radicales de izquierda, mientras que, en Venezuela el amplio sindicalismo promovido por Acción Democrática (segundo periodo presidencial de Rómulo Betancourt) luego de depurarse de algunas oposiciones internas al oficialismo terminará por convertirse en un instrumento de canalización de beneficios hacia los campesinos y de recolección y conservación de los votos para el partido oficial (Huizer, 1973), insertándose así la FCV en el sistema político nacional. La similitud con el sindicalismo agrario mexicano aparece fácilmente, aunque aquí' las modalidades de la inserción política al sistema clientelistico encabezado por el PRI, partido en el poder, parece haber jugado el rol fundamental mientras que en Venezuela tal rol puede ser atribuido más bien a la abundancia de los "petrodólares".

 

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Si en los primeros tiempos del desarrollo del sindicalismo solamente ciertos sectores de' trabajadores del campo eran objeto como ya se ha dicho de atención por los agentes externos, puede decirse que a partir de los anos 60 la diversidad de los grupos campesinos tocados por el modernismo organizacional es enorme. Tal circunstancia esta íntimamente ligada a la diversidad y complejidad social y cultural de lo que se ha dado en llamar el "campesinado latinoamericano". De esta complejidad y de la dificultad de una aprehensión única testimonian en parte el debate tenido en 1981 a invitación de la Revista Etudes Rurales (n° 81-82) bajo el titulo "Les agriculteurs des Cordilléres sont-ils des paysans ?", así como otras publicaciones colectivas francesas citadas en la bibliografía de esta ATP.

Como quiera que sea, el movimiento organizacional moderno muestra una gran inclinación por subestimar tal complejidad y las diferencias socio-culturales que implica para hacer avanzar modelos organizaciones fuertemente homogeneizantes, tendencia a la homogeneización cuyos orígenes los veremos más adelante. No es por eso extraño que bajo la cobertura de sendas Federaciones o Confederaciones campesinas se encuentre una multitud de organizaciones de base de composición heteróclita : allí coexisten sindicatos de obreros agrícolas (abiertos muchas veces a aceptar otros sectores campesinos), comités, ligas o asociaciones de precaristas, cooperativas o asociaciones de agricultores minifundistas, comités de cesantes rurales, cooperativas de agricultores medianos agrupaciones de beneficiarios de la reforma agraria (actuales o potenciales), comunidades indígenas, etc.

 

Todo ese universo heterogéneo aparece vinculado a organizaciones nacionales, raramente regionales que pretenden enmarcar, disciplinar y dirigir lo que se ha dado en llamar en América Latina "el movimiento campesino". Las dificultades de conducción o de gestión de una tal diversidad de sectores del campo y de sus especificas reivindicaciones es una verdad que no necesita casi demonstración. Diferencias de eficacia, así como diferencias de dinámica de las organizaciones, son el telón de fondo general del cual se destacan dos situaciones mayores, plenas de consecuencias tanto para su continuidad como para su vigor al mismo tiempo que aparecen como ejemplares para mostrar que el "aglutinamiento" orgánico marcado por la lógica de aumentar fuerza esta lejos de representar una idílica convergencia de intereses. La una tiene relación con los trabajadores de los grandes dominios donde han coexistido o coexisten todavía las relacionas salariales puras con status transicionales y aún

 

II - DIVERSIDAD ORGANICA Y HETEROGENEIDAD SOCIAL

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con formas de servidumbre ligadas a la extracción de la renta/trabajo. Es difícil encontrar ejemplos de organizaciones que hayan salido airosas en la resolución de las diferencias de intereses propias a las diferencias de status del trabajador. Los casos del sindicalismo agrario de la costa peruana (enfrentado a la relación obreros agrícolas y formas de yanaconazgo) o del sindicalismo campesino de Chile central (relación obreros agrícolas/formas transicionales del inquilinaje puro) no son por cierto, los únicos donde se ha puesto de manifiesto tal complejidad con consecuencias negativas diversas (desde la neutralización hasta la crisis).

 

La otra situación a la que conviene hacer referencia en primer lugar porque toca a importantes contingentes campesinos es aquella en que el sindicalismo agrario o campesino se enfrenta al problema de las comunidades indígenas. Dos actitudes han sido adoptadas tradicionalmente : o bien simplemente se les ha dejado al margen del movimiento general, como ha sido generalmente el caso en la sierra ecuatoriana, o bien, la complejidad de la problemática ha sido simplificada al extremo, para no hacer aparecer sino la reivindicación de la tierra y de allí hacer aterrizar una organización sindical ad hoc cuyo destino no será en general brillante. En este ultimo caso la actividad del sindicalismo moderno parece estar muy lejos de haber implantado en el seno de ese campesinado estructuras modernas capaces de sustituir totalmente a las antiguas estructuras étnicas. Tal vez el caso de Bolivia es excepcional por la profundidad que alcanzó el movimiento de sindicalización pero aún así el modernismo organizacional, los sindicatos no habrían llegado a la sustitución total de las formas indígenas, tal como lo sugieren algunos trabajos, entre otros el de Vellard (1963 cita) y tal como parecen sugerirlo los actuales movimientos de fuerte contenido étnico.

 

Como quiera que sea, puede decirse que hoy en día son muy pocos los grupos campesinos y las localidades o regiones que no hayan sido tocadas por el modernismo organizacional en grados diversos, y por todas partes los agentes externos han jugado un rol de primer orden.

 

 

III - LA SUPEDITACION IDEOLOGICA Y LA DEPENDENCIA POLITICA

 

Si, de una u otra manera, las organizaciones modernas han contribuido a la defensa puntual de las reivindicaciones de los más diversos grupos campesinos, llegando muchas veces a obtener la satisfacción de demandas básicas por la vía de modificaciones incluso radicales a la situación tradicional, no es menos cierto que en una perspectiva de más largo alcance interesa mucho el problema de saber como las organizaciones han asimilado y procesado lo que podría designarse como los "intereses estratégicos" del campesinado.

 

Desde ese punto de vista pareciera que solo en los anos más recientes se da la posibilidad que sectores del campesinado sean capaces de producir sus propias políticas, sus propias estrategias. Sobre esto volveremos más adelante. La norma hasta ahora había sido la supeditación del "movimiento campesino" a las estrategias de lucha política en el sentido de la integración/modernización desarrolladas por las capas modernizantes, progresistas o revolucionarias de origen urbano. En particular a los proyectos políticos de la burguesía en ascenso, de la pequeña burguesía urbana en plena movilidad social y de un proletariado industrial, el mismo dependiente ideológicamente de aquéllas.

 

Si su relación con las fuerzas urbanas modernizantes puede ser considerado como un factor básico para potenciar la capacidad de organización del campesinado (Huizer, cit.) la contrapartida parece ser que los campesinos y en general la problemática del medio rural no entran en tales proyectos políticos sino como perspectiva de integración a una visión urbana de la sociedad rural. Esto trae como consecuencia a la vez implicaciones ideológicas, políticas y prácticas de fundamental importancia.

 

La ideología de los "movimientos campesinos" va a corresponder en alto grado a las representaciones que se hacen los ideólogos urbanos del lugar, de los intereses y aún de las utopías de los campesinos. La visión urbana, que ella corresponda a la más estricta ortodoxia de clase o al populismo progresista, por ser justamente urbana, no ha podido eliminar en su interpretación del mundo rural el riesgo de las simplificaciones originando y transformando en discurso, y a veces en práctica, un imponente proceso reduccionista de la complejidad agraria y campesina : reducción de les equilibrios campo-ciudad a la cuestión agraria, reducción de la cuestión indígena también a la cuestión agraria, reducción de esta última a la cuestión campesina, en fin, la reforma agraria al aumento de la producción, hoy en d a traducible por estrategia del autoabastecimiento nacional alimentario.

 

El fenómeno reduccionista propio de las representaciones urbanas acerca del campesinado y del mundo rural vehiculizadas por el organizacionalismo moderno es un tema apenas explotado en la investigación francesa. Las razones son comprensibles : un investigador es por definición un agente urbano, la documentación más accesible es aquella de las propias organizaciones, en fin las complicidades ideológicas y partidarias... Aparte de algunos esbozos de la cuestión (Joxe, 1977, Gros, 1983, Santana, 1979, Mercier-Vega, cit. entre otros) por el resto, es necesario ir a buscar en la literatura extranjera (UNRIDS, Diálogo sobre la participación, en particular el n 4, Cahiers de l'IUE: De l'empreinte     à         l'emprise,    etc ... ).

 

La supeditación ideológica señalada se acompaña de otra constatación no menos importante : el lugar político y los limites de la acción del "movimiento campesino"   van a quedar determinados por las conveniencias de     la política urbana, no importa que grado de tensión y movilización se haya desarrollado en el nivel local o regional. Cualesquiera que sean estas circunstancias ultimas, muy frecuentemente los ritmos, las modalidades y los desenlaces de las luchas serán adaptados a las exigencias de las pugnas por la conquista del poder a la escala nacional, allí el "movimiento campesino" aparece como objeto de transacción política, o más crudamente, de manipulación. Las prácticas y los métodos de lucha en las estrategias modernas (por ex. ocupaciones de tierras) serian, según la expresión de Hobsbawn, demostraciones o medios de ejercer presión para entrar en relación con las autoridades, es decir rifas bien un medio para lograr un fin (1977).

 

Mirado desde el punto de vista de los intereses partidarios, el sindicalismo campesino ha aparecido en múltiples ocasiones haciendo figura de "brazo campesino" del partido urbano. El caso de Chile sin duda no es único. Para este país se ha mostrado como en los años 40 las fuerzas populares urbanas transaron al nivel del Estado la exclusión del campesinado del juego político nacional en función de sus propias aspiraciones políticas (constitución del Frente popular) ; luego, como el "movimiento campesino" fue utilizado para el juego electoral en el periodo previo a y durante el gobierno demócrata cristiano y, finalmente, como en función de la estrategia urbana de conservación del poder y de privilegización de las fuerzas urbano-industriales los partidos de la izquierda chilena dejaron en 1973 al movimiento campesino abandonado a su propia suerte (Santana, 1980). En otro contexto, muy diferente del chileno, a propósito del sindicalismo aprista de la costa peruana, Bourricaud ha podido mostrar como a pesar de los afrontamientos y a veces algunos muertos en las movilizaciones de los arios 61-69, las confrontaciones no fueron llevadas al extremo y ellas no impidieron a los sindicatos y a las empresas "de parvenir à s'entendre sur les problèmes de salaire et (...) de constituer un front commun sur les questions qui intéressent la politique générale de la profession ... l'exploitation politique des antagonismes sociaux restait discrète parce que les apristes, décidés à jouer le jeu de la convivencia, ne tenaient pas à pousser les choses à l'extrème... (pp. 106-107).

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Si la transacción política no llega a operar al nivel nacional, sea por ausencia de unidad de los sectores políticos comprometidos con el campesinado, sea por su propia debilidad social y orgánica o por el acantonamiento en un ámbito regional o local, el desenlace puede ser el desmantelamiento de las organizaciones y/o la liquidación del movimiento social, tal como ha sido mostrado en diversos ocasiones para el caso bien conocido del movimiento dirigido por Hugo Blanco en el valle de la Convención (ver Colloque CNRS en bibl. también Bourricaud cit., entre otros). Sin que pueda afirmarse definitivamente que no eran parte de un proyecto revolucionario global, un destino similar tuvieron en el nordeste brasileño las Ligas campesinas, lideradas por Juliao.

 

IV - CENTRALIZACION ORGANICA Y VERTICALIZACION DECISIONAL

 

Las organizaciones del "movimiento campesino" van a reflejar generalmente los estilos de funcionamiento, las formas orgánicas (estructuras) y los métodos de trabajo de los aparatos políticos y sindicales urbanos.

 

En primer lugar la lógica de la centralización organizacional. Sin desconocer como dice muy bien Huizer (cit.) que las organizaciones campesinas "por lo general solo son eficaces cuando abarcan cuando menos toda una región geográfica" (termino al  cual   no     se      le puede fijar fácilmente una escala de tamaño), no pasa desapercibido a los observadores de los movimientos campesinos que una lógica centralizadora tiende a imponerse, con consecuencias que van mucho más lejos que los intereses locales inmediatos o mediatos de los campesinos.

 

Que se trate de las organizaciones controladas o influenciadas por el poder o por la oposición de izquierda, el modelo organizacional tiende a lo nacional, es decir, a constituirse en órgano de una representación suficiente mente vasta como para pesar en la correlación política del país. En tal sentido las dos vías orgánicas que pueden ser distinguidas en la implantación de las organizaciones resultan solo en apariencia contradictorias.

 

Dos vías de desarrollo orgánico pueden ser distinguidas en efecto de acuerdo a la manera como los distintos escalones de base e intermedios han sido alineados por la lógica de la centralización orgánica : la implantación vertical y la asimilación o el "aglutinamiento". En el primer caso el standard organizativo es llevado masivamente hacia el medio rural, involucrando el máximo posible de la población y la mayor amplitud espacial posible. Casos típicos, el proceso organizacional de la Democracia Cristiana en Chile y de Acción Democrática en Venezuela, mas indiscriminado el primero y el segundo un poco más selectivo atendiendo a privilegiar las áreas campesinas de gran tensión social. En ambos casos el espacio agrícola ha sido cubierto rápidamente y la población enmarcada en organizaciones de base ha pasado rápidamente también a depender de instancias intermedias y de los órganos nacionales de decisión, estos últimos estrechamente ligados al poder.

 

En el segundo caso que hemos llamado del "aglutinamiento" se encuentran la casi totalidad de las organizaciones que han surgido en la oposición al régimen imperante y en particular aquellas de definición clasista. Su camino es inverso, puesto que todo comienza con trabajos organizativos locales, a veces contando solamente con ciertos "contactos" campesinos, con la captación de un líder "natural" ; surgida la célula de base de la coordinación de sus actividades se pasa a las organizaciones de grado superior y así, poco a poco... hasta la estructuración de un aparato escalonado debidamente para culminar en el órgano nacional. Todo "trabajo orgánico" de base pasa a ser captado y disciplinado en tales estructuras, los trabajos de base haciéndose poco a poco más y más tributarios de los órganos superiores y en definitiva de las decisiones centrales.

 

Dos vías entonces de sentido inverso pero que van a culminar en resultados asombrosamente similares, siendo la única diferencia que los aparatos nacionales van a situarse o bien en el oficialismo o bien en la oposición política.

 

Cuando hablamos de resultados en realidad es a las prácticas comunes a ambos movimientos organizacionales que estamos haciendo alusión. La verticalización en la toma de decisiones es uno de los primeros rasgos que aparece y corre a parejas con la centralización orgánica, pudiendo notarse que los dirigentes campesinos intermedios y de base (no siempre campe sinos por lo demás) tienden rápidamente a ser "recuperados" para la gestión centralizadora de los aparatos sindicales, deviniendo ellos mismos una suerte de "correas de transmisión" de las instancias superiores de suerte que, consciente o inconscientemente, aparecen convertidos en agentes eficaces de las políticas y de las representaciones urbanas. La descampesinización y burocratización consiguiente de tales cuadros orgánicos han sido puestas de relieve en estudios realizados por investigadores latino-americanos, siguiendo de cerca la llamada "participación" campesina en los procesos de reforma agraria

 

En las condiciones anteriores el juego democrático al interior de las bases campesinas no puede sino ser la primera victima y aún cuando se pueda decir con Huizer que algunas organizaciones, por haber empezado desde abajo como un núcleo pequeño, ganando en fuerza poco a poco y tratando de extenderse a un ámbito regional, logran a veces disfrutar de una atmósfera social más "democrática", por lo general el orden autoritario parece imponerse. El fenómeno ha sido mostrado por Ch. Gros, a propósito de las relaciones de la izquierda latinoamericana con el campesinado indígena, en términos de una tendencia a privilegiar el centralismo en relación con la democracia (fruto de la fascinación del centralismo democrático leninista) la que tiende a imponer una "concepción vertical de la democracia" (Gros, 1982/83).

 

La prioridad a la lucha politica, ya sea en una consecuente oposición al sistema tradicional en su conjunto o como manera de controlar bases campesinas en beneficio de los intereses de los lideres, del partido o del gobierno (no desprovisto por cierto de un paternalismo protector reconocido por ambas partes) ha tenido otra consecuencia más o menos generalizada entre las organizaciones campesinas : una marcada negligencia por enfrentar los problemas inmediatos y prácticos del mejoramiento de la las condiciones materiales de vida y el mejoramiento de los sistemas productivos tradicionales, aún cuando existan para ello los espacios de maniobra. En muchos ejemplos estudiados todo pasa como si se apostara todo el peso político a una sola reivindicación fundamental (casi siempre la tierra) y como si la organización no tuviese existencia sino que en razón de ella sola. Los problemas de la educación, de la formación y capacitación profesional, no encuentran su lugar en tal esquema, sino en cuanto reivindicaciones a conquistar, raras veces como prácticas propias.

 

La neutralización o la subestimación de la importancia del juego democrático en las bases así como la subestimación de las actividades de formación y capacitación campesina son dos aspectos fundamentales que parecen condicionar una marcada ineptitud de las bases campesinas a producir sus propias políticas, a definir las estrategias más adaptadas a cada situación concreta y a programar la movilización de sus propios recursos sin abandonar su participación en las luchas más generales.

 

En todo caso, el análisis de esta dimensión mayormente local escapa generalmente a los estudiosos del "movimiento campesino", la tarea del investigador siendo ardua como ha sido bien señalado por Hobsbawn en sus estudios sobre las movilizaciones en los Andes centrales del Perú entre 1958 y 1964. Sus conclusiones sobre esos movimientos complejos muestran como pueden "entremezclarse" las viejas y las nuevas estructuras sociales y de poder, modificarse los roles y el liderazgo devenir mixto, sin que por ello no sea discernible el papel importante de los movimientos políticos (partidos y activistas) al menos en tres sentidos : como movilizadores de cuadros locales, como catalizadores de la actividad campesina y tal vez sobre todo como fuerzas que ayudan a transformar agitaciones locales dispersas en movimientos más amplios.

 

Este autor es sin duda uno de los pocos que ha mostrado con ejemplos concretos de movilización campesina el doble juego de las estructuras tradicionales indígenas y la organización sindical moderna (no tan formal como parece sostenerlo) insinuando que el se expresaría en forma de la vigencia simultánea de una doble estrategia : mientras para las estructuras de liderazgo modernas las ocupaciones de tierras (el objetivo principal de las movilizaciones) aparecían como incidentes en una política de largo plazo, para los indígenas, por el contrario (movimiento comunal clásico) ellas aparecían no como un medio sino como un fin en si mismas, es decir, "recobrar la tierra y permanecer en ella". Varias interrogantes quedan planteadas :1) se los roles y el liderazgo devenir mixto, sin que por ello no sea discernible el papel importante de los movimientos poli ticos (partidos y activistas) al venos en tres sentidos : como movilizadores de cuadros locales, como catalizadores de la actividad campesina y tal vez sobre todo como fuerzas que ayudan a transformar agitaciones locales dispersas en movimientos más amplios.

este autor es sir, duda una de los pocos que ha mostrada con =ejemplos concretos de movilización campesina el doble juego de las estructuras tradicionales indígenas y la organización sindical moderna (no tan formal cama parece sostenerlo) insinuando que el se expresarla en forma de la vigencia simultanea de una doble estrategia : mientras para las estructuras de liderazgo modernas las ocupaciones de tierras (el objetivo principal de las movilizaciones) aparecían como incidentes en una poli tica de largo plazo, para los indígenas, por el contrario (movimiento comunal clásica; ellas aparecían no corno un medio sino como un fin en si mismas, es decir,   "recuperar la tierra y permanecer en ella".

 

Varias interrogantes quedan planteadas :  insurrecciones neutralizadas o reivindicaciones radicalizadas ? En la toma de decisiones qué rol    para la        "democracia   indígena" y qué rol para el   centralismo democrati co ?,  para los unos y para los otros ¿cual es el sentido de la reivindicación  de  la tierra ?, etc ...

 

V - CRISIS Y TENDENCIAS A LA AUTONOMIIA POLITICA

A la vuelta de 20 o más anos de existencia de organizaciones campesinas modernas, con las características descritas, muchas cosas parecen haber cambiado en la problemática agraria pero sobre todo en la capacidad de las bases campesinas para accionar y maniobrar políticamente. Al punto que podría sostenerse que el tipo organizacional que hemos descrito hace crisis más o menos por todas partes en la década de los ochenta.

Dos fenómenos sobresalen como los más significativos en la apertura de este periodo de crisis:

1) Los grandes momentos de conflictividad social y de movilización política ligados a sendos procesos de reforma agraria (casos de Chile de la Unidad Popular  y del Perú de los militares) vieron a un campesinado "radicalizado" desbordar los marcos organizacionales que los partidos o movimientos políticos urbanos les habían asignado (desbordamientos a partir de los cuales pueda postularse que nunca las cosas serian como antes)

 

2) la aparición contemporánea de la crisis económica y de las dictaduras militares ha dejado al campesinado librado en cierto modo a sus propias fuerzas pues los agentes externos (partidos políticos) paralizados por falta de medios o por la represión, no han podido seguir cumpliendo el viejo rol de enlace dejando al desnudo la gravedad de la dependencia de las organizaciones campesinas respecto de los polos de decisión urbanos (caso mas significativo : el de los campesinos chilenos bajo el régimen de la dictadura militar).

 

En lo que se refiere más particularmente al área andina, de larga tradición en el desarrollo de un sindicalismo agrario marcadamente dependiente de los partidos políticos urbanos y donde las reformas agrarias han hecho su prueba alcanzando en algunos casos los limites de lo posible para las aspiraciones campesinas y en el sentido de las estrategias urbanas, la crisis es grande en el "movimiento campesino".

 

Las bases campesinas por su lado parecen haber hecho, gracias a las experiencias vividas y a una formación política y N

sindical adquirida a lo largo de los años, un balance que esta lejos de ser satisfactorio y dentro del cual destacan con relieve la carencia de autonomía política y la incapacidad de las organizaciones para decidir acerca de las alianzas y las estrategias. Como correlato, estaría definiéndose lo que parece ser un nuevo momento historico para la actividad política de las masas campesinas, caracterizado en prioridad por el abandono de modelos organizacionales standardizados, donde la multiplicidad de las organizaciones locales y regionales es la regla y donde se juegan estrategias, ideologías y métodos múltiples.

Lo étnico, lo anti-etático, el rechazo del centralismo "democrático" y del paternalismo oficial, así como el rechazo de un desarrollismo exacerbado parecen constituir los signos más marcados de la coyuntura actual. La generalización de estos signos al movimiento organizado de los campesinos latinoamericanos es la hipótesis más plausible que emerge de los estudios conocidos, estudios por los cuales la investigación francesa se ha mostrado particularmente sensible siendo numerosos los autores que han analizado la emergencia de esta nueva problemática (Piel, 1975, Lavaud, 1981, Le Bot, 1982, Chantal Barre, 1983, Gros, 1982, Santana, 1983).

 

 

BIBLIOGRAFIA CITADA

 

 

 

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Hobsbawm

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CONFERENCIA[1]

EL TERRITORIO COMO OBJETO DE INVESTIGACION Y COMO ESCENA DE APLICACION[2] .

Nos reunimos para dar inicio a una actividad del CEDER que gira alrededor de un concpeto, el concepto de “territorio”, término a la moda, verdadero boom semantico, que concita el interées contemporaneo de la mayor parte de las ciencias soocialesy que de alguna manera ha pasado a incorporarse al lenguaje corriente. Se alude a él bajo las mas diversas formas, unas mas materiales que otras y bajo diferentes escalas geograficas: lugar, colectividades locales, regiones.

Porqué este interés particular ?

-Porque los investigadores en ciencias sociales encuentran en él un marco adecuado para mejor rendir cuenta de la producción material e inmaterial de la sociedad, es decir, de ésta como producto de las interrelaciones del hombre con su medio, con los lugares, con la naturaleza.

-También porque muchos pueblos y poblaciones se han puesto a revindicar la idea de “territorio”, de autonomía territorial, regional o simplemente hacen demandas o toman iniciativas de desarrollo local.

 

_Porque dese el Estado se implementan políticas de en el marco del llamado Ordenamiento del territorio, o tareas de planificación territorial que de una u otra manera afectan o influyen sobre los lugares.

-Y, porque la inversiones del sector privado no solamente embisten los lugares para producir sino que vienen a cuestionar los modos de gestión de los recursos y los modos de vida de los habitantes en los territorios que habitan.

Asistimos asi a lo que podríamos calificar como un renacimiento de un término muy antiguo, utilizado ya en la Roma Imperial bajo la expresión de territorium, para significar los espacios que iban siendo cubiertos por la instalación de los “colonos/soldados” y que iban siendo encerrados al interior de las “marcas” del Imperio. Aquello tenia una connotación política y administrativa evidente, íntimamente ligada a la expansión del poder político.

A lo largo de los periodos siguientes de la historia, el término no tuvo mucha suerte, quedó asociado a un cierto naturalismo y coexistió, mal que bien, con el término “región”, mientras que en el siglo XIX cayó completamente en desuso o fue puesto en la sombra en provecho de los regional. El concepto de región se impuso y durante largo tiempo va a estar muy fuertemente ligado a las diferencias naturales del espacio físico- geográfico. 

He empleado el término renacimiento porque el redescubrimiento del territorio y su puesta en órbita reciente vienen acompañados de una carga semántica completamente  nueva, movimiento al cual, con sus avances teóricos y sus desarrollos metodológicos, contribuyen las diversas ciencias sociales.

El fenómeno de ir a “desenterrar” tan lejos un término casi olvidado por el lenguaje corriente  y el lenguaje académico para darle una significación moderna (o post moderna) se corresponde , muy curiosamente, con el verdadero cambio de Era en la historia humana al cual asistimos  al cual asistimos desde las tres ultimas décadas con no pocas inquietudes y múltiples interrogaciones.

Efectivamente, la mundialización y globalización no solamente significan cambios sensibles al nivel de la vida material, de la economía y de la política, sino sobre todo en la manera de existir del ser humano y en una nueva percepción de esta  circunstancia de “ser” o “estar” en la Tierra. Creo que hay gran consenso  en que las consecuencias de estos fenómenos “macro” que afectan la totalidad del Planeta pueden resumirse en inestabilidad y en incertidumbre para los seres humanos. Pero al mismo tiempo hay una amplia mayoría de la humanidad que expresa todos los días una voluntad de pensar y de construir el futuro de otra manera.

Hay un término, recientemente puesto en boga por el geógrafo italiano Angelo Turco, que es la “atopia” para significar la fragilidad del hombre/habitante que aparece como desarmado frente a los procesos de degradación de la territorialidad, del medio ambiente, del empobrecimiento de las gentes o del despojo cultural. Esta fenomenología, llamémosla de la “precariedad” afecta de manera significativa los sistemas de representación de los lugares, haciéndolos inconsistentes y a veces ininteligibles. Es decir que la atopia seria un concepto pertinente para testimoniar del “estado de los lugares” en cuanto a la relación hombre/espacio.

Si esta problemática de la atopia aparece en sus orígenes determinada por el mundo de la urbanización desbordante

De los países desarrollados, a la enorme movilidad de los seres humanos y a los excesos infraestructurales, en nuestro medio, en la región de Los Lagos, sus manifestaciones pueden ser descubiertas bajo diferentes figuras: la sensación para muchos habitantes de pérdida del lugar, de una suerte de visión evanescente del lugar (“ya no es lo mismo de antes”) lo que tiene que ver con la presencia masiva, y a veces impositiva, de agentes y factores externos, que crean negocios, que compran tierras, que masifican la explotación de los recursos, que presionan sobre el modo de vida local y que vienen a fragilizar a confianza de los autóctonos en sus propias posibilidades de sobrevivencia y una cierta incapacidad de concebir estratégicamente el futuro.

 

De repente, en un lapsus de 20 o 25 años ha resultado que “las cosas no están todas en su lugar” como antes, que nada es armónico o equilibrado, que nada está definitivamente asegurado, que las promesas de bienestar hecha por los poderes dirigentes la mayor parte de las veces se las lleva el viento.  La significación de todo esto es que los paradigmas fundados en el positivismo han sido profundamente cuestionados. Hay no basta con ocuparse solo del “cómo” como objeto de conocimiento, sino que hay necesidad de tener respuestas otras interrogaciones: el qué, el porqué y el para qué, las cuales constituyen otras tantas posibilidades de aproximarse a la complejidad del mundo.

El positivismo como bien se sabe prometía la felicidad de hombres y mujeres, como un devenir casi inexorable de las sociedades humanas, concepción que permitía evacuar las incertidumbres y las dinámicas sociales espontáneas y sin móvil interesado. Lo aleatorio no tenía allí carta de ciudadanía. Solo un móvil racional interesado era aceptado en la esfera del devenir social. Su abandono significa que han quedado fuera de juego muchas ideas y representaciones fuertes, muchas de ellas ancladas todavía firmemente en los espíritus. Este cambio de perspectiva tiene mucho que ver con nuestro sujeto territorial, como veremos.

En la practica política, el centro director de las promesas de bienestar y de las esperanzas salidas de las visiones positivistas de los siglos XIX y XX acerca del curso de la historia estaba hasta hace 30 años atrás en el Estado de Bienestar, el cual se atribuía el monopolio de las finanzas y de la economía y guardaba la “alta mano” sobre el mercado de trabajo y las localizaciones de inversión.

Pero las nuevas modalidades de acumulación del capital terminaron con los monopolios del Estado y dejaron un espacio vacío allí donde ese Estado habia tradicionalmente ejercido, al menos en teoría, sus funciones de “planificador y distribuidor del bienestar”. La consecuencia inmediata, no por ello aceptada fácilmente, fue la crisis del modelo de planificación o del ordenamiento centralizado del territorio, modelo que prometía “desde arriba” el desarrollo equilibrado y armónico del espacio geográfico, considerado como satisfactorio para lograr el bienestar de todos los habitantes del país. Ese modelo, que nunca pasó de la utopía, paso de moda por la fuerza de las nuevas dinámicas del capital y del Estado, las ciencias sociales encargándose de hacer el cuestionamiento generalizado de sus implicaciones sobre el devenir social. Se han abierto asi los espacios a la acción de actores múltiples y al trastrocamiento de la lógica “de arriba para abajo”, aunque dicho sea de paso, para muchas burocracias estatales y por cierto la chilena, esto es difícil de aceptar y continúan obrando como en el pasado, como si en 30 años de historia no hubiera pasado nada.

La crisis del modelo centralizado de gestión del territorio es concomitante con la crisis del “modelo de análisis espacial de los geógrafos” y de los planificadores territoriales, el cual influía en las estructuras institucionales y alimentaba las políticas públicas definiendo el diseño delos modelos decisionales en cuanto al espacio.

Conviene detenerse en esta crisis de la concepción analítica y de la política sobre el espacio puesto que ella representa la crisis de una visión de las relaciones del hombre con el medio geográfico, concepción que privilegiaba las “cosas” y las estructuras sobre el espacio habitado, mientras que los lugares eran considerados solamente como puntos de referencia. Todo andaba bien si las “cosas” estaban en su lugar, si cada lugar estaba ligado a otro lugar creando conexiones o articulaciones que llenaban el espacio, que por esta razón simple era concebido como un espacio coherente, y mas allá como…como el espacio de la armonía y del equilibrio… el análisis espacial que  nutria la planificación física del territorio tenia como objetivo final entregar una modelización ampliamente “virtual” de los diferentes espacios, habitados sin embargo por gentes de carne y hueso.

Pero la crisis de los modelos de interpretación no toca solamente a los geógrafos y a otros especialistas del análisis regional, sino que es extensiva a casi todos lo modelos de interpretación “no territorializados” propios a las otras disciplinas de las ciencias sociales. Los análisis de clase, de categorías sociales, de movimientos sociales, del modelo fordista de industrialización, de la economía clásica, todo ello aparece golpeado por un cuestionamiento fundamental venido del exterior de las ciencias sociales, en forma de dinámicas determinadas por el nuevo modo de acumulación y por los procesos de globalización.

El territorio es “redescubierto” por las ciencias sociales como consecuencia de todas estas crisis y reposicionamientos. Su puesta en órbita es el resultado de la búsqueda de nuevos caminos de interpretación de la realidad social. Sobre él van a construirse gracias a la antropología, a la filosofía, a la sociología y otras disciplinas, otros sistemas de interpretación del medio en el cual viven los seres humanos, el centro de atención se vuelca sobre la construcción de los sujetos individuales y colectivos en su relación con los lugares y se muestra cómo los lugares contribuyen a la construcción de las identidades, y éstas a su vez  a la reproducción de los colectivos humanos. Se entiende hoy que la diferenciación del espacio socializado reposa construcciones ideológicas y sobre especificidades culturales que otorgan a los espacios la condición de “territorios identitarios”.

Respondiendo a estas nuevas perspectivas es que aparecen en los años 1979 y 1980 una geografía humanista, otra de “la percepción”, mientras que en la economía surgen la teoría de los “distritos industriales”, del “desarrollo flexible” y la “economía institucional” y “de la proximidad”, en fin en la sociología se constata la emergencia de la sociología “de las organizaciones” y de “l’ acción colectiva” que se interesan en las acciones territorializadas y hacen también del territorio su objeto de estudio. En todos esos movimientos disciplinarios hay una constante: los datos culturales y la dimensión simbólica marcan el espacio como nunca antes, diferenciándolo de mas manera mas profunda que las técnicas y los objetos físicos.

Se impone, asi con el aporte de diversas disciplinas humanas, la visión de un territorio como un “construido histórico”, abriéndose un terreno favorable a teorizaciones y debates en torno a las “construcciones sociales” que serian mas o menos espontaneas, mas o menos guiadas.

El territorio asi redescubierto no es el monopolio de ninguna ciencia social y es como un vasto espacio abierto a la exploración científica, un vasto horizonte para los investigadores venidos de disciplinas en el pasado a veces muy distantes . Esto explica que en el CEDER, centro de investigación de los problemas regionales y locales hayan encontrado un lugar legitimo los filósofos y los literarios al lado de los geógrafos, de los economistas y otros.

A la lectura reduccionista del espacio que fue dominante en el pasado se ha substituido una concepción por asi decir “viva” del territorio, ahora perfilado como una entidad que es material pero también imaginaria y simbólica al mismo tiempo.

En la escena del territorio donde juegan los actores de carne y hueso, las practicas y los discursos se producen simultáneamente creando una complejidad que no es siempre facial de aprehender de manera simple y transparente en cada una de sus dimensiones, mas todavía individualizarlas y contextualizarlas. El discurso de loa actores juega generalmente un rol decisivo en la interpretación de la territorialidad, porque de una u otra manera en todas esas construcciones discursivas existe un lazo algo difuso pero experimentado pragmáticamente por los individuos  (“vivencias”) que liga o vincula una identidad colectiva a un territorio, lo que nos permite hablar de “territorialidad de la identidad” y/o de “territorios identitarios”. Como se puede ver, hay una doble función en esos discursos: de una parte le dan un sentido al soporte material del espacio, de otra parte instalan la materialidad en el seno de la ideología o de los imaginarios locales.

Volviendo a la idea de territorio como “construido histórico”, cualesquiera que sea el ángulo disciplinario de ataque parece haber consenso en que por este concepto debe entenderse un proceso por el cual las sociedades en sus escalones geográficos respectivos tejen sus estructuras, sus organizaciones, sus modos de funcionamiento y sus relaciones de intercambio que le permiten producir sus patrimonios materiales y simbólicos. Esto significa que en última instancia cada sociedad local está siempre en construcción y que este proceso de creación territorial permanente ha sido tradicionalmente ampliamente “informal” siguiendo ritmos muy diversos, a pesar de los obstáculos diversos y con ayuda exterior o nacional.

Es sobre esta bases que surgen las nuevas perspectivas abiertas en el sentido de que ese espontaneísmo fundado en un cierto “instinto estratégico” como dice Crozier puede dar paso a estrategias consensualizadas y racionalizadas, en que los actores procesan de manera complejizada el cruce de la información actual con la información del pasado para diseñar los escenarios del futuro, en que lo asociativo y lo privado se conciertan con lo institucional y lo productivo y tecnológico va de la mano con lo cultural y lo simbólico.

Del territorio históricamente construido se puede pasar entonces a la idea pragmática a los territorios/proyecto. El carácter de estos proyectos es su vocación a asumir el futuro, son imaginables para el largo plazo y miran a asegurar las condiciones de vida de las próximas generaciones. Estamos aquí de lleno en las preocupaciones actuales sobre el desarrollo durable o “sustentable”. Tales proyectos, en principio, no pueden ser concebidos sino sobre la base de la responsabilizacion de todos los actores, es decir, sobre la conciencia de los intervinientes de que es de ellos y ante todo de ellos, que dependerá fundamentalmente el futuro y no de agentes exteriores al territorio, o no exclusivamente al Estado, a los cuales seguramente se habrá de recurrir para intervenciones parciales y controladas por los locales.

Esta responsabilizarían de los actores locales es a la vez la garantía de que los factores de confianza, de ética y de buen gobierno van a imprimirle su sello al proceso de desarrollo, aumentando por lo mismo las chances de la sustentabilidad. Por lo mismo, el modelo de desarrollo local bajo el paradigma de la “construcción social” de los territorios es una manera de implicar a fondo a lo actores, responde a las expectativas de la gente y se alinea sobre las diversas orientaciones y exigencias que se generalizan al nivel internacional en cuanto al desarrollo.

 

HE AQUÍ entonces que nuestro “objeto” científico llamado “territorio” , lo mismo que nuestro terreno de acción (“proyectos territoriales”), los tenemos relativamente definidos y relativamente delimitados. A partir de aquí, el problema de la investigación universitaria es preguntarse permanentemente por el famoso ¿Qué hacer? Para definir las orientaciones, las prioridades de los equipos y los medios materiales y financieros.

El CEDER, nacido de la cooperacion franco-chilena, tiene ya un camino de varios años recorrido en la escena del espacio regional y se apresta a recorrer otros. A su haber científico hay logros que son interesantes para la Universidad y para el conocimiento de la región. Pero el tiempo pasa, la realidad se transforma y los programas necesitan ser revisados, readaptados, en fin, renovados. Una reflexión sobre lo realizado en términos científicos parece por lo mismo estar a la orden del día  y para esa reflexión yo quisiera aportar con algunas ideas aquí como parte final de esta intervención.

Empiezo por felicitar a los miembros del equipo por el hecho incontestable de la legitimidad que el CEDER se ha conquistado en el seno de la Universidad de Los Lagos. Pero me pregunto si el prestigio y la legitimidad adquirida por el concepto de “territorio” y sus derivados (territorialidad, territorialización, territorial) tiene en términos de resultados de investigación un nivel y un volumen de resultados comparables. Creo que estamos lejos de haber producido una masa critica de  conocimientos sobre la región con poder de “inducción” sobre las dinámicas de los actores territorializados. Esto tiene mucho que evidentemente con el estado de desarrollo de los equipos y su adecuada organización y empleo. De las misma manera, es posible que haya un problema de acertada definición de dominios de estudio, de continuidad o de seguimiento en el estudio de dominios mas importantes que otros para tratar nuestro objeto territorial. Mucho tiene que ver con las orientaciones estratégicas y las prioridades.

Por lo mismo, se trata entonces de volver sobre el rol de la Universidad  en su relación a la región, a su vocación predominantemente regional, es decir a interpelarla sobre su rol de “actor territorializado” que seria propio de la institución universitaria, por lo mismo “implicada en la suerte y el destino de la trama intrincada de los lugares que la integran, como los otros actores implicados: instituciones de desarrollo, organizaciones sociales, sector privado, administración del Estado.

Creo que el CEDER debe darse los medios para tener su propio discurso sobre los lugares, sobre las ciudades, sobre la ruralidad, sobre la región. Vasto programa ! No solamente un discurso científico sino también un discurso para la acción. Pero ello pasa necesariamente por los conocimientos empíricos adquiridos sobre los territorios componentes de la misma y luego sobre su puesta en forma reflexiva.

Antes la Universidad hacia, y pienso que lo hace todavía, divulgación cultural, nadie puede tener nada en contra, esa actividad será siempre un objetivo loable, pero creo que en función de los tiempos que corren es todavía mas importante promover la difusión científica  en cuanto a los conocimientos adquiridos sobre el territorio regional, sobre la manera como su población administra sus recursos, sobre las potencialidades locales a valorizar, la manera de percibir sus patrimonios, etc. Creo que esta implicación de la Universidad en la construcción territorial de la región de Los Lagos debe contribuir a enriquecer la capacidad reactiva y creativa de la población y enriquecer también a los propios investigadores, quienes con la practica del desarrollo deben ganar en capacidad de “percepción” y de interpretación de la realidad.

Discutir sobre las relaciones entre el conocimiento y la acción es un tema crucial a la vez para la investigación científica y para el desarrollo. La acción obliga a conocer sobre lo que se quiere actuar y también obliga a saber con qué instrumentos se puede actuar. Inversamente, actuar es aprender a conocer de otra manera el objeto mismo de la acción. Por eso, yo creo que nunca será excesivo  insistir en el imperativo de la investigación universitaria en de implicarse en la practica social. Dos preguntas me parecen pertinentes a este respecto: ¿cuántos contratos de cooperación con instituciones regionales o actores exteriores han sido suscritos anualmente estos últimos años por el CEDER ?, y la otra, mas difícil de responder, ¿con qué desfasaje temporal y en qué grado la investigación universitaria rinde cuenta de las dinámicas de la sociedad ?

Yo no me canso de insistir en que el proceso cognitivo no es exterior a la acción. El no viene a imponerse en un movimiento de sobreimposición mecánica, como si los fenómenos se desenvolvieran según una secuencia bien determinada, en que una cosa (el conocimiento) sigue a la otra (la acción). Cada uno de nosotros podría preguntarse por el interés de la acción, de la practica exterior a las aulas, en el aumento de nuestra capacidad de percepción de la realidad, decirse que es uno de los motores de la acción es la motivación por adquirir nuevos objetos de conocimiento, de hacer interactuar la conciencia que se tiene de las cosas, de los procesos y de las cosas mismas.

Decir que la acción tiene necesidad del conocimiento aportado por los estudios científicos no tiene ninguna originalidad. En revancha, la proposición contraria, es decir que el progreso de los conocimientos pasa por la acción, no es de ninguna manera evidente. Y sin embargo, de hecho es en la asociación de esta dos proposiciones que está la novedad y la promesa para las ciencias sociales de una permanente renovación: hoy mas que nunca antes, esta aserción aparece como el camino insoslayable del trabajo científico. Ciencia y acción son entidades indisociables, son como el as y el revés de una misma medalla, como dos facetas de una misma orientación , que es la búsqueda por la humanidad de su destino, del destino del hombre que consiste en una tentativa permanente por mejorar las condiciones de su establecimiento sobre la tierra.

Yo no me canso de repetir la siguiente aseveración: “Mas nos aproximamos de la realidad de la acción, mas podemos acercarnos a nuestro objeto territorial y mas podremos profundizarlo en términos de conocimiento”. Teorizar sobre la teoría es un ejercicio legitimo, pero los resultados de ese ejercicio no pueden tener la consistencia de las adquisiciones duraderas, solamente los nuevos resultados  del conocimiento pueden hacer inflexionar o contribuir al reemplazo de los esquemas teóricos y de los viejos paradigmas, permitiendo tener un discurso aplicable y efectivo a los problemas del desarrollo.

La emergencia de un discurso “territorial” del CEDER creo que no podría resultar sino de una convicción profunda de esta complicidad indispensable del conocimiento y de la acción. El CEDER debe tener un discurso esclarecedor sobre la región, sobre el desarrollo local, sobre la ciudad, al menos sobre la ciudad de Osorno, para asegurar su futuro como organismo de investigación territorial que prioriza su territorio de origen. Creo que para imaginar escenarios futuros se debe tener argumentos de respuesta a diversas interrogaciones. Yo quisiera aquí referirme solamente a tres interrogaciones que me parecen pertinentes a los desafíos de la hora y que pueden motivar a los investigadores universitarios:

 

_ ¿Cuál es el destino de la cuestión regional en Chile? 

_ ¿Cuál puede ser el destino del multiculturalismo en la región de Los Lagos?

_ ¿Cuál puede ser el perfil de la ciudad de Osorno al lado de otras ciudades importantes de la región?  

 

Sobre la primera interrogación. Yo soy de aquéllos que piensan que la dinámica descentralizadora está estancada, tanto desde el punto de vista del reforzamiento de una cierta autonomía política como del aumento de la capacidad regional de orientar y regular su desarrollo. La cuestión parece  estar plateada en los siguientes términos: ¿Porqué no se avanza? , ¿Es debido a la rigidez del centro político santiaguino y su desconfianza hacia una dinámica que podría a la larga significar una pérdida de autoridad?, ¿O es que los actores regionales son débiles y no hacen todavía “masa critica” en términos de capacidad para una gestión mas autónoma?

En realidad, se sabe poco de los actores regionales, de su capacidad para la coordinación de sus acciones, de la existencia o no de “sistemas de actores” locales y regionales, de la constitución de “redes de poder” y de la dirección en que ellas funcional, de los intereses contradictorios en juego, de la fuerza alcanzada por las dinámicas de la intercomunalizacion, en fin de la construcción de una identidad regional genérica…

Todos estos temas son pertinentes a una reflexión sobre el futuro de la cuestión regional, cuyo horizonte mas lejano, un poco la utopía de la descentralización, no seria otro que la constitución de un sistema federal de regiones, o si se quiere un sistema de regiones con alto grado de autonomía, perspectiva que se afirma de mas en mas en los países desarrollados, pues se constata que el desarrollo en las nuevas condiciones y equilibrios entre lo privado y lo público, entre lo nacional y lo internacional, es mas manejable a una escala territorial ni demasiado grande como el país, ni demasiado pequeña como las provincias o comunas.

A juzgar por los hechos mas visibles, tal vez estamos no progresando en esa perspectiva sino mas bien en una tendencia estagnante y regresiva: la región de los Lagos precisamente, vive tensiones que amenazan su desmembramiento por la emergencia de una dinámica que conduce a la vuelta a la segmentación territorial “a la antigua” (dinámica viva” en Valdivia, “latente” en Chiloé y “expectante” en Osorno, terreno de predilección para el ejercicio del centralismo. Ello muestra que algo no funciona entre los actores de la construcción territorial, que los intereses localistas y los intereses del conjunto regional no funcionan al unísono, que los tiempo cortos tienden a imponerse a una visión de largo plazo y que en ultima instancia el “gran ganador” es el centralismo. La red de actores territoriales no parece existir, pero ¿quien estimula su constitución?

Sobre la segunda interrogación: ¿Cuál el futuro del multiculturalismo ?

Tampoco sabemos gran cosa de cómo evoluciona la problemática del multiculturalismo, tan vitalmente presente en la Xa Región. El tema yo lo enuncié en un Simposio organizado por el Ceder en 1995. Yo dije lo siguiente:

La región de Los Lagos puede plantearse como estrategia cultural el proyecto original de constituirse efectivamente en la única región multilingüe y multicultural de Chile, el castellano, el alemán y el Tsesugun o lengua autóctona, siendo las dos ultimas lenguas habladas por una buena proporción de la población regional. ¿Es que vale la pena preguntarse si esto tiene algún interés estratégico para la región?, ¿ Es que tiene algún interés en esta época de globalización, donde se valora la diversidad, marcada por la venta de imágenes de la diferencia? 

El punto de partida del planteamiento fue que la modernidad significa hoy búsqueda y valorización de la diversidad precisamente, y que en la ecuación de los diverso y de lo únicos muchos lugares y regiones encuentran el fundamento de una identidad territorial original. Como encuentran también recursos y energía para promover el desarrollo. Por lo mismo con el destino de la multiculturalidad se juega una parte importante del destino de la Xa Región como entidad territorial que busca afirmarse de manera coherente y personalizada en el proceso de modernización general en curso.

El tema sigue estando a la orden del día, pero la política pública sigue careciendo de información argumentada científicamente. En terreno mapuche-huilliche ha habido ciertas entradas esporádicas de los investigadores, sobre todo a titulo de intervención aplicada sin que ello sin que ello haya provocado reflexiones como para ir mas lejos, es decir a la producción de nuevas posibilidades interpretativas. En cuanto a la evolución del área cultural alemana, me temo que estemos todavía en el “punto cero”. Y sin embargo, en una previsión estratégica ¿Cuánto podría ganar la región de Los Lagos en una teórica “asociación privilegiada” con Alemania?, ¿Np hay aquí una movilización posible de la parte de los investigadores, de los exponentes de la colectividad alemana, de los hombres políticos de la región?

El estudio de los múltiples componentes de las interrelaciones culturales me parece constituir un buen “paquete problemático” para los investigadores universitarios en los años que vienen. En cuanto a los responsables regionales, a ellos de darse cuenta que el multiculturalismo y su destino en el espacio regional les ofrece una oportunidad extraordinaria de trabajar con originalidad.

Tercera interrogación/ Osorno. ¿Qué sabemos o qué publicamos de las dinámicas osorninas?, ¿Que sabemos de sus élites?, ¿Qué sabemos de las articulaciones del espacio rural con la ciudad? Poca cosa o casi nada. Sin embargo los osorninos se inquietan y algunos se angustian comparando su ciudad con el dinamismo de Puerto Montt, de Puerto Varas, o de la vivacidad de la política “separatista” de Valdivia?, ¿No es ello un síntoma de que la identidad osornina sufre? Las gentes tienen la sensación de que su ciudad estagna, que sigue estando mas o menos donde la dejó la crisis de la economía agrícola en los años 1980 Y 1990, y por encima e una realidad cotidiana de morosidad no se descubre que haya un gran designio para la ciudad del futuro.

Algunos piensan en una salida por la “puerta de escape”, que seria seguir las huellas del reivindicacionismo valdiviano para asegurar las ventajas financieras de una falsa “capitalidad” regional. Una falsa salida sin duda para los tiempos que corren. No hay estrategia osornina con visión de largo plazo.

Las interrogaciones acerca del futuro de la ciudad en su provincia y en su región no pueden tener respuestas fáciles y útiles si los argumentos empíricos y la modelización de la evolución no existen. Si los argumentos para fundar opinión continúan ausentes… Los osorninos necesitan volver sobre su pasado, analizar el presente y proyectarse por si mismos, sin esperar los acontecimientos que vienen del exterior o de las iniciativas de los otros, de Valdivia o de Puerto Montt. Por ahora, Osorno aparece como una ciudad incapaz de darse un perfil, una visibilidad, vacila en potenciar sus patrimonios y hace como que no existen grandes desafíos y deja libre curso al espontaneísmo.

  

Conclusión/

Me parece que circunscribiéndose de manera principal a estas direcciones de investigación que acabo cd evocar , el CEDER puede dotarse de una base de resultados y de un fondo de argumentos científicos como para tener un discurso válido, proponer  escenarios cedibles sobre las cuestiones territoriales, aumentando considerablemente su implicación en las dinámicas regional, provincial y local y con ello aumentando el prestigio de la institución universitaria en la región. 

Hoy, los discursos sobre el territorio, sobre la territorialidad y sobre la territorialización abundan pero queda por saber qué hay detrás de esta suerte de banalización del concepto. La región de los Lagos es un terreno de excelencia para hacer el test de nuestras capacidades de crear discurso adaptado a la realidad. 



[1] Seminario del CEDER, Universidad de los Lagos, abril 2002.


 

 

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