UN EXILADO EN PARIS

Yo llegué a Paris dos o tres días antes de la Noêl de 1973. La salida de la embajada de Francia había sido en un bus de Carabineros con escolta de soldados y policías. El Consejero principal de la Embajada se embarcó con nosotros para darnos seguridad de que en el trayecto al aeropuerto no podía ocurrirnos ninguna situación desagradable. Éramos un contingente de 20 personas. En previsión de algun incidente no previsto, yo había decidido a titulo personal de incinerar en la Embajada un nutrido y denso cuaderno de notas de los últimos dos años, acto que iba a lamentar mas adelante cuando me decidí a escribir algunas cosas sobre Chile.

En Paris fuimos muy bien acogidos por los franceses en general y con elocuentes muestras de solidaridad y gran interés por conocer detalles de la tragedia política chilena por parte de la CIMADE y el SECOURS POPULAIRE, dos grandes instituciones de solidaridad y de defensa de los derechos de las personas. La experiencia chilena interesaba enormemente a los franceses, principalmente a los militantes de izquierda, como experiencia de transición pacifica al socialismo y querían conocer como es que ella había fracasado. La izquierda francesa estaba en se entonces en progresión: el partido comunista representaba mas del 22% del electorado y después venían los socialistas, los cristianos y los radicales de izquierda. Todas esas corrientes iban a converger en 1982 en la candidatura victoriosa de Mitterand.

Se portaron de una solicitud sin fallas para atender nuestros mas pequeños problemas y estuvieron siempre atentos a nuestras demandas, sin preocuparse por el tipo de militancia de los unos o de los otros. Estas actitudes solidarias y amistosas fueron reconfortantes para quienes llegábamos apenas con lo puesto, sin nuestras familias y sin perspectivas claras sobre lo que iba a pasar con nuestras vidas en los meses y años por venir. Movilizaron sus contactos en la capital y en las comunas periféricas y nos hicieron la vida agradablemente pasable en esos días tristes y grises de entre la Noël y el fin de año en Paris.

Fuimos invitados calurosamente por familias simpatizantes de la izquierda y por  colaboradores con las asociaciones de solidaridad con los pueblos y hasta fuimos recibidos en la noche de Año Nuevo a una comida especial para los exilados chilenos por una municipalidad socialista de la banlieu parisina. El alcalde hizo un discurso caluroso de acogida y luego nos invitó a servirnos un buffet en una gran sala donde había varias mesas con platos diversos y exquisitos, que fue para nosotros como una primera muestra de la gastronomía de fiesta en Francia. Nunca he podido borrarme el recuerdo de esa mesa extraordinariamente surtida de entremeses, en medio de la cual sobresalían cuatro o cinco lechoncitos dorados que nos invitaban de manera deliciosa y múltiples botellas de vinos bordeleses …

Chapeau[1] a las instituciones de la solidaridad y chapeau a los amigos de la izquierda francesa y a los franceses en general!!! Merci por la solidaridad calurosa demostrada hacia los exilados. Mas adelante íbamos a comprobar que al interior de los partidos políticos de izquierda las cosas eran menos solidarias y menos consensuales.

Yo y otros quince exilados venidos de Chile fuimos asignados para alojar en un Auberge de Jeunesse de la “periferia roja” de Paris, comuna de Bobigny en manos del Partido Comunista. Por cierto, la administración del alberge estaba en manos de los comunistas y también todos los servicios internos. Bobigny era un bastión del Partido. Yo fui alojado en un cuarto compartido con el “intelectual” del grupo de los “terroristas de Valparaíso” quien había sido además Secretario del Regional de la provincia porteña. Por suerte para mi, pues era alguien simpático, conversador y buen amigo, había hecho estudios universitarios en México sin terminarlos. Desde su llegada a Paris se le veía  constantemente con un libro del economista y teórico del marxismo de Ernest Mandel (trotskista) en quien creía haber encontrado las razones que explicaban los errores y la derrota de la Unidad Popular.

En el grupo de exilados, rápidamente hice con él una suerte de alianza, invitando también a dos otros no comunistas, para no dejarnos aislar o marginar o para criticar las versiones sobre los acontecimientos en Chile e intervenir en gestiones en beneficio de los exilados que el grupo comunista, ampliamente mayoritario quería monopolizar. El contexto en el albergue era evidentemente favorable a los exilados comunistas porque desde el administrador hasta el ultimo personal de servicio pertenecían al PC francés. Estábamos viviendo en un pequeño imperio comunista.

El director del albergue era el Tsar. No tuvo la apertura de espíritu suficiente como para darle la bienvenida al conjunto de los exilados, comunistas y no comunistas, pero lo hizo para sus camaradas chilenos. Yo lo vi. en dos o tres ocasiones, pero sin más, sin conocerlo. Un hombre en apariencia de mas de cuarenta años, de buena pinta, muy alto y un poco rubio. Un hombre mas bien solitario, que vivía encerrado en su departamento de función y en su oficina, administrando a base de órdenes autoritarias dadas por teléfono o a quienes hacia subir a su oficina, como convenía a un responsable de empresa comunista en una época en que la Unión Soviética todavía existía. Su soledad era seguramente rota por la compañía de un perro pequeñito de color blanco con el cual salía infaltablemente del albergue y por relaciones personales menos publicas pues muy pronto íbamos a saber que llevaba una vida personal de homosexual. En una ocasión lo encontramos en el ascensor, salía a pasear seguramente al pequeño animalito, fue una imagen difícil de olvidar : un hombre orgullosos, alto, esbelto, mas bien buen mozo, aunque un tanto demacrado, arropado con un espeso abrigo de piel de gran calidad, a la rusa, y una gruesa bufanda adaptada al conjunto en calidad y en color, tirando con displicencia la correa que lo unía indisolublemente a sa “petite bestiole”.

No importa cómo, la vida cotidiana y la disciplina del albergue estaban regidas por el orden comunista. La discriminación por razones ideológicas formaba parte de ese orden. A la semana y media de estar en el albergue los cuatro amigos que éramos inseparables fuimos advertidos que habían llegado con destino a los exilados de Chile (fuera de los chilenos había también exilados latinoamericanos que venían de Santiago) grandes cantidades de ropa, de zapatos y de otros artículos personales recolectados por los organismos de la solidaridad. En realidad, casi todos habíamos partido de Chile literalmente con “lo puesto”, yo había agregado mi poncho mapuche de lana espesa y de gran tamaño que me sirvió para dormir en la embajada de Francia en Santiago y luego para protegerme del frío en Paris, y como no disponíamos de dinero para ir a las tiendas y comprar, todos teníamos necesidad de algunas prendas para abrigarnos en el pleno invierno en que nos encontrábamos.

Solamente que los vestuarios habían llegado al albergue en la primera semana y que secretamente los militantes comunistas habían tenido acceso el fin de semana a la sala donde habían sido depositados pudiendo asi escoger las mejores prendas, las nuevas o las casi nuevas y, por cierto, las de mejor calidad. De manera que cuando en la mitad de la semana siguiente nos llegó el turno a los no comunistas, no había casi donde escoger, quedaban solamente las prendas que ostensiblemente se mostraban usadas, las que tenían defectos o que tenían  tallas no usuales. Todo eso había sido urdido entre miembros de la administración del albergue y los responsables del grupo comunista de exilados. La desconfianza y los golpes bajos, la manipulación y las apariencias, tal como habíamos conocido en la practica política chilena, seguían teniendo vigencia en el contexto del exilio.

Pero hablemos de otras cosas menos mezquinas que la vida cotidiana en el albergue. El descubrimiento de algunos de los tesoros que contiene Paris que es, para decirlo con la formula empleada por los turistas del mundo que la visitan, una ciudad maravillosa, llena de historia, de barrios interesantes por su arquitectura o por su vida social, de patrimonios históricos antiguos y mas recientes, de sorpresas múltiples…Hay que vivir allí mucho tiempo para conocerla verdaderamente y para vivir a gusto y con placer. Fuera de los sitios obligados como el Louvre, el château de Versailles, la catedral de Nôtre Dame de Paris, el Panteón y por cierto la torre Eiffel, yo me interesé en los dos meses que estuve en Paris en visitar también las casas donde vivieron, generalmente transformadas en museos personales, algunos personaje notables de la literatura o de las artes como Balzac, Víctor Hugo, Vincent Van Gogh y otros. En dos ocasiones visité el cementerio Père Lachèse para inclinarme ante la tumba de algunos personajes que me eran caros y también para instalarme allí por un momento y experimentar ese sentimiento indecible de tranquilidad y de trascendencia que allí se respira.

Sin pertenecer a ningún partido político y sin ninguna representación, yo como exilado no interesaba a nadie en la izquierda francesa. Como disidente del MIR fui, sin embargo, contactado por miembros de la Organización Comunista Internacional (OCI), partido marxista de extrema izquierda que reivindicaba una filiación directa con Trotsky, el gran revolucionario ruso, animador de una corriente política marxista opuesta al estalinismo durante su estancia en Paris, antes de su exilio en México. Su líder en Francia era Pierre Lambert (su verdadero nombre era Pierre Boussel) quien había trabajado políticamente con Trotsky en los años 40 y 50 . En 1974, cuando los exilados chilenos llegamos a Paris, la OCI tenia secciones grupusculares en varios países, en Chile había numerosos militantes trotskistas pero la sección chilena del lambertismo no existía. De manera que en las disidencias chilenas ellos veían llegada talvez la ocasión de fundar la antena chilena de la OCI.

En tres ocasiones tuve conversaciones con Pierre Lambert, una en su departamento y otra en la OCDE, en Paris, y algunos meses mas tarde vino especialmente a Toulouse donde yo resido para discutir sobre la experiencia de la Unidad Popular y las perspectivas del MIR bajo la dictadura  y en un periodo post dictadura. Como otros disidentes del MIR, entre ellos Sergio Zorrilla, ex miembro de la dirección nacional, habían también tomado contacto por otros canales con la OCI el entonces Secretario Nacional de la organización, Stéphane Just, decidió invitarnos a una discusión formal con su Comité Central. La reunión sirvió para que Just nos haga una presentación histórica del desarrollo de la corriente trotskista que representaba la IV Internacional y para hacer referencias detalladas a los progresos o rupturas al interior de la organización, que habían ocurrido con ocasión de los diferentes Congresos de la organización. En suma, una larga disertación sobre la cocina interna de la corriente disidente que se pretendía heredera de la IV Internacional fundada por Trotsky en Francia en 1938, cuando la III Internacional manejada desde Moscú decidió expulsar los opositores a la línea moscovita. Luego nos ofreció la palabra para que opinemos.

Cada uno de nosotros, no me acuerdo si éramos cuatro o cinco, tomó la palabra. Yo me expresé diciendo que estaba sorprendido de la enorme contradicción que yo veía entre una historia interna riquísima y densa de una organización política como la descrita pero que a pesar de todo no había crecido en número de simpatizantes ni de militantes y seguía estagnada pese a los grandes movimientos sociales y políticos de gran envergadura que conocíamos de la historia reciente de la Francia. Yo tenia la impresión que la OCI, desde sus oficinas del Secretariado, en el centro de Paris, se conformaba con ver pasar a través de sus ventanas los desfiles radicalizados del movimiento obrero y las manifestaciones de estudiantes y del pueblo, principalmente las de mayo del 68, sin que ella asuma ningún rol importante. Esas manifestaciones no parecían tener ningún efecto sobre la propia evolución de la OCI pues seguía siendo, a pesar del paso de los años, una organización grupuscular. Los otros compañeros hicieron, por su parte, análisis descarnados tanto sobre la historia del movimiento obrero en occidente y el rol del trotskysmo allí, argumentaron que la rigidez de las definiciones de política revolucionaria impuestas por un pretendido purismo de las posiciones de Trotsky mostraba que la OCI se encerraba y se aislaba. Criticaron  la propensión de la OCI a continuar pensando que la buena línea política era la continuación de la practica del entrismo en los otros partidos, válida talvez en los años del estalinismo. El entrismo era una táctica cuyo objetivo consistía en llevar una existencia de topo al interior de los grandes partidos de izquierda, esperando el desbordamiento de los movimientos sociales llegando a su clímax, para la toma revolucionaria del poder, táctica esencialmente oportunista por cierto.

Nuestra conclusión fue que no había nada que hacer con la OCI y nos despedimos amablemente  diciendo que íbamos  a continuar pensando en todo lo discutido. Desarrollar nuestras propias ideas a partir de una reflexión rigurosa de lo acontecido en Chile era el camino que debíamos recorrer los disidentes de diversos partidos chilenos en Europa. De allí nació el “Correo Proletario”, cuyo primer numero se publicó una o dos semanas antes del golpe de Estado y cuyos números mensuales sucesivos se editaron en Londres, en Bruselas y en Paris. Los animadores principales de ese esfuerzo de reflexión fueron Luis Angel Fernandez, residente en Barcelona, y Jaime Riera, residente en Turín, Italia,. El nombre del diario fue objeto de discusión y Jaime Riera, periodista y redactor, se empeñó en agregar al titulo simple de “Correo” la palabra “Proletario”, mas vendible según él en el universo de la izquierda de la época. Hoy, por cierto, esa idea lo hace reír sin sonrojarse. Su circulación fue limitadísima pero nos iba a abrir contactos políticos con organizaciones minoritarias en Europa, y sus análisis iban a interesar también a sectores de los partidos mas representativos interesados en la América Latina y en Chile en particular.

Seguí manteniendo contacto con algunos otros exilados chilenos en los meses de enero y febrero de 1974. No pasaban muchos días sin tratar de vernos. Entre ellos mi amiga ME, de la cual he hablado en otra crónica. Ella fue albergada en Choisy-le-Roy, comuna casi en el lado opuesto de Paris con respecto a Bobigny. Me contó que su problema no era tanto no tener militancia en un partido de la izquierda chilena (había sido simpatizante del MIR y a ese titulo colaboró en diversas actividades delicadas) sino su imagen de joven rubia y de porte distinguido, pese a su talla mas bien pequeña. Cuando llegaba alguien de los organismos de la solidaridad, o de los partidos de izquierda francesa, para conversar o discutir, o para invitarlos a algún encuentro o comida el fin de semana, ella quedaba siempre aislada porque la imagen dominante entre los franceses era la del chileno de izquierda mas bien mestizo, con marcados rasgos mapuches. Los interlocutores mas buscados eran entonces ellos, los supuestos verdaderos exponentes de la verdad sobre Chile. Asi, mientras los otros partían ella se quedaba sola en el albergue.

Al partir a Montpellier yo dejé de verla por varios meses, y mucho mas tarde cunado íbamos a reanudar nuestra relación de amistad me iba a contar que un domingo, estando sola en el albergue, se presentó un grupo de militantes de la Liga Comunista, otra organización que se reivindicaba también de Trotsky. Unos eran intelectuales y otros científicos que trabajaban en la investigación biológica. Se pusieron a conversar con ella de la situación chilena y se interesaron por lo que contaba, simpatizaron con ella a nivel personal y con dos o tres de ellos se ligó de amistad duradera. Se encontró asi de repente frecuentando el ambiente intelectual y un poco diletante de la élite parisina, escapando al mismo tiempo al aislamiento político creado en el exilio. Con los años, sus amigos ligados a la biología y a la química, por sus descubrimientos se transformaron en notoriedades respetadas por el mundo científico pero siguieron manteniendo con ella lazos de verdadera amistad.

 

 


[1] Manera de rendir homenaje : “me saco el sombrero frente a ti” …

 

 

LA FRANCE ETERNELLE

Yo resido en Francia hace mas de treinta años es decir una gran parte de mi vida de adulto, y creo que la decisión de quedarme definitivamente en este país con mi primera familia fue una decisión feliz que me ha proporcionado una vida interesante e  innumerables satisfacciones independientemente de algunas tristezas ligadas a problemas de relaciones familiares después de la ruptura matrimonial con mi primera mujer. Creo que para los exilados chilenos, como a otros de diferentes nacionalidades, la adaptación al nuevo contexto social e institucional iba a estar favorecida por la posibilidad de las personas que llegaban de descubrir con mas o menos rapidez los resortes que hacen funcionar la trama de las relaciones sociales en este país y al mismo tiempo los modos del funcionamiento institucional. A esta problemática adaptativa tuvimos que enfrentarnos todos los exilados y para algunos fue mas fácil que para otros integrarse a la sociedad francesa. Un exilio donde abundaban familias y personas salidas de las diferentes estratos de la clase media chilena portaba ingredientes culturales que iban a actuar como freno a la integración rápida, el primero de los cuales la ineptitud de los hombres de esa época a asumir responsabilidades de tipo doméstico (machismo chileno) y también la ineptitud de la mayor parte de las mujeres a funcionar sin la “nana” de servicio, es decir sin la empleada doméstica.

En Francia, solamente las familias ricas y con hijos numerosos pueden darse ese lujo, lujo caro pues deben respetar cuidadosamente la legislación social y las disposiciones relativas al empleo. Muchas esposas soportaron mal el cambio lo que unido a las dificultades del empleo hizo que cayeran frecuentemente en depresión nerviosa oponiéndose, unas por desconocimiento mas que por falta de medios y otras por resistencia de principios, a recurrir a la ayuda de psicólogos o de psiquiatras especializados. Muchas familias se deshicieron por estas razones. Mi propia familia, compuesta de mis dos hijas y de un varón, se deshizo también en parte por la misma razón aunque no estoy seguro de que haya sido la causa principal. Es posible que haya tenido un rol importante el desconocimiento de esta problemática, a la cual los chilenos nos estábamos acostumbrados. El modo de vida que llevábamos con mi mujer en nuestro propio país me parece que facilitaba una cohabitación en una suerte de desconocimiento reciproco entre los cónyuges. Mi profesión de investigador de los problemas agrarios y campesinos me obligaban a pasar mucho tiempo sobre el terreno y mis ausencias del hogar eran frecuentes. A esto se agregaban mis actividades políticas que ocupaban fines de semana y días feriados, determinando que disponía de escaso tiempo para dedicarlo a mi familia. Mi mujer por su lado también trabajaba, en el Servicio Nacional de Salud, de manera que el peso de lo cotidiano y del funcionamiento de la casa reposaba en la empleada doméstica o en la “nana” como se dice ahora, la que además diariamente se ocupaba de los niños cuando éstos no estaban en la escuela En tales condiciones, confieso que nunca me di el tiempo como para profundizar sobre nosotros mismos, sobre nuestras propias personas, sobre nuestras motivaciones profundas, mi mujer tampoco, lo que a la larga y en condiciones nuevas y por momentos difíciles iban, por desgracia, a demostrarse que teníamos mas incompatibilidades que afinidades.

La imagen que yo tenia de la Francia la había construido a través de lecturas de sus intelectuales, de sus historiadores, de sus novelistas y me había asomado a algunos de sus filósofos y en general me merecían admiración y les tenia un gran respeto, pero había un “pero” para imaginar que yo podría viajar un día por allí : de los escasos films que había podido visualizar en esa época y comentar a veces con amigos yo debo reconocer que soportaba mas bien mal lo que sensibilizaba como una mezcla de elitismo, arrogancia y de exquisitez de que hacían gala los personajes principales que daban vida a la trama. Por extensión irrazonada yo me imaginaba una sociedad difícil para gente simple como yo, común y corriente. Al lado de eso había otro motivo que siempre me llevaba a pensar que la Francia no estaba hecha para mi: la fonética de su idioma escuchada en las películas y en las canciones, mas que la fonética personal de nuestra profesora de francés en el liceo, me sonaba como muy difícil de seguir, yo me consideraba alguien absolutamente negado para el sonido a tal punto que en mis estudios secundarios siempre fui un fracasado en la asignatura de música a causa de mis orejas, obteniendo un dos o un tres, como gran cosa, en mis certificados de una escala de uno a siete.

De modo que esas dos razones me hacían no pensar en la idea de visitar este país si un día se presentaba la oportunidad, y prefería pensar en cualquier otro, en particular me veía caminando por América Latina, ir a algún otro país de habla española a la búsqueda de algo mas que la atracción del país, algo que correspondiera a mis intereses profesionales. México me atraía mucho, país exuberante en su diversidad, en su colorido y complejidad nacional, dotado de un pueblo acogedor con los extranjeros un poco como yo veía a mi propio país, Chile. Me habia prendado de él en dos visitas cortas durante las cuales me sentí bien y como en tierra conocida, la diversidad y complejidad rural me atraían en particular. De manera que, para volver a la realidad que se imponía, debo decir que fue por pura casualidad que desembarqué como exilado político en Francia, mas precisamente porque simplemente a ultima hora hubo cambio de destino para mi. El Comité de solidaridad de cooperantes europeos que se ocupó de hacerme salir del país, como a varios otros ruralistas, decidió con razones que me parecieron relativamente válidas que yo no debía entrar en la embajada de Bélgica como estaba previsto sino que debia entrar en la de Francia, porque sabían que en ese país había profesores de Universidad que hacían la cooperación en Chile y entre ellos habia algunos que me conocían y pensaron que talvez podrían ayudarme en el exilio, así la Bélgica quedaba libre para recibir gentes que no tenían conexiones en Europa. No era cuestión de discutir esta decisión y heme aquí desembarcando en Paris el 23 de diciembre de 1973. 

Llegado a Paris no demoré mucho en darme cuenta que la realidad estaba bien lejos de mis a priori sobre la Francia y los franceses. Hay de todo en este viejo país, como en cualquier otro por lo demás, pero lo que seguramente mas me impresionó y me impresiona todavía  es que todos los franceses incluso los de enraizamiento reciente, de primera, segunda o tercera generación, de derecha o de izquierda, buenos o menos buenos, ilustrados o simple ciudadanos, ricos o pobres, todos se sienten orgullosos de pertenecer a este país y de asumir consecuentemente la identidad francesa. Es interesante constatar para explicar esto que en su larga historia la nación francesa se ha ido conformando, a partir de una base demográfica  minoritaria representada por las tribus de la población gala existentes a la época del imperio romano, principalmente de extranjeros venidos en distintos siglos y por diversos caminos y circunstancias de otros países europeos y de los continentes próximos de Africa y Cercano Oriente y que se han integrando paulatinamente con la población existente. Han asumido su condición de nacionales del país que los recibe así como su rol de ciudadanos y respetando sus valores y costumbres han contribuido a crear su riqueza, sus estructuras, sus normas, sus instituciones y sus imaginarios. La identidad francesa es entonces una creación imaginaria que no corresponde sino talvez en ínfima parte a ese “genio galo” del que algunos hacen mención. El genio francés, si tiene algún sentido o realidad, es en todo caso una construcción multicultural que viene de muy lejos de la misma manera que la identidad de la Francia.

Mi idea de volver a América Latina al salir de Chile para Europa, sea a México u a otro país posible, fue dejada en suspenso en los primeros meses de mi estadía en Francia a la espera de mejor “sentir” el país que me acogía. En Paris, lugar de mi desembarco en los dos meses de pasaje, obligado por las circunstancias, tuve la oportunidad de atisbar un poco algunas aristas de la sociedad principalmente su lado solidario que yo encontré muy impresionante, porque es algo que se cultiva y se organiza en torno a las causas que ellos consideran justas: con los derechos humanos, con la gente que sufre persecuciones, con la gente que está en la miseria o que tiene simple necesidad de apoyo por cualquier motivo. Existen Comités y Asociaciones permanentes pero también temporales en función de coyunturas, de temas y de intereses diversos.

En todo caso, mi idea era que tenia que salir de Paris a la busqueda de un poco de sol, la grisaille me deprimia el espiritu. De Paris iba a pasar a un pueblito cercano a Montpellier llamado Montarnaud donde fuimos acogidos algunos exilados. Con mi familia llegada a Francia en el mes de febrero, fuimos acogidos con simpatía y calor humano por Dominique Temple y su esposa, padres de una numerosa tribu infantil, poniendo a disposición nuestra, por un par de meses, su techo y su mesa bien aprovisionada de productos del terroir, es decir de la  producción de los campesinos locales. Esta casa no era una casa cualquiera pues era en realidad una antigua mansión señorial de la familia Temple perteneciente a la vieja burguesía montpelierana pero que había sido de cierto modo abandonada cuando la familia se trasladó del pueblo para vivir en Montpellier. Cuando Dominique rompió con su vida burguesa después de mayo 68 y abrazó la causa de la solidaridad con los pueblos oprimidos se volvió al pueblo  de Montarnaud con su familia y se instaló en la abandonada casa de los Temple y allí llevaba una vida bastante marginal pues había roto también con la sociedad de consumo y    se las arreglaba comprando el mínimo en el comercio formal. Su mujer mantenía una pequeña huerta en el parque de la mansión y Dominique ayudaba a cultivar la viña familiar y sobre todo salía a la caza del jabalí, ciervos y conejos, con lo cual proveía la olla de carne fresca y variada. Con él aprendí a faenar el jabalí y a preparar algunos platos deliciosos, entre ellos la daube o guiso al vino tinto (para macerar) las mejillas y otras presas extraídas de la cabeza del animal. Salía a la caza del jabalí por dos o tres días y durante ese tiempo vivía en la montaña, habiéndose preparado para dormir incluso entre los matorrales. A su regreso se veía bien que venia fatigado, con sueño y aire desgreñado ….

Había renunciado a su profesión de investigador en biología y se interesaba mucho en la filosofía, sobre todo aquélla que buscaba nuevas rutas para contrarrestar el capitalismo al margen o al lado del marxismo y había logrado una formación filosófica y antropológica sólida. Unos años antes había descubierto la obra de Stéphane Lupasco sobre la lógica de la contradicción y a partir de allí su interpretación de la reciprocidad antropológica como la matriz de una conciencia afectiva que estaría en el origen de la ética no cesará de ocuparlo. Estuvo en Paraguay, Perú y Bolivia, donde difundió sus ideas y practicó la solidaridad organizada con los grupos autóctonos. Vive todavía en Montarnaud con su esposa y con alguna de sus hijas.

Mientras yo estuve con él se interesó particularmente por lo ocurrido con la izquierda chilena, estaba bastante informado y me preguntaba muchas cosas para verificar la veracidad de ciertas informaciones sobre las cuales le surgían dudas e interrogaciones. Tuvimos largas conversaciones que para mi fueron enriquecedoras y me abrieron a nuevas problemáticas. Guardo por él una gran estima y por cierto mis reconocimientos sinceros por su apoyo en ese periodo difícil.

Quería hacer mas por los exilados chilenos y propuso la renovación de una pequeña casa anexa a la mansión principal que daba también a la calle pública y cuyo segundo piso podía transformarse en un pequeño departamento de tres piezas  disponible para los chilenos. Un maestro portugués especializado en el trabajo  del recubrimiento interior con yeso, se ofreció para realizar la renovación, tratando los muros de piedra, pero había que ayudarlo. De los otros chilenos que llegaron a Motpellier nadie se interesó, unos se opusieron diciendo que iban a trabajar para el interés del dueño de casa y otros se negaron con diversos pretextos ,de manera que me encontré yo sólo trabajando con el amigo portugués. Aprendí mucho del trabajo de renovación de esas casas construidas en piedra, que eran una novedad para mi. Luego de dejar secarse los muros, Dominique decidió ofrecerme habitar el departamento renovado, porque no había otros interesados. Con mi familia ibamos a pasar allí el último mes de nuestra estadía en Montarnaud. 

En Montarnaud aprendi también a conocer como era la vida de pueblo, de esos franceses los pueblos de la llamada “Francia profunda” ligados a la vida rural y campesina portadores todavía de las tradiciones de otro siglo. Había todavía varios campesinos que vivían en particular de la viña produciendo un vino bastante áspero para nuestro paladar chileno pero que era ofrecido al extranjero con tal simpatía y orgullo que lo hacia aceptable. Tuve con ellos una relación fácil y simpática rociada con algunas copas de vino local, todo ello superando con buena voluntad de una parte y de otra los problemas de un manejo elemental del idioma. Mi profesión de ruralista facilitaba el contacto pues me interesaba por los cultivos y todo lo que rodea la vida del campo. De la misma manera fuimos aceptados con simpatía por el comerciante y los artesanos del pueblo. Mis hijas y mi hijo fueron a la escuela primaria del lugar y después de algunas confrontaciones con los reflejos racistas de algunos niños –reflejos antiespañoles - en tres meses ya hablaban francés, cierto, después de un periodo naturalmente difícil.

Mientras residía en Montarnaud recibí la visita de colegas geógrafos de la Universidad de Montpellier que colaboraban con Bernard Kaiser, eminente geógrafo y director del Instituto de Geografía “Daniel Faucher” de la Universidad de Toulouse-Le Mirail. Habían sido advertidos que yo me encontraba temporalmente en la zona y querían saber cual era mi situación para transmitir noticias a Toulouse. Con Bernard Kaiser había yo tenido una entrevista en Paris, habíamos conversado de mi historia personal y profesional en Chile y en Cuba  y del estado de la geografía en Chile y otros países y se interesó con entusiasmo en la posibilidad de incorporarme a su equipo de ruralistas que llevaba a cabo investigaciones en el Languedoc, en el sud-oeste francés y también en la Cataluña, en España. El problema era que no podía concretizar nada antes del mes de septiembre, mes de la rentrée o inicio del año escolar, cuando aquí empieza también el año universitario y se deciden las contrataciones para los puestos disponibles, pero mientras tanto había que sobrevivir. Bernard Kaiser había discutido con sus colegas geógrafos y habían decidido emplear el cupo que tenia su Instituto para hacerme concursar a la contratación de un puesto de Maître de Conférences Associé con una duración de tres años.

Los colegas de Montpellier le dijeron seguramente que yo atravesaba dificultades económicas mas que serias y que vivía con mi familia de manera mas bien precaria y Bernard Kaiser entonces se puso a la búsqueda de algunas horas universitarias que podrían ser cedidas en un año académico ya bien entrado, para que yo pueda tener algún salario y venir a instalarme en Toulouse con mi familia. Ésta, entre tiempos había llegado a Francia y yo viajé a Paris para recibirla y luego viajamos todos  a la región de Montpellier con destino a Montarnaud, pueblo donde Gonzalo Puga un amigo y compañero muy querido había organizado nuestra recepción con amigos locales.

Bernard encontró muy buena acogida entre los colegas del Departamento de Español entre los cuales estaban algunos especialistas de la literatura latinoamericana los cuales se ofrecieron solidariamente y con entusiasmo a liberar algunas horas de sus cursos respectivos para dejármelas a mi. Yo me entrevisté con algunos de ellos, con George Baudot (gran mexicanista), Maurice Fraysse (especialista de la literatura chilena), Bartolomé Bennassar (gran especialista de la historia de España) y Jean Andreu (especialista de la literatura argentina) quienes insistieron en que si bien yo no era literario yo podía situar los contextos en que se desarrollaba la literatura en Chile y tratar uno o dos autores chilenos conocidos, entre los cuales el infaltable poeta Pablo Neruda, el cual debía de todas maneras ser estudiado. Terminaron por convencerme y yo les dije que trataría de hacerlo lo mejor posible, pero en mi fuero interno me quedé seriamente preocupado por el esfuerzo que me iba a significar realizar esa tarea honorablemente, como para corresponder a la confianza de los colegas.

Por suerte, el año universitario estaba avanzado y no quedaban sino dos meses de actividad, antes de lo exámenes. Debo decir que los estudiantes, todos muy interesados en América Latina fueron muy colaboradores y yo pude llevar a cabo mi tarea relativamente bien, en el idioma castellano por cierto. El problema mayor fue tratar de nuestro gran poeta Neruda. Por cierto yo conocía su poesía y a veces recitaba de memoria algunos poemas de los “Versos del Capitán” o del “Canto General”, pero lo había conocido en los años de mi militancia en el PC y muy luego me había formado una opinión muy negativa de las relaciones que el poeta guardaba con el Partido Comunista, independientemente de su sensibilidad social y del hecho de que una buena parte de su producción poética tenia como sujeto central al pueblo (en particular el “Canto General”). Como la publicidad en torno al personaje, tanto en el mundo como en Francia, favorecía la confusión entre los roles poéticos y políticos, me sentí obligado de abordar el tema de eso que yo consideraba como una suerte de “complicidad malsana” que se había establecido entre el poeta y el Comité Central del Partido Comunista, complicidad de la cual a mi juicio ambos sacaban provecho y que iba a durar algo así como treinta o cuarenta años sin interrupción.

El empleo de la maquinaria editorial del Partido para promover al poeta (independientemente de sus propios méritos) y hacerlo traducir a múltiples idiomas sirvió para hacerle sombra considerable a otros grandes poetas como Pablo de Rhoka, Vicente García-Huidobro e incluso Nicanor Parra, que tenían serios problemas para editar y hacerse reconocer. De su lado el Partido Comunista se beneficiaba de la aureola Nóbel del poeta poniéndolo por delante en los momentos de dificultad política cuando en ausencia de personalidad creíble para las elecciones presidenciales de 1969 lo designa precandidato presidencial. Ahora bien, Neruda era una completa nulidad en la política y asumía el papel que el Partido le pedía que asumiera sin comentario critico alguno, como quien diría siguiendo la “voz del amo”.

Tratando, al lado del poeta Pablo Neruda, a esos otros grandes autores chilenos no solamente me ofrecí una satisfacción personal sino que contribuí a abrirles mas allá de Neruda el panorama literario chileno de la época a los estudiantes ávidos de saber.

Gracias al gesto de los colegas literarios tuve derecho al pago de  vacaciones y aproveché para con mi familia conocer algunos lugares de la región de Toulouse y en septiembre recibí la buena noticia de que la Comisión Nacional me había otorgado el puesto de Maître de Conférences por tres años, de manera que mis actividades universitarias iban a comenzar en octubre. Fui acogido con extraordinaria simpatía por los miembros del Instituto de Geografía y entre ellos los geógrafos ruralistas quienes me invitaron rápidamente a unirme a sus proyectos de investigación. Debo decir que en Francia la enseñanza universitaria está estrechamente ligada a la investigación y que desde los ayudantes hasta los Profesores publican artículos y comentarios (o comptes-rendus) o libros, salidos de sus actividades de investigación y de encuestas, durante cada año universitario. Es una tradición que salvaguarda el prestigio de la institución y la calidad intelectual de los profesores reclutados para los puestos disponibles.

Mis actividades de terreno y las discusiones con el equipo de ruralistas compuesto de diferentes especialidades (geógrafos, sociólogos, economistas) fueron para mi de una extraordinaria riqueza e importancia además de la amistad que hice con algunas de sus componentes. Al menos a dos títulos esas experiencias a lo largo de tres años fueron decisivas para mi.

En primer lugar, porque tuve con ellos la oportunidad de conocer y de adentrarme en la sociedad rural del sud-oeste francés (departamentos del Gers y de las Landes) y también de la región de la Charente- Maritime, en la vertiente Atlántica del centro  del país. No solamente realizamos encuestas a los productores familiares (campesinos) sino también a los diversos actores de la agricultura local y conocí mucha gente, su modo de vida y por cierto me di cuenta del funcionamiento de los pueblos y pequeñas ciudades. En esas investigaciones hice muchos descubrimientos: la cultura gastronómica de la región centrada en los productos de la crianza del pato Barbarie principalmente el confit, el foie-gras y el magret. El foie- gras como se sabe es el orgullo de la mesa francesa, un equivalente del renombrado caviar ruso, y me quedé sorprendido de haber encontrado todo eso casi a mi llegada a Francia. Encontré que era una maravilla que la cultura del pato de Barbarie, que es la raza americana del pato quairina muschata, que se engrasa para obtener tales productos la haya encontrado así, de repente, cuando empezaba apenas mis encuestas en la capital misma del foie-gras, la llamada región de La Chalosse. En el Gers descubrí de la misma manera las producciones del cognac francés y del otro alcohol menos conocido en el mundo, pero tal vez mas rico al paladar y del mismo grado alcohólico mas o menos que es el armagnac, la capital de éste es la pequeña ciudad de Vic-Fezensac, mientras que el cognac tiene su capital en la ciudad del mismo nombre. A estos descubrimientos se agregó la constatación satisfactoria de que yo podía comunicarme de manera relativamente fácil, mas fácil de lo imaginado, con los franceses del campo y de la ciudad. Creo que en todo esto se pueden encontrar las razones por las cuales yo me decidí a residir en Francia abandonando mi idea de instalarme en México u otro país de América Latina.

Así, cuando gente amiga me pregunta porqué razones yo decidí radicarme en Francia están casi siempre esperando una respuesta de estilo mas o menos banal : por la ciudad maravillosa que es Paris o por su riqueza artística, o por su cultura humanista, etc. y cuando yo digo que fue por el foie gras o el confit de pato y mas generalmente por la riqueza de su gastronomía se quedan muy sorprendidos porque una postura de este tipo conviene muchos mas, y es comprensible, a los especialistas de la cocina y mas generalmente a los especialistas de la gastronomía. Los colegas ruralistas me habían hecho descubrir otra cosa esencial de la vida francesa que iba enriquecer mis conocimientos sobre la sociedad mas allá de mis lecturas de juventud (Alexandre Dumas, Balzac, Mauriac, Proust, Maupassant)  mas allá de las imágenes que tenia grabadas en mi mente de los grandes teatristas como Barrault, VIlar y Marcel Marceau, y también mas allá de Godard y otros cineastas de la nouvelle vague…

En segundo lugar, con los ruralistas comencé el aprendizaje de la comunicación entre las diferentes disciplinas universitarias. Yo venia de un medio chileno de la geografía que vivía encerrada en si misma y creo que ello era debido a la búsqueda de seguridad para la existencia misma de la disciplina , que buscaba sobrevivir en el aula universitaria. La geografía siempre ha tenido problemas existenciales con su condición de ciencia invasora de espacios que son cultivados por otros especialistas, sin valorar suficientemente que es la posibilidad de iluminar de otra manera el sujeto/objeto en observación lo que define y legitima su intrusión en otros campos. La geografía chilena durante mucho tiempo vivió en esta especie de inseguridad, desprovista de voluntad para afirmar su propia identidad y eso explicaba su encierro. El trabajo conjunto con sociólogos, con economistas y forestales al interior del equipo de ruralistas de Toulouse me abrió las puertas a las modalidades variables de un trabajo de tipo interdisciplinario. Una adquisición que iba a servirme de faro a lo largo de toda mi experiencia profesional posterior.

En mi último año como beneficiario del estatuto de profesor Asociado a la Universidad de Toulouse-Le Mirail me di tiempo también para redactar una tesis de doctorado con la perspectiva de concursar mi entrada al Centro Nacional de la Investigación Científica. Para toda esta empresa, Bernard Kaiser fue un soporte científico y moral extraordinario, de la misma manera que Romain Gaignard, geógrafo especialista de la Argentina, lo fue para los aspectos prácticos de corrección e impresión de la tesis. Traté el tema del desarrollo capitalista en la agricultura chilena en torno a la problemática de la reforma agraria. Fue un trabajo basado en una masa de documentos algunos venidos de Chile y otros obtenidos en Europa. Obligado a acelerar su escritura no tuve tiempo evidentemente de acceder a uno de los estudios importantes publicados en Estados Unidos justo un año antes de terminar mi propio trabajo, me refiero el libro de Brian Loveman (1976)[1] que aportaba nuevos elementos en cuanto a las relaciones de trabajo en el periodo anterior a la reforma agraria. La tesis fue aprobada por un jurado especializado venido de diferentes Universidades el cual encontró que era un aporte a las interpretaciones que circulaban en Francia sobre la evolución agraria chilena y e sugirió su publicación por el CNRS. Entre los miembros del jurado estaba mi antiguo profesor de Geomorfología en Santiago, geógrafo de gran calidad, Jean Borde profesor de la Universidad de Burdeos, con el cual yo no había tenido buenas relaciones en Chile a pesar de mis altas notas en su curso, en parte por razones políticas y en parte porque su comportamiento demasiado “burgués” y elitista me molestaba. Se mostró sorprendido de mi trabajo y sus comentarios fueron entusiastas y muy favorables.

La soutenance de mi tesis tuvo una duración de casi cinco horas y fue un ejercicio duro a pesar de que yo me había preparado convenientemente. Sabia que iba a ser difícil pero había decidido jugar allí todas mis cartas pues de ello iba a depender mi entrada al CNRS. En realidad estaba nervioso e inquieto desde el día anterior pero tuve suerte de contar con la compañía de unos muy buenos amigos venidos de Burdeos para asistir precisamente al evento. Con ellos almorzamos y con Antonio Imbernón nos bebimos unos sendos vasos de whisky en preparación para mi “entrada al ruedo” al comienzo de la tarde. Se me había quitado la inquietud y el nerviosismo y cuando llegué al aula donde se iba a celebrar la ceremonia de defensa de la tesis me sentía en plena forma, el whisky me había hecho un efecto de maravilla…

Mi candidatura al CNRS fue aceptada y mi situación de empleo en Francia se consolidó, con la ventaja de que mi contratación formaba parte de un proyecto de creación de un Grupo de Estudios Latinoamericanos que iría a funcionar en la Universidad de Toulouse - Le Mirail y que una vez creado iba a tener una vida de mas de veinte años (GRAL). Con su director, el geógrafo y excelente amigo mexicanista Claude Bataillon, a quien había yo conocido ocasionalmente en Cuba en los años sesenta, participé en la  implementación de diversos y sucesivos programas de estudios interdisciplinarios en diversos países del continente latinoamericano. Esto suponía que mis actividades de investigación me iban a llevar a realizar misiones frecuentes en  América Latina y efectivamente a partir de entonces mi vida transcurrió entre los dos continentes. Este equilibrio profesional, si yo puedo llamarlo así, fue para mi como un regalo caído del cielo pues me permitía vivir en Francia y trabajar una buena parte del tiempo en países que yo acariciaba recorrer y en los cuales me sentía como en mi propio país de origen. Desapareció por lo mismo de mi espíritu la sensación del desarraigo y muy rápidamente fue desapareciendo la nostalgia del país lejano, de ese Chile que sigo llevando sin embargo en mi corazón y en mi espíritu, comencé a sentir que ya no tenia necesidad de regresar forzosamente a verlo y a tocarlo pues tenia desde Francia acceso a nuevos desafíos y también a muchas satisfacciones en países con pueblos que con su energía de vida, con sus pulsaciones muchas veces irracionales, con su alegría de vivir incluso en su pobreza me atraían enormemente.

 


[1] Loveman, Brian (1976) Struggle in the countryside: politics and rural labor in Chile 1919-1973. Indiana University Press.

 

 

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